ENCUENTRO ENTRE VIAJEROS

Caminando por la vida me encontré con un viajero, me miró, yo le miré, luego los dos nos sonreímos.

Me dijo: “Estoy solo, acompáñame que necesito hablar con alguien”. Yo sin pensarlo, junto a él caminé.

Pasamos por muchos lugares, caminábamos en busca del horizonte y en cada paso que dábamos, descubríamos cosas nuevas que nunca imaginamos compartir.

A mitad de camino, dudando comentó: “Estoy solo y no tengo con quien llorar”, me sonreí y le respondí: “Lástima que no entienda tu lenguaje y que yo tampoco te pueda ayudar, porque el que yo te ayude significa crear lazos y a la hora de separarnos,  te dolería más a ti que a mí”.

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No me contestó y con lágrimas en sus ojos dijo muy serio y circunspecto: “Tienes razón, me acostumbraría a depender de ti y perdería la cosa más valiosa de este mundo y eso sería perder mi libertad y ¿Sabes por qué?, porque cuando hay lazos de comprensión nos cegamos y nos olvidamos que hay otros seres humanos importantes, y que como tú y yo, andan buscando compañía”.

Cuando levanté la cabeza para contestarle, lo vi marcharse en la lejanía y con un grito convertido en llanto exclamó: “Acuérdate siempre que aquellas personas que nos comprenden, al mismo tiempo, nos esclavizan y nos crean dependencia”.

Me quedé pensando hasta que desapareció, luego me dije a mí mismo “Señor, que cruel he sido, me pidió ayuda y se la negué, si yo al igual que él, busco y necesito ayuda y comprensión”. “Señor, tú sabes que quiero ayudar al ciego a ver en las tinieblas de su profunda tristeza, pero al hacerlo, sé que tengo que dejar descubierta mi alma indefensa ante unos ojos que quizás, no comprendan mi temor y debilidad; por eso hoy, mi Gran Señor, no lo ayudé, temiendo que una vez indefenso, me abandonara y fuera yo quien sufriera”.

Ahora que ya el viajero errante está quizás muerto, me doy cuenta de mi gran error, fui egoísta y por temor a ser yo el que sufriera, le negué la ayuda que tal vez lo salvara.

Hoy que recuerdo difusamente al anciano viajero, me encuentro caminando por el mismo paraje de aquél día, solo que existe algo diferente. Allá en la sombra del uvero, hay una silueta que me saluda con una sonrisa.

Apuré el paso y fue tanta mi sorpresa que me quedé sin habla; era el anciano viajero, que mirando fijamente a mis ojos pero sin venganza alguna, sentenció, “Estás viejo y solo por creer que tu alma quedaría desnuda ante los demás. Cometiste un grave error, porque aquella persona que te comprende no te roba tu libertad, sino, que te da parte de su libertad y la alegría de compartir con un amigo, una inmensa felicidad”.

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SIBONEY PÉREZ V.

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2 respuestas a ENCUENTRO ENTRE VIAJEROS

  1. Ivonne dijo:

    Excelente reflexión

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