EL BAILE DE LAS MARIONETAS

Diariamente en mi consulta atiendo personas que están experimentando sufrimiento y dolor a causa de no saber o no poder manejar los desafíos que a diario hay que enfrentar, no saben o no pueden lidiar con las decisiones que, bajo la forma de “ilusiones”, han tomado, lo cual les lleva a vivir una cotidianidad vacía, de desesperación y confusión; experimentan sentimientos de aniquilación y minusvalía al permanecer en círculos viciosos y viscosos, castrantes y limitantes. Hay una gran aflicción  y una sensación de falta de rumbo vital, de carencia y abandono.

soledadEs de esa forma que su sentido de vida va perdiendo cada vez más significado y propósito, pues permanecen atrapados en una “zona de seguridad” que no les permite ver salidas u opciones a su propia desdicha construida, muros psicológicos muchas veces más difíciles de derrumbar que los muros físicos.

Aquí entran en juego una serie de aspectos que vale la pena destacar y que en la medida que sean trabajados y mejorados, darán como resultado un YO, una identidad más fortalecida y con mayores recursos, para encontrar opciones de vida más nutritivas y enriquecedoras que proporcionen bienestar y plenitud.

Esos elementos a los que me refiero son, en primer lugar, EL AUTOCONOCIMIENTO. En este sentido, es sumamente importante que las personas que se encuentran en su propia cárcel psicológica, comiencen atreverse a dar los pasos, por pequeños que sean, en la dirección y orientación de conocerse, de mirar de manera, si se quiere descarnada, su propia interioridad, sus propias luces y sombras: Conocer todas las partes que componen su persona; de esa forma, podrán ir desgranando, limpiando y desechando lo que no se adecúa, sirve o es útil para ese bienestar y así quedarse con aquellos aspectos que sientan que son sanos, constructivos, potenciadores y apalancadores para salir de dicha prisión psicológica.

El segundo elemento que quiero destacar es el del AUTOCONCEPTO. Con esto me refiero a toda la constelación de creencias y pensamientos que estas personas tienen de sí mismas y que se manifiestan y expresan en conductas, comportamientos y acciones. Las creencias que prevalecen generalmente son de incapacidad, impotencia y no merecimiento, lo cual las deja abatidas y desechas, hundiéndose cada vez más en su propia marchitez y aridez física, mental, emocional y espiritual. Bajo estas circunstancias, es muy fácil que se llegue al colapso y derrumbe de todos los sistemas de apoyo y sostén psicológico. Surgen enfermedades, dolencias y las somatizaciones por no haber un cauce, un drenaje y un escape ante tanta desesperanza abrumadora. La mayoría de las veces pueden estar conscientes de este cerco limitante y sin embargo, no tienen las fuerzas para tomar acciones o las retardan, entregándose a la resignación y a la conformidad. El precio que se paga es muy elevado porque se hace a través del martirio, el tormento y un profundo malestar que las anula como personas.

agradecerOtro elemento a considerar para que puedan tener una ruta de escape de estos círculos nocivos y para que puedan sentir que encuentran serenidad y paz en su vivir, es la AUTOEVALUACIÓN. Con esto me refiero a la capacidad interna de revisar, examinar las cosas y las situaciones y el modo de actuar frente a ellas. Es saber detectar lo que les proporciona dolor, insatisfacción, pérdidas, para alejarse de ellas y buscar otros modos más convenientes. Es solicitar la ayuda que consideren necesaria. Es determinar fortalezas, recursos, energías para reagrupar y configurar condiciones que apoyen la vitalidad, para reanimarse y recobrar la consciencia de hacer algo positivo para su propio bienestar.

Esta capacidad de autoevaluación es dinámica por cuanto, de alguna manera, estas personas son capaces de externalizar su propio mundo interno, sus vivencias, sus propias cualidades psíquicas. Ellas tienen que aprender a definir y fijar límites y ser flexibles, dado que muchas veces es la propia rigidez psicológica las que no les permite accionar y librarse de su propio yugo emocional. Las consecuencias de esto es una profunda inseguridad que se manifiesta en un YO débil, disminuido y desvalido, y es así como no pueden huir de su tortuosa realidad.

El cuarto elemento que quiero mencionar es el que tiene que ver con la AUTOACEPTACIÓN. Este aspecto se relaciona con la administración y reconocimiento de todas las partas que conforman el Ser, es decir, las partes de ellas mismas como un hecho. En otras palabras, nos revela la relación de la persona consigo misma y su capacidad para integrar todos esos rasgos. Aquí entran en juego el rechazo a los propios sentimientos y emociones, la actitud frente a los problemas, obstáculos o bloqueos, incluso nos revela cómo la persona organiza su vida. En muchos casos, hay demasiada severidad para aceptar los aspectos propios, configurando patrones muy normativos que incluso pueden afectar sus niveles de aspiraciones, conformándose con muy poco, porque están convencidas que es lo que se merecen o colocan tan altos niveles de exigencias, que nada ni nadie los satisface.

grupo

El quinto elemento a considerar se refiere al AUTORRESPETO. Es la forma en que buscan satisfacer sus propias necesidades. Es expresar y manejar en forma conveniente todo el mundo emocional y sentimental. En este sentido, estas personas lo expresan o manifiestan de forma inadecuada, culpando a los otros, sean éstos sus padres, parejas, hijos, jefes, etc. de sus fracaso, errores y desatinos. No toman y asumen la responsabilidad de encontrarse en esas situaciones debido a sus propias decisiones y escogencias. Las expresiones emocionales son lábiles, inestables y pendulares. Hay rabia, tristeza, llanto, desasosiego debido a los sentimientos de incapacidad para salir de las situaciones de confinamiento propio y autoimpuesto. Hay una inestabilidad afectiva y ambivalencia que se manifiesta en muchas de las áreas de funcionamiento psicológico y  una disfunción del sistema de regulación emocional, que las lleva a presentar una elevada reactividad del estado de ánimo.

Hay pérdida del amor propio y muchos comportamientos de sumisión y aislamiento, permaneciendo en un pozo fangoso y movedizo. Al no haber autorrespeto, predominan los sentimientos de anulación, aniquilación y depresión. Creen y piensan que están evitando el dolor y el sufrimiento y sucede exactamente lo contrario, lo aumentan y por ende, aumentan su sentimiento de incapacidad e impotencia. El deseo de cambiar una experiencia dolorosa tiene que equilibrarse con el correspondiente esfuerzo por aprender a aceptar el dolor inevitable que conlleva la vida. El dolor sumado a la resistencia es igual a sufrimiento. Estas personas tienen que aprender a reconciliarse con sus emociones y sus experiencias.

De alguna manera, casi siempre, inadecuada y desadaptativa, buscan que los otros los valoren, los acepten y los reconozcan. Es sabido que los demás, los otros, no podrán darles lo que ellos mismos no son capaces de entregarse a sí mismos y por ello, establecen relaciones destructivas con personas que las “saquean” y arruinan emocionalmente, que las llevan a sentirse desgraciadas, desoladas y disminuidas como seres humanos.

Por último, se encuentra como elemento a considerar, la AUTOESTIMA. Viene a ser una síntesis e integración de todos los anteriores. Para que exista una buena autoestima, felicidad2todos ellos deben estar presentes de una manera adaptativa, positiva y en alto grado. Estas personas la tienen casi nula o muy distorsionada y por ello se aferran a condiciones tóxicas, aberrantes y sórdidas con tal de no perder lo poco que tienen. Se tratan a sí mismas de forma insatisfactoria, inadecuada y en la mayoría de los casos, castigándose y agrediéndose; despreciándose o maltratándose, y esto por lo tanto, abre las puertas y coloca las condiciones para que los demás crean y se sientan con el derecho de hacerlo también. Buscan cumplir con su propia profecía.

Es así como los días de estas personas van pasando y van dejando de intentar hacer algo mejor por ellas y para ellas mismas, enterrándose en un mundo oscuro y lúgubre. Dejan de soñar y la rutina hace desaparecer los anhelos y deseos de cambiar. Pierden demasiado al permitir que el miedo se apodere y robe sus vidas.

Abandonan los motivos que le dan sustancia al significado de su existencia, viviendo presos de sí mismos y a merced de los demás. Crean todo un modo de vida de culpa, castigo, minusvalía, desamparo y anulación psicológica.

La dignidad como persona la pierden y es cuando ellas mismas protagonizan una historia conocida, que por vivirla y sentirla, las convierte en tristes, pobres y patéticos personajes que se suman al cortejo de un baile de marionetas, sin rumbo, sin orientación, sin brújula y sentido, permitiendo que los hilos de su vida estén bajo el control de las circunstancias, de otras personas o del azar.

Si quieres dejar de bailar con las marionetas, decide cambiar y actúa en pro de tu bienestar. Este es el único precio que tienes que pagar. La personalidad sana se caracteriza por un sentido de identidad personal íntegro que se manifiesta en la capacidad para afrontar el ambiente y sus cambios de manera flexible y adaptativa. Solo desde la aceptación será posible el cambio.

“La desesperación es el dolor de los débiles” Jean Dolent

SIBONEY PÉREZ V.

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