HIPOTECAS AFECTIVAS

Voy a tomarme la libertad de adentrarme un poco en el contexto del derecho mercantil, que no es mi especialidad, para extraer unos elementos y poder hacer un paralelismo con el mundo psicológico, que es donde me muevo, para transmitir la idea que da título a este artículo.

Según investigué, una hipoteca es un contrato mediante el cual se toma como garantía de un crédito, un bien. El bien permanece en manos del propietario mientras éste cumpla con sus obligaciones; en caso contrario, el acreedor o tenedor de la hipoteca, puede realizar la venta del bien para cobrar el dinero que prestó.

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El bien está en manos del deudor, pero si éste no satisface la deuda en el período de tiempo exigido, el acreedor puede comenzar las acciones legales necesarias para la obtención de su dinero.

También encontré que los tres aspectos más importantes de una hipoteca son: el capital, que es el dinero prestado por el acreedor y que suele ser menor al precio del inmueble para poder cubrirse en un posible remate; el interés, que indica el porcentaje extra que se debe pagar a la entidad que otorgó el préstamo y que puede ser fijo o variable; y finalmente, el plazo, que es el tiempo que comprende la devolución del capital.

Muy bien, con estos escasos aspectos, puedo sentar las bases de lo que quiero transmitir. Las relaciones interpersonales son una compleja interacción de necesidades y presiones. En nuestros espacios y contextos de relación y vinculación con otros, bien sean de índoles familiares, de pareja, de amistades, laborales, establecemos de manera explícita o implícita, contratos o hipotecas sobre los cuales basamos nuestras transacciones e intercambios afectivos, es decir, aquí el CAPITAL es todo lo que se aporta en la relación que hace que el vínculo crezca, se afiance y se pueda reinvertir para que permanezca.   Nos convertimos en “acreedores afectivos”. Cuando hay déficit de capital, se ve alterada la relación y nuestro bienestar emocional.

Ese capital afectivo es algo que podemos crear o construir, emplear o no emplear de la misma forma que usamos otros bienes. En otras palabras, el afecto es un recurso a nuestra disposición, cuando sabemos invertir en él, con las personas adecuadas, o nos sentimos en la capacidad de asumir riesgos. Aquí entra un aspecto del balance costo/beneficio de ese vínculo o relación. La relación la consideramos justa y equitativa cuando lo que obtenemos lo percibimos y consideramos como proporcional a lo que hemos invertido en ella. Es una decisión personal si entregamos más de lo que recibimos, solo que hay que tener claridad en los motivos del porqué decidimos una u otra opción, si permanecer o abandonar.

chica-sonriendo-con-globos-mientras-su-novio-la-lleva-en-su-espalda_23-2147595934¿Cuáles son los aspectos que componen este capital afectivo? Son varios, entre ellos, la motivación, la comunicación, el compromiso, las experiencias previas, los incentivos y recompensas, percepción de futuro a largo plazo, expectativas y visiones conjuntas, creencias, valores, apertura y disposición al cambio, disponibilidad, intereses compartidos, la confianza, fidelidad, lealtad, reciprocidad, compatibilidad, confidencialidad, demostración de afecto, resolución de conflictos.

Todos o algunos de ellos, serán mezclados dependiendo de la naturaleza de la relación que se quiera establecer y mantener en el tiempo. Y aquí entra el otro elemento que constituye una hipoteca, el INTERÉS, conformado por la importancia y valor que le otorgamos a la relación y vínculo a los fines de mantenerlo y conservarlo.  Si se tiene el mismo interés, más rica y valiosa será la relación para nosotros y el rango de beneficios objetivos y subjetivos que experimentaremos, será mucho mayor. Atendemos, cuidamos, protegemos y mimamos la relación porque nos importa y queremos que continúe por variadas y distintas razones, muchas de ellas, intangibles y no materiales.

Si aquilatamos esa relación, seremos cuidadosos y buscaremos más las compatibilidades de ese vínculo para que las expectativas mutuas, sean cumplidas y el compromiso que se adquiere con el otro, sea honrado. Cuando estos aspectos están presentes, ese porcentaje extra o interés que se obtiene por el uso de los recursos o capital es el bienestar físico, emocional y psicológico, que permite experimentar y disfrutar la vida con el otro, es decir, que mis intenciones las comparto con los otros para hacer cosas con o para ellos.

El interés, es una poderosa motivación interna puesto que nos conduce y nos lleva a obtener las cosas que deseamos. Una de las cosas que más deberíamos desear y consolidar es tener relaciones sanas, nutritivas y semejantes para que ese plus que se genere sea mayor. De lo contrario, el costo asociado puede ser muy grande y llevar al sufrimiento, al lado oscuro de la relación (celos, rabia, depresión, resentimiento).

¿Por qué duran o terminan las relaciones?, aquí me remito al tercer aspecto, el PLAZO, se basa más en la expectativa que se genera por sentir que somos retribuidos en las cosas que hemos entregado; si sentimos que es gratificante en cuanto a los beneficios, la relación la mantendremos y continuaremos. En otras palabras, si sentimos que somos recompensados por estar y participar del vínculo, nos inducirá a continuar con esa clase de acciones y el resultado es que mantenemos nuestra relación.

Estos vínculos se mantienen en el tiempo debido a dos factores primordiales: Estabilidad y satisfacción. 1) Estabilidad: Reconocemos y aceptamos la importancia y valor que la relación o vínculo tiene para nosotros y 2) satisfacción: por las gratificaciones que recibimos y que nos estimulan a repetir las acciones y conductas de reciprocidad que constituyen esa unión (felicidad, calidad de vida, integración, ausencia de sufrimiento, entre otras tantas). En otras palabras, sentir que tenemos una distribución equitativa de los premios y reforzadores.

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Lo importante a destacar en este sentido, es conocer cuáles son nuestros límites y la resistencia psicológica para manejar la relación cuando uno de estos factores no está presente. Saber perder y abandonar a tiempo antes que la deuda se acreciente. Sustento y crecimiento son necesarios para alimentar la relación.

Aquí entra en juego la historia de la relación para que tomemos la decisión, de si merece la pena su continuidad en el tiempo; la evaluación de si nos seguirá beneficiando, directa e indirectamente, y de no ser así, tomar las medidas necesarias que nos lleven a prevenir el colapso de cara a cualquier cosa que pudiera afectarla y hacer que naufrague o se conviertan en rupturas envenenadas y tóxicas.

Toda relación es vulnerable y susceptible de terminar, dado que son muchos los elementos que las pueden perturbar y que son nocivas para su permanencia, sin embargo, si son sólidas, fuertes y robustas, prevalecerán en el tiempo y hacerla provechosa en el largo plazo para ambas partes, en el sentido de resultados y efectos positivos. Las restricciones de tiempo son claras si necesitamos tener relaciones duraderas y permanentes con otras personas.

Si percibo y siento que mi capital (afecto) no es retribuido como espero (expectativas), la relación se modificará en su base de sustentación o estaré dispuesta a renunciar a un vínculo donde no hay provecho mutuo. Cuando esto sucede, podemos sentir que no podemos aspirar a tener una relación constante sobre la cual sea posible fundamentar la permanencia y tal vez, estemos en presencia de “estafadores emocionales” cuya oferta original fue engañosa, y como contraparte, nos convertimos en “deudores emocionales”.

La percepción de que el equilibrio costo/beneficio de nuestras relaciones no es equitativo, hace que entremos en crisis y podemos sentirnos explotados y, por ende, la naturaleza de relación cambia, se produce la transfiguración y muta a otra clase de unión. En las relaciones debe existir reciprocidad y más que haberla, debe experimentarse subjetivamente. Si no ocurre de esta manera, la relación se intoxica. Para obtener bienestar en nuestras relaciones, tiene que haber un rico, fértil y equilibrado intercambio entre el dar y el recibir.

De no ser de esta manera, sobrevienen las pérdidas o banca rota emocional”, que es cuando se agota una parte sustancial de los recursos que podría llevar a uno de los miembros a invertir en el cultivo de relaciones de intercambio intenso y sólido. A diferencia de esto, el “capital emocional” permite que desarrollemos activamente relaciones suficientemente ricas para permanecer juntos y desarrollarlas aún más. Las relaciones cambian, unas evolucionan y otras no, unas crecen y otras mueren.

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Muchas relaciones afectivas se pierden porque quien se siente deudor vive con incomodidad su deuda, lo cual lo hace sentirse pequeño y dependiente de la contraparte y con deberes, y quien se siente acreedor también la experimenta con incomodidad pues se siente grande y con derechos. Uno y otro, deudor y acreedor, si no encuentran un modo de compensar y equilibrar su vínculo, su relación, están condenando su interacción al fracaso, a marchitarse y desaparecer. Por el contrario, el restablecimiento del equilibrio y balance mantiene vivo el sistema y hacen que crezca, se expanda.

Estamos tan ocupados con la tarea de vivir día a día, que no somos conscientes de cuáles son nuestras necesidades más profundas a nivel personal en cuanto a nuestras relaciones y vínculos afectivos. Desde que nacemos estamos orientados a una conducta que nos lleva a formar lazos de uniones con los demás para satisfacer nuestras necesidades de afecto, para nuestra estabilidad y seguridad física y mental en nuestras vidas.

Toda nuestra experiencia psicoafectiva está estructurada sobre la base de un conjunto de variables que se mezclan de manera compleja cuando nos relacionamos con los otros, tales como factores de personalidad, la historia individual, experiencias, entorno de vida, valores, gustos, nivel educativo y muchas otras más que hacen que sea multideterminada. Esa es la razón por la cual muchas de las relaciones se convierten en funcionales o en disfuncionales. Es el encuentro o choque de dos mundos y realidades diferentes.

El CAPITAL, INTERÉS Y PLAZO es deseable que existan en un nivel óptimo de funcionamiento, presencia y compensación para que se activen en la relación y esta sea funcional, si existe un desequilibrio acentuado, la relación se verá afectada seriamente. No siempre podemos dar en la misma cantidad y calidad de lo que recibimos. Sin embargo, la verdadera gratitud, humildad y apertura de corazón al recibir y la radiante y genuina alegría de dar, actúan como un mecanismo de contrapeso y compensación que permite el equilibrio entre dar y recibir. Es una sutil alquimia entre las cuentas pendientes y las cuentas saldadas afectivamente.

Nuestras relaciones más íntimas y cercanas representan una inversión importante en nuestra vida, representan un intercambio afectivo que requieren que les dediquemos mucha energía y tiempo si queremos conseguir que funcionen. Requieren de un esfuerzo consciente y continuado.

Si queremos una relación y vínculo sano, constructivo y en armonía, no pidamos más de lo que, de una manera u otra, podamos devolver, porque los deudores pierden su dignidad y los acreedores su libertad generando juegos de poder, sufrimientos y dependencias en los vínculos afectivos.  Happy couple

Convirtamos nuestros encuentros y reencuentros en algo distinto, enriquecedor, que nos proporcionen un placer y felicidad cada vez mayor, para que nuestro capital y nuestros intereses tengan un rendimiento extraordinario de bienestar a largo plazo.

“El agradecimiento es la memoria del corazón”. Lao-Tze.

“Antes de recibir un beneficio examina con cuidado cómo podrás manifestar tu reconocimiento” Demócrates.

SIBONEY PÉREZ V.

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