¿CÓMO MANTENER LA CORDURA DENTRO DE LA LOCURA?

Quiero comenzar con unas palabras que aparecen en 2 Corintios 4,8-9 …“que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos”.

Los seres humanos transitamos el sendero de la vida teniendo que enfrentar pérdidas, crisis, renuncias, separaciones. Las adversidades forman parte del vivir y son una constante inevitable y al mismo tiempo necesarias, ellas nos permiten crecer, madurar, aprender, desapegarnos, deshacer lazos y soltar amarras para emprender otros derroteros.

Para muchos el sendero de la vida, es un camino doloroso, un camino de lágrimas y de sufrimiento, porque al ir avanzando tenemos que dejar atrás seres queridos, vínculos apreciados, parte de nosotros mismos, dejar aquello que nunca tendremos o nunca seremos, y muchas veces, nos toca perder y aceptar nuestras pérdidas. Perder es doloroso, las pérdidas nos traen penas y sinsabores. Sin embargo, es a través y a causa de ellas, que nos convertimos en seres humanos más maduros y armónicos emocionalmente. fear-615989_1280

Somos lo que somos y nos conducimos como lo hacemos, según la manera en que hemos enfrentado las experiencias dolorosas, de crisis, de pérdidas o de renuncias. Ellas nos permiten comprender nuestra actitud ante la vida. Es necesario que pensemos acerca de la actitud que asumimos frente a las dificultades de la vida, pues de ella depende lo que se conoce en psicología como RESILIENCIA, una persona resiliente es aquella que ha pasado por experiencias y situaciones excepcionalmente difíciles y las han asumido y enfrentado, es decir, es capaz de hacerle frente a las más diversas adversidades que le pone la vida por delante.

Los momentos en los cuales afrontamos una adversidad, crisis, dificultad, una pérdida o un revés, constituyen oportunidades para probar de qué material emocional, psicológico y espiritual estamos hechos, para probar qué es lo que nos sostiene de pie en la vida.

La manera como experimentamos la realidad no es la misma de un día para otro, cambia rápidamente y debemos entonces diseñar y plantear nuevas estrategia de adaptación porque surgen nuevas exigencias y nuevas discrepancias, y en esta intensa dinámica, es puesta continuamente en juego nuestro bienestar, respondemos a esa dinámica o bien sincronizándonos con la complejidad de lo nuevo y abriéndonos a sus desafíos o des-sincronizándonos respecto a esta y permanecer prisioneros en antiguos modos de sentir y actuar que no se han puesto al día con las exigencias del presente.

Cuando cerramos la puerta a la realidad que está sucediendo, quedamos paralizados y anquilosados en un anticuado esquema de sentir y de ver el mundo, quedamos inhabilitados o incapacitados para orientarnos y actuar con plena responsabilidad.  “El estado de crisis” es la condición constante de la existencia humana y esta condición nos obliga a “crearnos”, “reinventarnos”, porque nuestra existencia es una perenne “adaptación creativa” a una realidad siempre mutante, crítica y cambiante.

Cada día somos llamados y demandados a crearnos en medio de las crisis, desafíos y adversidades. Cuando nos encontramos en medio de ellas, experimentamos de inmediato sus frustrantes consecuencias, muchas veces viviéndolas y percibiéndolas como una expresión del mal, como algo maléfico y otras veces, como oportunidades. Estas vivencias y significado se corresponden a la relación que tenemos entre la biografía, historia, experiencia, aprendizaje y recursos que nos constituyen y la percepción y dinámica que establecemos con la realidad que estamos llamando “crisis”.

Nuestra supervivencia particular, nuestra capacidad de afrontar eventos críticos y encontrar soluciones creativas a estas, dependen de un complejo mecanismo de coordinaciones emocionales y afectivas que permitan la articulación constructiva de intereses recíprocos y comunes; a través de la interdependencia y coordinación con otros. Toda crisis nos invita a redescubrir la relación con el otro como un recurso inagotable de creatividad adaptativa. Sólo permaneciendo en la trama vital de la interdependencia, podemos construir factores protectores frente al sufrimiento.

Todos sufrimos. Sin embargo, este sufrimiento es individual, personal y permanece invisible ante los ojos de los otros, no mostramos nuestras heridas a los demás. Las tragedias masivas, los tiempos de guerra, calamidades, desastres naturales, crisis colectivas, son situaciones que nos obligan a dejar nuestras máscaras y entonces, compartimos nuestro dolor y sufrimiento para poder desarrollar estrategias de afrontamiento que nos permitan, no sólo enfrentar positivamente nuevas adversidades, sino, incluso, apoyar a otros que estén pasando por situaciones similares.

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Ahora, ¿hasta qué punto manejamos ciertas crisis, rupturas, fracasos, pérdidas, como paso hacia un nuevo mundo, a una forma de ser nueva, a esa creatividad necesaria para nuestra supervivencia? Si vivimos angustiados por nuestro pasado y por nuestro futuro, es indudable que la existencia será caótica, infernal. Nada en la vida es eterno, aunque así lo parezca cuando interpretamos nuestra realidad y todo cambio nos genera temor y resistencia. Saber adaptarse a los cambios es un símbolo de vida, dado que ésta siempre implica transformación.

Es vital que cada día cambiemos, mutemos hacia nuevos seres, para no quedarnos estáticos, rígidos. Lo más parecido a la rigidez es la muerte. Es necesario soltar ataduras que nos estancan para tener la entereza de buscar nuevos horizontes en nuestra vida. Es importante tener confianza, superar los miedos y dudas y hacerle frente a las dificultades con coraje inquebrantable.

Muchos de nosotros tal vez quisiéramos que no se presentara el caos, dificultades, retos o cambios abruptos y repentinos en nuestra vida, pero eso sería permanecer muertos ante una gama variada de posibilidades, oportunidades y aprendizajes. La adversidad es un llamado de atención para que reflexionemos y revisemos nuestro interior, con el fin de comprender que podemos crecer como seres humanos y ser transformados, si aprovechamos la oportunidad de cambio que nos dan las experiencias que significamos como negativas.

No muramos frente a las adversidades, al contrario, optemos por vivir independientemente de las dificultades que nos toque vivir y que nos rodean en un  momento dado.  Ellas son una excusa que nos presenta la vida para que veamos con otro prisma las circunstancias. Los obstáculos están puestos en medio de nuestra vida para que asumamos, de manera diferente, la forma como la afrontamos y de cómo visualizamos el presente y el futuro. El problema no son las adversidades que encontramos en el camino, es nuestra actitud ante las misma lo que hace la diferencia. El sentido que le demos nos permitirá renacer en medio de las dificultades y remontarnos sobre ellas.

Ahora bien, ¿cómo conservar la cordura dentro de la locura que implican las crisis, cambios, tragedias, rupturas, separaciones, muertes, pérdidas? En primer lugar, aprender a asumir los cambios y las crisis. Esto implica aceptar positivamente los desafíos. Una adversidad es un desafío disfrazado, nos invita a dar lo mejor, a explorar qué potencial tenemos y a descubrir en nosotros nuevas capacidades y a comprender la dinámica crisis-oportunidad. Toda crisis genera cambio pero es nuestra responsabilidad darle dirección como una oportunidad para mejorar.

Otro aspecto resiliente que debemos aprender es a desarrollar la capacidad de hacer de todo proceso, un proceso dinámico y evolutivo, es decir, un proceso que nos permita crecer y generar diferencias. Ser resilientes es que hagamos uso de la capacidad de volver a la “normalidad” después de un evento adverso y poder proyectarnos a pesar de sufrir acontecimientos desestabilizadores.

Toda “locura” de estas que estamos hablando nos enseña varias cosas: 1) Aprender, cambiar y fortalecernos. Todo evento o suceso difícil debe aportarnos un cambio, es decir, tenemos que descubrir qué lecciones esconde o de qué manera nos permite cambiar como persona y aprender afrontar cualquier situación. 2) Cambios en nuestra relación con los demás. No podemos continuar siendo los mismos, ni relacionarnos de la misma manera. 3) Transformarnos en lo espiritual y en nuestra filosofía de vida. Una vida basada más en el ser que en el tener.

Hay ocho elementos que aportaron los psicólogos Lazarus y Forman que debemos tener en cuenta para que podamos volvernos resistentes y afrontar las adversidades y crisis:

  1. Confrontar: hacer intentos de solucionar directamente la situación mediante acciones agresivas o potencialmente arriesgadas.
  2. Planificación y desarrollo de estrategias para solucionar los problemas que se tienen por delante.
  3. Tomar distancia: apartarse del problema para verlo desde una perspectiva diferente.
  4. Autocontrol: dominar los miedos y las respuestas emocionales para evitar cometer errores frente a las dificultades.
  5. Aceptar la responsabilidad: aprender a reconocer el papel que se ha tenido en el origen o permanencia del problema.
  6. Escape: emplear un pensamiento irreal para enfrentar el problema.
  7. Reevaluación positiva: percibir los posibles aspectos positivos que tenga la situación.
  8. Búsqueda de apoyo social: buscar la ayuda de otras personas, compartir con otros.

Cuatro actitudes que debemos desarrollar y que mejorarán nuestra resiliencia frente a las situaciones y eventos inesperados:

  1. Recordar, de manera selectiva, los aspectos positivos. En los momentos difíciles tenemos que ser capaces de recordar, que en anteriores oportunidades tuvimos situaciones críticas que pudimos superar.
  2. Trabajar en nosotros la aceptación de la incertidumbre e impredecibilidad de la vida. No podemos tener bajo control todos los aspectos de la vida.
  3. Comparar lo que nos ocurre con respecto a lo que les pasa a otras personas, pues existen personas que tal vez estén pasando por circunstancias más difíciles y tal vez las están enfrentando de una manera positiva.
  4. Reconocer que somos supervivientes, es decir, que somos personas que hemos salido reforzadas de las experiencias traumáticas o difíciles y tenemos más armas y recursos para enfrentar las nuevas situaciones difíciles que se nos puedan presentar.

La invitación que he querido hacer en este artículo es que reconozcamos que es inevitable la aparición de las crisis, retos, desafíos, dolor, sufrimiento, adversidades; lo que si es evitable es que se queden siendo parte de nuestra existencia. Mirar la vida desde una perspectiva amplia nos ayuda a sufrir menos, a que no caigamos en la “desesperanza aprendida”. Es tener una mirada desde las posibilidades y no de las carencias, es el resurgir de nuestras cenizas como el Ave Fénix.

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“El dolor es el gran maestro de los hombres”. Anatole France

SIBONEY PÉREZ V.

 

 

 

 

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