UN DÍA MÁS

La vida, un enlace de historias individuales donde se repiten escenas y agregamos un capítulo más a nuestra existencia.

La vida, un enlace de historias individuales donde se repiten escenas y agregamos un capítulo más a nuestra existencia.

La tarde está muriendo, su letargo y sombras anuncian que otro día llegó a su fin. Se puede ver el juego de colores, grises, blancos, amarillos y azules con que se ha cubierto el cielo y allá arriba, en lo alto, la primera estrella que titila temerosa porque está sola, a pesar de lo grande y hermosa que es. Se escucha el susurro tímido del viento cuando arrastra las hojas, bailando a su compás y con inquietos movimientos.

Los pájaros ya no cantan sus dulces sinfonías y la luna se asoma entre  las nubes con picardía de niña. Se encienden las luces de las casa para completar el colorido de la estampa nocturna y dar por terminada la jornada diaria.

¿Cuántos dramas comienzan y cuántos terminan cuando declina el día?, ¿De cuántos somos culpables, víctimas o cómplices?, ¿Cuántos hemos olvidados? y ¿Cuántos los que nos han atormentado?  Más de uno hemos llorado, en más de uno fuimos testigos cobardes y otros tantos, los que dejaremos de herencia porque a la tumba no los podremos llevar.

Y es que esa es la vida, un enlace de historias individuales donde se repiten escenas, donde cada quien escribe un mito o una leyenda, un final feliz o una tragedia y cuando finaliza cada día, agregamos un capítulo más en la urdimbre de nuestra existencia.

Revivamos los días que han pasado y nos encontraremos que en todas nuestras páginas, esas que se han escrito ya, están plagadas por la presencia inevitable de la alegría y de la tristeza, de la dicha y el infortunio, de risas y de lágrimas, de fe y esperanzas. Todos sabemos cómo son cada uno de esos afectos, porque en alguno de nuestros muchos momentos, nos han acompañado, volviéndonos pedazos o haciendo milagros, y es cuando nos hemos preguntado ¿Qué pasará mañana?

Conocemos nuestro ayer porque ya se ha vivido, se tuvo, pero también lo perdimos, sólo queda el recuerdo de instantes de felicidad o amargura y cicatrices en el corazón, de lo que en ese entonces sentimos; nostalgias y evocaciones de un tiempo que no se repite y las marcas de una huellas que no dejan dudas, del sendero que transitamos a solas.

¿Cuántos días de tantos que hemos tenido han sido un desafío a nuestra mortalidad?, ¿Cuántos esfuerzos por cambiar nuestro destino, seducidos por el brillo prometedor de unos espejismos? Triste realidad la que nos espera al regresar, son muchas las preguntas y pocas las respuestas. Son muchos los sueños que nos dejan esperando y muchas las mentiras, que por una u otra razón, nos han condenado.

Recuerda que tu mente es libre para disfrutar ratos de intimidad, de instantes sinceros, de absoluta tranquilidad.

Recuerda que tu mente es libre para disfrutar ratos de intimidad, de instantes sinceros, de absoluta tranquilidad.

Cuando termina un día, termina una lucha, ¿Contra qué?, ¿Contra quién? Constantemente algo buscamos, algo queremos, intrépida aventura para ser feliz, esfuerzos a veces inútiles que nos hacen enfurecer, porque la diferencia entre fracaso y triunfo, son unas cuantas invenciones que nos convencen, que el valor  de cada quien se adquiere si se ha pagado el precio justo.

Horas difíciles por las que hay que pasar antes que termine un día. ¿Cuántas cosas nos harán arrepentir?, ¿Cuántas las que demandarán una explicación?, ¿Veinticuatro horas tiene el día?, ¿Por qué dudarlo?, ¿Es que vives tan de prisa que no te detienes a pensar que el tiempo es tu cadena que nuevas cosas no te deja descubrir?

Vives con la agonía de conquistar tus fantasías que olvidas que tu mente es libre para disfrutar ratos de intimidad, de instantes sinceros, de absoluta tranquilidad.

Se extinguió un día, un tiempo que llegó a su fin. ¿Cuántas cosas se perdieron y entre cuántas, hubo que elegir? Terminó un día y uno se siente agotado, invencible o en éxtasis de la gloria. Nos tropezamos con extraños, tal vez a alguien engañamos, algún perdón pedimos o quizás una flaqueza tuvimos, y todo eso, pudo suceder en el término de un día.

Sentimos el paso del tiempo como algo devastador, que no nos deja alcanzar los ideales y es posible, que en nuestro interior, se albergue un resentimiento, que no nos deja conocer el placer que puede haber en una espera o en el descanso que tu búsqueda frenética reclama.

Otro día más se va, trampas del tiempo para medir nuestros pasos, para dominar a los héroes que se creen dueños de la eternidad. Hoja de un calendario que se arranca, cargas que son llevadas por caminos que no tienen atajos, martirio conocido por prisioneros, en sus ansías de recobrar su libertad.

Un día más que expira fingiendo continuar en esas horas que se quitan al sueño, horas de frenesí y falso hilvanar, porque más tarde o más temprano, ese día, al presente abandonará. Quedará su rastro que no se podrá borrar, implorar tal vez podamos para hallar consuelo, cuando al mirarnos en el espejo, comprendamos que el tiempo no sólo existe en las páginas de los calendarios, que nuestro rostro es su reflejo y el cansancio de los años, su leal y fiel compañero.

El día de ayer pertenece al pasado, es el difunto tiempo que perteneció tal vez a un rumbo equivocado, dejó ojos húmedos o un amargo dolor. Tal vez para alguien fue el día último y otro, a lo mejor, algún despojo sufrió. Pertenece a las tinieblas de ese vago infinito que a veces retorna y que se siente como un injusto castigo.

A las  doce en punto de la media noche, tiempo2termina un día para dar nacimiento a otro y poder renovar las esperanzas, suspirar por los deseos y quizás cumplir con un capricho más que sentimos hay satisfacer. Se despiertan los instintos porque la soledad se nosotros queremos alejar y se comienza, el preludio de una calma que ocurre, cuando una hoguera que nos deja sin aliento, en nuestro cuerpo se consume. Íntimo sacrificio el que hay que padecer, cuando nuestros impulsos no nos dejan traicionar la delicia de un ensueño, que sin pronunciar palabra alguna, te deja con tus miedos.

Un día más y también un episodio más que se vivió, es posible que con inquietud por los obstáculos que hubo vencer, o tal vez fue una blasfemia porque se hizo presente lo inesperado, y fuimos presos de la pena que un adiós causó o, quizás fuimos volubles, frente a un despecho que antes tuvo su plenitud.

¿Cuántas intenciones tuvimos que no se llegaron a concretar?, ¿Cuántos encuentros fugaces que no se quieren recordar?, ¿Cuántas cosas no se agradecieron?, ¿y aquéllas, que por más que lo intentamos, no pudimos comprender?. Cada hora es una encrucijada que aviva los temores porque nuestra fortaleza se va haciendo ruinas, cuando con el paso de los días, nuestro empeño comienza a desmayar.

Pasan los días y el ocaso llega en silencio y se confunde nuestra razón, ante la resaca que golpea las puertas de nuestra inmensidad; quedamos cegados ante el resplandor del horizonte que está al final de los tantos puentes que hay que cruzar. No podemos negar la amenaza que se desborda, cuando las peleas que se tienen que emprender a diario, de muchos destrozos no te puede salvar y que sin avisar, te cubre de invisible pena.

Prodigiosa dimensión en donde los peligros del vivir acechan, breves ratos de felicidad los que nos consiguen alumbrar, esa mancha de gran oscuridad, de incertidumbre y envidia que sin despacio y sin retroceder, nos lleva hacia arenas donde seguro, hemos de morir.

Resonancia de un mensaje que no quisimos escuchar y es que el día de hoy no vuelve, porque ningún llanto resucita lo que una vez murió y no logramos entender que no hay egoísmo en el tiempo, cuando con su paso hacia adelante, el nos defraudó. No sintamos celos del murmullo del viento, es el tropezar de las piedras del camino que a nuestra fragilidad encontró.

Sabor a ofensa pareciera nuestro primer entusiasmo cuando abriendo al mundo los ojos, creemos que tenemos una gran fiesta por delante y es que en ese entonces, no podemos conocer cuántos muros y paredes hay que derrumbar y  trabajar con denuedo en nuestros sueños, para nuestras metas poder alcanzar.

pensar

SIBONEY PEREZ V.

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