SENTIMIENTOS VENDIDOS AL MEJOR POSTOR

siluets-725508_1920Hace unos días me encontraba en la sala de espera de un consultorio médico, a los pocos minutos de estar ahí, se sentó a mi lado una señora a la que le calculé unos 45 años de edad, sin embargo, creo que la vida ha hecho estragos en su rostro, por lo que tal vez pudiera tener menos edad de la que aparentaba.

No tardó mucho tiempo en que entablara conversación conmigo. Siempre he pensado que cuando coincidimos en tiempo y lugar con los demás y hay alguna clase de contacto, cualquiera que sea su naturaleza, es por algo, aunque en ese momento no podamos interpretar el encuentro. Las antesalas de los consultorios ofrecen esa posibilidad de intercambios con personas pasajeras, con las cuales tendremos tal vez, ese único y último encuentro.

Comenzó a relatarme la reciente historia de su vida, como si quisiera descifrar un enigma que arrastraba por un largo tiempo. Sentí que necesitaba ser escuchada antes que otra cosa, sostenía un soliloquio con ella misma y su mirada se posaba en el vacío mientras hablaba. Era como si estuviera observando su propia película y ella asistiera como espectadora.

En esos momentos de estar escuchándola, pedía que no llegara mi turno para no dejarla sola con sus pensamientos y con su posible drama existencial. Tenía a mi lado a un ser humano, cuyo sufrimiento, brotaba con cada palabra y suspiro que emanaba desde lo profundo de su sentir.

Escuché con suma atención su relato, el cual dejó en mí una sensación de haber escuchado a una persona que va por la vida siendo la imagen de la nada, que ha abandonado sueños y que de alguna manera anticipa la muerte, muerte de ilusiones, de proyectos. Una persona que por diversas razones perdió las esperanzas de amar y ser amada. Una persona que perdió todo, desde su salud hasta su dignidad, por jugar un juego peligroso en que lo apostó todo.

Nunca supe su nombre (la llamaré Sra. XX) y no sé si la volveré a ver, sin embargo, agradezco de forma sincera el haber sido yo la persona que la escuchó sin proponérmelo, de haber sido el vehículo para que drenara su angustia, para que narrara su propia vida y de alguna forma encontrara alivio, aunque fuera momentáneo (la Sra. XX nunca supo que soy psicóloga).

Estas reflexiones que plasmo en estas líneas, están basadas en su historia personal.

Muchas gracias Sra. XX por haber compartido unos momentos de su vida conmigo. Deseo que el relato de su historia sirva de inspiración para que otros puedan encontrar  y tener relaciones sanas, constructivas y maduras, para que puedan hacer de su vida un gozo y disfrute para compartir y el sentir de la felicidad.

girl-218706_1920La Sra. XX es de esas personas que van por la vida jugando con los sentimientos y emociones de los demás, porque están buscando en esos seres, lo que ellas no guardan dentro de sí mismas, van liquidando sus sentimientos, van engañando y engañándose, creyendo que por “venderse u ofrecerse a un mejor postor”, serán felices e imaginando que su historia personal tendrá un final feliz de cuento infantil.

Buscan y esperan encontrar que otros satisfagan sus déficits y carencias, no sólo físicas y emocionales, sino también espirituales, escudándose y escondiéndose para ello, en esperar o pedir perdón por los pecados y ofensas cometidas, de manera de aliviar sus profundos sentimientos de culpa.  

Después que se ha jugado con los sentimientos y emociones de las personas, tratar de enmendar las heridas no es como lavar la ropa o limpiar la casa. Las palabras y los actos traen consecuencias, ellas nos definen como seres humanos y crean realidades para bien o para mal. No basta con decir “lo siento”, “lo lamento”, “mil disculpas”, “la verdad no lo hubiese querido así”, “perdóname”, y otras tantas expresiones dichas para salir del paso, sin real y verdaderamente sentirlas. Palabras dichas para sentirse mejor ante ellas mismas y poder ponerse una máscara y un disfraz de buenas personas cuando se miran al espejo.

Estas personas creen que porque explícitamente digan que quieren esto o aquello de una relación, será otorgado automáticamente, sin trabajarlo, sin ganárselo. El planteamiento que hacen es algo similar a esto: “yo quiero esto y si tu quieres lo mismo, sigamos adelante”. Es un intercambio puro y netamente “comercial”, la relación concebida como un “negocio”, donde primero se ve “la cuenta”(cualquiera que se tenga en mente), y de cómo puede abonar a la mía (yo veré si puedo abonar a la tuya), después veremos si viene el afecto, los sentimientos, la conexión o el amor, no al revés. Es decir, establecen una relación afincándose en una función solamente instrumental, estilo “Pragma“, un nexo puramente pragmático, utilitario, fríamente calculado. Estas personas creen que realmente aman, y lo hacen, solo que a ellas mismas y de una manera distorsionada.

El origen más básico del amor, se encuentra en el apego, y éste a su vez se origina en el período de la infancia. En esa época es cuando se aprende a dar y a recibir, donde se conoce la intimidad y la distancia, la aceptación y el rechazo, los cuidados y las carencias y la sensación de pertenencia.

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Se pueden formar varias clases de apego, y el tipo de apego que se desarrolla en etapas ulteriores, dice mucho de cómo es una persona cuando es adulta y de cómo son las relaciones que establece. Desde este punto de vista, la clase de apego nos dice si una persona se siente merecedora de amor, puesto que la capacidad de amar, no la de jugar al amor o jugar con los sentimientos de los otros, depende en última instancia de si tiene una autoimagen positiva.

Esencialmente, los sentimientos que experimenta una persona durante su infancia son una interacción entre su propio yo y su entorno más cercano. Cuando la experiencia original de un niño o una niña con sus padres, fue negativa y dolorosa, recurrirá a las mismas defensas siendo adulto, y una de estas defensas psicológicas es la proyección, es decir, “el otro no me complace”, “no me llena”, “no me satisface”, “no está a mi altura”, “no me gusta lo que veo”, “quiero a mi lado alguien importante”, “no eres lo que yo esperaba o creía” y un largo etcétera que describe a una persona narcisista y necesitada de atención, la cual busca yendo de relación en relación, aunque puedan éstas ser tóxicas, destructivas o enfermizas.

Ahora bien, una de las características de las personas psicológicamente maduras, es la capacidad de aceptar su responsabilidad con respecto a sus actos y no culpar a los demás, o dirigir sus propias deficiencias y carencias al otro: “tú no eres esto”, “tú no eres aquello”, “cambia esto que no me gusta de ti” y un sin fin de críticas que tienen más que ver con su propia imagen que con lo que el otro es.

Aquellos adultos a los que les ha faltado afecto durante su niñez, están hambrientos, sedientos de él, y por conseguirlo, están dispuestos hacer de todo. Llegan a convertirse incluso en personas promiscuas, adictas al sexo y a mantener relaciones vacías y superficiales, pagando un costo demasiado alto. Estos hombres y mujeres han sido desatendidos por sus padres o por los sustitutos de éstos, y aunque los hayan cuidado bien físicamente, no les dieron cariño, no los reafirmaron como personas y posiblemente, los criticaron duramente, por lo que su autoestima hace que les sea difícil conservar el amor, una relación de afecto, no un “intercambio comercial o un negocio” y entonces entran en un juego que por adictivo, se convierte en tóxico y caótico.

Detrás de la máscara de satisfacción y de sentirse bien con la persona de “turno”, se love-1003645_1920encuentra una persona necesitada, que ansía a toda costa, aún vendiendo su cuerpo, alma y corazón al mejor postor, ser cuidada y amada; su máscara son sus conductas disfuncionales, sus estados emocionales tan cambiantes, inestables como inexplicables, ya que posee una estructura de personalidad errática que se perturba a sí misma.

Se entrega a cualquier intercambio de afecto con tal de poder mostrarse con alguien a su lado, sólo por el hecho de sentirse libre y sin máscaras, pero lo que REALMENTE muestra es una fachada de carencia, de un yo profundamente herido, un niño o una niña interior que pide atención a gritos.

El amor verdadero no se corrompe, no se vende, no se entrega al mejor postor.

“El dejar de querer mal, es principio de querer bien”. Ercilla.

“No hay más que una clase de amor, pero hay mil copias diferentes”. La Rochefoucauld.

“No puede amar a otro el que a sí no se ama, ni amarse el que a sí no se conoce”. Quevedo.

SIBONEY PÉREZ V.

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Una respuesta a SENTIMIENTOS VENDIDOS AL MEJOR POSTOR

  1. Siboney dijo:

    Deseo de corazón que puedas desplegar tus alas y volar hacia tu libertad. Recuerda que ella se lucha y conquista. Confía en tus recursos y poder interno para sacar la fuerza e ímpetu necesario. Al final sabrás que tu libertad vale la pena y tu bienestar aún más.
    Has superado grandes pruebas, ¿por qué no saldrías triunfante de esta?.

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