LA VIDA EN UN CÍRCULO DE AMOR

 Corazón

Hoy quiero contarles una historia personal e íntima que me marcó profundamente desde que me sucedió hace unos cuantos años atrás. Son de esas experiencias que te transforman para siempre y desde las cuales ya no hay puntos de retorno, a tus niveles de consciencia anteriores a dichas vivencias.

Corría el año 2001 y mi mamá así como el resto de mi familia, estaban viviendo en Maracaibo, Estado Zulia, en el occidente de Venezuela y yo vivía y sigo viviendo en Caracas, la capital.

No tengo por costumbre viajar en fechas de temporada alta debido a la gran movilización de personas y lo difícil que muchas veces resulta, trasladarse de un lugar a otro. Venía la época de carnavales, que son días feriados o festivos y yo no había hecho planes de ir para ningún lado. Repentinamente, tres días antes del asueto, me entró una desesperación y gran inquietud por ir a visitar a mi familia y muy especialmente, a mi mamá.

Comencé el trajinar para conseguir boletos aéreos, sin la esperanza de poder obtenerlos. Estuve en listas de espera hasta prácticamente la última hora, y después de mucha angustia, pude trasladarme a Maracaibo.

Mi mamá se sorprendió debido a que no le había hecho saber mis planes, solo le comenté que algo inexplicable dentro de mí me urgió e impulsó a estar con ella y que no encontraba la manera de descifrarlo o explicarlo. Que era un sentimiento muy fuerte que me sacudía y que no hubo forma de que yo pudiera resistirme.

Al día siguiente de mi llegada, mi mamá comenzó a quejarse de un fuerte dolor en una pierna, específicamente la pierna izquierda y a los pocos momentos se le puso de un color rojo intenso y comenzó a hincharse.

De inmediato la trasladamos a una clínica donde le realizaron todo un estudio para determinar las causas. El diagnóstico fue una “Troboflebitis Gangrenante”, es decir, un trombo  o coágulo sanguíneo que se forma en un vaso que se desprende y se desplaza por el cuerpo, en su caso, se desplazó para una de las extremidades inferiores.

Hubo que intervenirla de inmediato para evitar que el coágulo fuera al corazón, cerebro o pulmones, lo cual hubiese sido casi una muerte inminente.

Yo solo había preparado equipaje para tres días, y desde que se ingresó a mi mamá, permanecí en la clínica con ella por casi dos meses, debido a que hubo que operarla 11 veces para poder salvar la pierna y no tuviera que ser amputada, lo cual incluyó injertos de piel y la inconsciencia de mi mamá durante todo ese período.

Un día de tantos que estuvimos en la clínica, estaba sola con ella en la habitación, cuando observé que algo estaba mal, muy mal. Ya me sabía de memoria todos los procedimientos y rutinas que había que hacer con ella y cada mueca o gesto de dolor que emitía en su estado de inconsciencia, dado que no llegué a salir de esa habitación en ningún momento durante el tiempo que permanecí allí.

EmergenciaObservando a mi mamá, llamé de inmediato a la doctora y a la enfermera de turno. Le tomaron los signos vitales y la doctora dice con voz de desespero: -“Se nos está yendo, hay que hacerle una transfusión de inmediato y llevarla de nuevo al quirófano por la cantidad de sangre que está perdiendo”. Jamás se me olvidarán esas palabras y por mi mente comenzaron a pasar ráfagas de imágenes en cuestiones de microsegundos, siendo testigo del momento en que mi mamá se podría “ir”.

Llegó una enfermera y da la siguiente noticia en medio de la desesperación de la doctora y de la mía propia: – “No hay sangre en el banco de sangre, toda se consumió”. Imagínense mi angustia y desolación ante ese panorama, caótico, crítico, incierto y desesperante, con olor a muerte inminente. Lo único que recuerdo es haber expresado en esos instantes, desde lo más profundo de mi alma y corazón, estas palabras: – “Señor por algo estoy aquí, dame una señal”.

La doctora ordenó: -“Tenemos que conseguir sangre a como dé lugar, de lo contrario se nos muere”. Yo miré a la doctora y le dije: -“Tengo el mismo tipo de sangre que ella, ¡úsela!”. Ella me preguntó: -“¿Cuánto pesas y mides?”, le respondí: -“45 kgs y 1.54 mts”. Dijo: -“No eres apta para donar sangre, no tienes la suficiente talla y peso”. ¡Figúrense mi reacción!, “no era apta”. Le dije con determinación: -“Si mi sangre es la sangre que salvará a mi mamá de morir, hágalo, no se preocupe por mí”. Me preguntó: -“¿Estás segura que tienes el mismo tipo de sangre?, no hay tiempo para hacerle los exámenes serológicos a tu sangre”. -“estoy segura”, respondí.

De inmediato me trasladaron al banco de sangre, justo quedaba enfrente de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Recuerdo a la enfermera muy pendiente que a mí no me ocurriera nada, como mareos u otros síntomas, debido a la cantidad de sangre que me estaban extrayendo. Yo solo miraba la puerta de cuidados intensivos y le repetía a ella: -“No me pasará nada, no me pasará nada, estoy bien porque esta es la sangre que salvará a mi mamá”.

Transfusión

Esa noche, debido a concesiones especiales, toda mi familia y yo pudimos entrar a la  UCI, uno por uno, a despedirnos de mi mamá, porque comenzaban las horas críticas para ella y para nosotros, una “desesperada espera”.

Transcurrieron los días, que se convirtieron en tres meses, donde incluso se le dieron los “Santos Óleos”.

MadreMi mamá murió 12 años después de estos sucesos narrados, en el año 2013 a la edad de 85 años (Q.E.P.D). Cuando el Señor la llamó a su lado, mi espíritu solo pudo decirle a su propio espíritu: – “Nuestras vidas están unidas en un círculo de amor”.

Comprendí que el regalo de la vida que mi mamá me había dado, se lo había retornado envuelto en lazos de amor, gratitud y entrega y con la certeza que todo se devuelve de alguna manera, que nuestro círculo se había completado y que nuestra sangre, doblemente compartida, nos había unido cada día más.

Escuchar la voz de la intuición, con el tiempo comprendí que ella fue que me dirigió hasta Maracaibo, es escuchar a nuestro ser interior que nos habla en un lenguaje misterioso y donde Dios o esa fuerza superior en la que uno crea, te pone en el lugar donde debes estar en un momento.

Permanece atento a esa voz para guiarte en tus acciones y escoger el rumbo que debas escoger. No existen las casualidades, existen causalidades.

SIBONEY PÉREZ V.

 

 

 

 

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2 respuestas a LA VIDA EN UN CÍRCULO DE AMOR

  1. hola estamos en el XTREME SELLING saludos, waooo siboney perez que historia le admiro por tu forma de relatarla y de corazón me identifico contigo, ya que mi mama le sucedió lo mismo pero mi mama si perdió la pierna y aun la tengo viva

    • Siboney dijo:

      Hola Eduardo, gracias por leerme y por tu comentario. Lamento que tú mamá haya perdido su pierna, lo bueno es que aún está viva.
      Aprovecha el tiempo que tienes con ella y agradece cada momento. Cuando ya no están con uno, el vacío es grande, aunque sabes, desde lo más íntimo de ti, que desde esa dimensión en la que están, igualmente nos siguen cuidando.
      Recibe un abrazo y estoy a la orden para compartir tanto lo del xtreme, como en lo que pueda servirte.

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