DESCUBRIENDO LA MISIÓN PERSONAL Y EL SENTIDO DE NUESTRA EXISTENCIA III

Continuando la serie de este tema sobre descubrir nuestra misión personal y el sentido de la existencia, tengo que decir que son realidades futuras que se diseñan en el presente. Sin embargo, para que sea posible esa visión, ese camino, es indispensable que tengamos desapegos, que dejemos ir al pasado, cerremos ciclos y digamos adiós. Todo principio implica un final.

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Terminar, soltar, dejar ir, es necesario sino queremos permanecer estancados, aferrados o prisioneros de realidades estériles. Los nuevos inicios y comienzos exigen que nos separemos del pasado, para que nuestros planes o proyectos no queden paralizados. Es enterrar lo que ya pasó, renunciar a lo viejo para que pueda nacer el deseo de mejorar, crecer, profundizar en las respuestas a la pregunta de ¿quiénes somos? Y prepararnos para realizar nuestro proyecto de vida.

Para que podamos superar pérdidas, dolores y sufrimientos, es necesario que tomemos conciencia de su presencia, darles entidad y atravesarlos, aunque quemen. La vida es una sucesión de renuncias y de pérdidas desde el momento que abrimos los ojos a este mundo.

Cada etapa de nuestra vida, de nuestro crecimiento como seres humanos, implica una separación, es ley natural, de vida. Para que haya vida, tiene que haber muerte. El árbol se desprende de sus hojas muertas para que nazcan otras; en nuestro ritmo de vida, la respiración, hay retención y expulsión. Liberamos aire para que pueda entrar nuevo aire.

Por lo tanto, para poder darle cabida a tu misión, hay que desprenderse y hasta deslastrarse del pasado. Cualquier transición de nuestra vida requiere renuncias, unas más grandes, dolorosas o difíciles que otras, pero renuncias al fin y al cabo.

Quiero recurrir para explicar muy bien este punto, al proceso de transformación y de renovación tanto de la mariposa, que para volar debe pasar, previamente, por el doloroso proceso de ser oruga, y del águila, que a cierta edad, tiene que tomar una seria y difícil decisión. A los 40 años sus uñas curvas y flexibles son tan largas que no consiguen agarrar a las presas de las cuales se alimenta, su pico alargado y puntiagudo comienza a curvarse apuntando contra el pecho peligrosamente y sus alas, envejecidas y pesadas por las gruesas plumas, hacen que volar sea una tarea muy difícil y complicada.

Cuando el momento llega, el águila vuela hacia lo alto de una montaña y se refugia en un nido próximo a una pared, donde no necesite volar. Entonces, comienza a golpear su pico contra la pared hasta conseguir arrancarlo; una vez arrancado, tiene que esperar a que nazca uno nuevo con el cual, después, tendrá que arrancar sus viejas uñas.

Cuando las nuevas uñas comienzan a nacer, será el momento para desprenderse de sus viejas plumas arrancándoselas con su nuevo pico. Después de cinco meses muy duros y dolorosos, donde vuelve a tener un pico fuerte y joven, plumas brillantes y sedosas y uñas útiles, el águila sale victoriosa ejecutando su vuelo de renovación y a partir de entonces dispondrá de 30 años más de vida, los años más gloriosos.

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Nosotros somos como esa águila. A lo largo de nuestra vida nos suceden situaciones similares, o tomamos decisiones importantes en y para nuestra vida o morimos en el intento y por tanto nos quedamos paralizados, a la deriva, dejándonos llevar por las circunstancias de la vida.

Debemos desprendernos de miedos, costumbres, tradiciones y recuerdos que nos causan dolor. Solamente libres de la carga del pasado podremos aprovechar el valioso resultado que una renovación siempre trae consigo. Nosotros podemos desplegar nuestras alas y liberarnos de todo aquello que no nos sirve para que podamos avanzar y evolucionar. Es nuestra decisión si queremos renovarnos o morir.

Es verdad que tenemos miedo a lo desconocido, a arriesgar nuestra zona de comodidad. Pero te pregunto ¿vale la pena silenciar, reprimir, destruir tus sueños más anhelados por conservar tu seguridad?, ¿atormentar tu alma y tu corazón por mantener excusas o creencias de una vida cómoda y feliz?, ¿estarías dispuesto a renunciar a todo por un sueño en donde no hay la certeza de que se haga realidad? O ¿la sola idea, solo la idea, de renunciar y dejar lo conocido, te paraliza?

Cuando la vida pierde su sentido, se manifiesta en síntomas de melancolía, cambios de ánimo, aburrimiento, depresión, pesimismo. Hay una sensación generalizada de fastidio con la existencia, con la vida. Se sienten afligidas, descontentas, vacías.

Víktor Frankl habla de frustración o neurosis existencial. Hay la ausencia de una razón para vivir, no hay pasión, solo depresión y sentimientos de desesperanza, todo el mundo es de color negro, sombrío, sin emoción. Languideciendo poco a poco su llama de vida.

Hay momentos en que parece que ya hemos dado todo lo que teníamos. Pareciera como si hubiéramos agotado nuestras fuerzas, energías, ilusiones, sueños y que ya no tenemos nada más que aportar. Nuestra vida suele verse gris y envejecida. Nos encontramos entonces en una encrucijada, en un dilema existencial. O nos transformamos como las águilas o estaremos condenados a morir.

Vivir sin sentido, con amargura, pensando en que estamos desperdiciando nuestra existencia, es un poco como ir muriendo internamente. Los seres humanos estamos diseñados para renovarnos constantemente, capitalizando y reinvirtiendo las experiencias de la vida, buenas o malas.

La transformación simbolizada en este proceso que lleva el águila, representa un estado de gracia que se alcanza mediante el trabajo, la comprensión y el cumplimiento de las pruebas de iniciación que resultan de recuperar nuestro poder personal. Este proceso exige, que hagamos un alto en el camino, que nos resguardemos por algún tiempo. Volar hacia lo alto y comenzar un proceso de renovación.

Cuando comprendemos que es tiempo de cambiar y mejorar para poder experimentar la vida en su máxima plenitud, tenemos que entender que es un proceso largo, complicado y doloroso por el que tenemos que pasar, podemos tal vez tener ganas de rendirnos, pero no es momento de darnos por vencidos.

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Para iniciar una transformación de vida que nos de ese sentido de misión y de existencia, debemos desearla y buscar aquello que nos motiva a ser mejores para generar un cambio real en nosotros, cambio que debe ser interno, para lo cual es necesario identificar aquellos obstáculos que no nos permiten avanzar y luego de identificar aquello que queremos cambiar, debemos actuar para resolverlo.

Como el águila, es necesario soltar, arrancar todo lo que no nos permite volar; soltar a lo que nos aferramos y sentimos apegos, malos sentimientos, malas historias. Vaciar nuestro ser de lo que nos hace daño para entonces poder llenarlo con lo positivo que merecemos, y así, vivir de manera plena y no sólo “sobrevivir”, como lo hacíamos antes.

Si crees o sientes que es hora de imprimirle un nuevo diseño o modelado a tu vida, si sientes que tu existencia está en un letargo, si no tienes ilusión por el nuevo día, si quieres cambiar el rumbo de tu existencia para darle más luz, brillo y color, contéstate estas preguntas:

  • ¿Qué es lo que en verdad quiero renovar en mi vida para que adquiera sentido y encuentre mi misión?
  • ¿Para qué la quiero renovar?
  • ¿Qué precio estoy dispuesto a pagar?
  • ¿A qué comodidades renuncio?
  • ¿De qué me tengo que despojar?
  • ¿Qué necesito para lograrlo?
  • ¿En qué cambiará mi vida si logro la renovación, misión y significado que busco y quiero?

Termino con los fragmentos de un poema de Zaida C. de Ramón.

Si alguna vez intentara
elevarse y no pudiera,
es tiempo de renovar
todas sus plumas ya viejas.

A la Roca se dirige,
contra ella se quebranta,
voluntariamente sufre
pero sale renovada.

Si el mal tiempo se avecina
y le alcanza la tormenta,
No teme, no sale huyendo;
nunca jamás se amedrenta.

Esta es la oportunidad,
el momento que esperaba;
con voluntad y valor
se dispone a traspasarla.

No tarda en subir muy alto;
alcanzó lo que anhelaba:
que el huracán con su fuerza
a la cima le elevara.

“Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Pablo Neruda

SIBONEY PÉREZ V.

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