EPITAFIO PARA UNA VIDA

Todo ciclo de la vida tiene su génesis, su apogeo y su declinación; sucesiva y rítmicamente cerramos etapas para iniciar otras y en ese abrir y cerrar, hacemos paradas en la ruta para pensar, reflexionar y poder continuar con los embates diarios del vivir.

En esas paradas descubrimos y conocemos personas, pasamos decepciones, expresamos sentimientos, alcanzamos metas, desterramos rencores, aupamos triunfos, compartimos vivencias y lloramos derrotas.

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Personas que se van, personas que vienen; tránsito inevitable de nuestros corazones, recuerdos de pasiones que nos dejan huellas y el inefable encuentro que marca ese instante, una despedida que no queremos pronunciar.

Cambios de rumbo la brújula del tiempo impone, porque nuestros sueños deben hacerse realidad, cruzar otros caminos en pos de derroteros que no tenemos la certeza de poder alcanzar, pero que es menester seguir para lograr afirmar que ha valido la pena nuestro vivir.

En ese largo peregrinar, nuestra historia particular va trazando sus líneas como testimonio fiel de que los años no han pasado en vano, y nos conducen a la senda que nos enseña que todo principio, tiene su final.

Espiral infatigable donde se construye nuestra realidad, obligándonos a vencer los molinos de viento que en nuestro paso se atraviesan, y en lanzas nuestras manos se convierten, para destruir espejismos que nos dan la ilusión que no hay vuelta atrás.

pasado-presente-futuroIdas y venidas, despertares y pesadillas, recibir y dar, reír y llorar, comenzar y terminar, bienvenidas y despedidas. Ese es el orden del universo, donde aquello que llega, algún día tiene que partir, lo que nace ha de morir.

Todo se transforma, cambia, es mutable. Nada en su forma original perdurará. O se enriquece o nutre, o se desgata y envejece y es allí, en esos límites de la esencia humana, donde abrimos nuestras almas para albergar lo que queremos recordar o cerramos nuestro corazón para aquello que queremos olvidar.

Sin embargo, debemos tener presente que en ese permanente viaje de recorrer distintas fases de vida por las que vamos hospedándonos, hay siempre una llave para entrar cuando se quiera y sentir de nuevo el calor de la bienvenida, o para voltear para siempre aquellas páginas que nunca se debieron abrir y que ya no nos dejan el amargo sabor de una despedida.

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SIBONEY PÉREZ V.

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