…Y TE PREGUNTAS ¿POR QUÉ?

Como seres humanos en constante crecimiento y expansión y como parte de la experiencia del vivir, nos inquietamos o angustiamos buscando respuestas para tratar de encontrar en
ellas atisbos de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones, sin embargo, a veces por
más que le demos vueltas a esas interrogantes, nos quedamos sin respuestas, o si las encontramos, muchas veces no sabemos qué hacer POR QUEcon ellas, las ignoramos, las rechazamos, no sabemos qué hacer con las que tenemos o con las que nos quedan en nuestra mente o en nuestro corazón.

Y es que hay preguntas que repetida y constantemente nos hacemos, preguntas que golpean nuestra razón a cada instante e inundan a nuestra alma de sosiego, desesperanza, tristeza, y muchas veces de rabia. Son como llaves que abren muchos de los candados de las puertas que a veces cerramos por nuestras propias decisiones y acciones y otras, que el tiempo o las circunstancias inevitablemente cierran para no abrirse de nuevo, para guardar y almacenar tras sus habitaciones oscuras y lúgubres, heridas, páginas escritas,  sentimientos escondidos, miedos definidos, amores perdidos.

Lo único verdaderamente cierto es que nadie mejor que nosotros mismos, puede saber lo que nos duele o enoja, lo que nos alegra o nos entristece, lo que es alivio o martirio, lo que es amor o rencor, lo que es dar una bienvenida o decir un adiós. Lo sabemos, pero no lo expresamos o no lo decimos porque la pregunta no ha terminado de emerger y de brotar a la superficie, no se nos ha revelado, y si lo ha hecho, no la queremos ver; simplemente lo que hacemos o decimos, es la respuesta más simple y fácil a eso que sentimos y escondemos o tapamos de nosotros mismos, ante nuestros propios ojos y ante los demás. Sin embargo, para los otros siempre es más fácil ver lo que nosotros no queremos ver.

Y así, llega el momento en el que nos sentamos a revisar, revisitar, a reflexionar y recordar nuestro pasado y entonces comenzamos a ver transcurrir en imágenes nostálgicas, nuestra historia, nuestro ayer. Nos damos cuenta que quizás nos equivocamos, que cometimos errores, encontramos nombres y rostros que nos marcaron para bien o para mal, pensarsentimientos que borramos o expresamos, disculpas que no pedimos, decepciones ante expectativas que nos hicimos, frustraciones de amores tal vez no correspondidos y entonces, nos damos cuenta que queremos arrancar esa página triste y oscura de nuestra existencia para destruirla, para que nadie pueda leerla jamás, ni siquiera nosotros mismos, para que nadie descubra nuestras propias miserias; tal vez algunos de quienes nos rodean noten nuestro cambio, nuestra metamorfosis, nuestro cambio de piel y de corazón, pero ninguno se atreve a preguntarnos, ¿en qué momento de nuestra vida, las cosas nos cambiaron?, ¿en qué instante nuestra vida transmutó?.

Hay momentos que en nuestro transitar y andar, aparece sin avisar, un hermoso tesoro, un diamante, que al principio parece ser uno más de los muchos que se pueden encontrar en el camino, pero que con el paso del tiempo nos percatamos que ese hermoso diamante es distinto, que es único, especial, sin igual entre los tantos tesoros guardados, y sin embargo, su resplandeciente brillo y luz nos encandila y rápidamente huimos de él para que no nos ciegue, por temor a perdernos en él y con él.

Entonces, perdidos en nuestras propias cavilaciones, en nuestra propia marea de sentimientos y pensamientos, nos preguntarnos, ¿qué nos inspira ese diamante, ese gran tesoro?, ¿por qué le tememos tanto?. Comienzan a surgir esbozos de respuestas, comienzan las revelaciones que nuestro propio interior nos proporciona y nuestro propio averno deja salir el alma lastimada y la esencia de las respuestas.

En nuestro vivir, siempre hay pasos que no damos, decisiones que no tomamos, caminos que no andamos, sobre todo cuando se trata de acercarnos a personas muy especiales que nos encontramos, algunos de ellos nos resultan indiferentes, otros cambian nuestra vida para siempre, otras veces buscamos o nos sentimos culpables, puede ser que nos desviemos o que nos guste callarlo; pero casi nunca surge o hacemos la pregunta, ¿cuáles son las barreras que nos han separado?. Muchas veces sentimos que la vida nos ha sido desgarrada, cuando todas las cosas que considerábamos importantes desaparecen en un instante, cuando te das cuenta de que no tienes control sobre las cosas, y en ese momento, sientes que se despedaza y destroza tu corazón.

En nosotros mismos están esas respuestas, pero las evitamos o las escondemos. Nos da miedo encararlas, escucharlas, y al callar lo que anhelamos y necesitamos, ¿qué se nos escapa a través de ellas?

desasosiegoNos preguntamos muchos ¿por qué?, y nuestra mente busca llenarse de respuestas. A diario nos hacemos preguntas de todo tipo y naturaleza, unas nos llevan a cuestionarnos y reflexionar sobre aspectos importantes o trascendentes. Algunas tienen respuesta, otras nunca serán respondidas, pero ese ejercicio de indagar, de buscar resulta útil e importante para nuestro propio crecimiento y conocimiento, para lograr esa íntima introspección cuando nos miramos en nuestros propio espejo, allí están todas esperando ser escuchadas, ser descubiertas.

¿Por qué? o ¿para qué?, preguntas mágicas que tantas dudas despejan y que, en ocasiones, tantas cuestiones nos plantean porque suelen ser desencadenantes de nuevas preguntas.

Muchas veces las preguntas nos cohíben, nos intimidan por temor a violentar nuestro propio ser, se requiere de coraje y osadía para tomar los riesgos de adentrarse en nuestro propio mundo interior. Muestra valentía y prudencia, el que con amor y sutileza, se atreve a abrir con sus preguntas, las puertas que se cierran ocultando sus respuestas.

Hay que saber dar ese paso y preguntar con delicadeza, con gentileza, con afecto, comprensión y amor, dejando en plena libertad al que es dueño de la respuesta, tal vez necesites una ayuda para expresar lo que llevas dentro, quizás un cuestionamiento, una interrogante, pueda dejar en libertad algún sentimiento o pensamiento, puede ser que preguntando, reflexionemos, sanemos y crezcamos respondiendo. Otras veces, será mejor quedarse sin respuestas a nuestros ¿por qué? para no abrir la caja de Pandora y que al final, ni siquiera el consuelo de la esperanza nos quede. Y a veces, tenemos que aceptar que las cosas pasan sin que exista un ¿por qué?.

Y tú te preguntas ¿por qué? Te da rabia no encontrar o tener respuestas, no saber, tener la duda, la incertidumbre, ese es el misterio del ¿Por qué? Yo tampoco tengo tus respuestas, apenas puedo intuir las mías. Sin embargo, te invito a que juntos las busquemos y las encontremos. Que encontremos aquellas respuestas que nos unen y no las que nos separan. Las que permiten los encuentros y evitan los desencuentros, las que nos dan claridad y alejan la oscuridad, las que nos permiten crecer, reconocernos y vencer las distancias, las que nos permiten amarnos y no que nos olvidemos.

confianza

¡Qué difícil es tener la certidumbre de lo que realmente queremos cuando muchas veces no sabemos siquiera que estamos buscando!

“No es necesario que todas las preguntas tengan respuestas. Para la más importantes es ya mucho haberlas formulado”. Hebbel

SIBONEY PÉREZ V.

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