CUANDO EL DECIR ADIÓS ES LA ÚNICA SALIDA

Hoy quiero hablar sobre las relaciones que, largas o cortas, dependiendo de la percepción y medida de cada quien, llegan a su fin por diversas razones.

Iniciar una relación es un momento que llena de felicidad, pero como todo en la vida esta etapa no es eterna. Con el tiempo se desgasta y las cosas ya no son como antes, y cuando menos la persona se da cuenta esa unión se ha deshecho, no importa el motivo o quién deja a quién, pero la realidad es que es un trance tormentoso en el que es difícil recuperarse.

Una relación es una dinámica que involucra a dos personas, cada una con su cosmovisión, contextos, historias y circunstancias diferentes, que al ser compartidos con la otra persona de la ecuación, puede aproximarse en cierto grado, pero nunca, dicha aproximación será total.

Cuando dos personas se conocen y terminan formando una pareja, sea por un tiempo pequeño o amplio suceden varias cosas. Dos personas son como 2 icebergs que se ven en el mar. Las puntas son las que se asoman y se encuentran. Esa parte externa refleja la atracción que se siente por el otro, por su apariencia física, sus modales, sus valores quizás similares a los nuestros y una serie de factores de los cuales se es consciente que gustan acerca del otro.

Sin embargo hay otra parte no mensagens_despedidamanifiesta, inconsciente, que es el témpano que permanece debajo de esa punta del iceberg que asoma. Esa parte del iceberg también se conecta con la otra parte oculta de la otra persona. Esas partes ocultas contienen aquellas necesidades emocionales de cada uno, las heridas emocionales que cada uno recibió en su familia que quizás no cicatrizaron debidamente.

Toda esta parte oculta, no manifiesta, también se relaciona a la hora de formar el vínculo. Resultado, dos personas forman una pareja junto con sus heridas emocionales. Esto es un proceso normal en toda pareja. Cuando te enamoras y comienzas a intimar con el otro, aparece todo este “equipaje emocional” que ya traes de tus experiencias anteriores, sea familiar o de ex parejas. Dependerá de la madurez y trabajo personal contigo mismo lo que hagas con dicho equipaje.

En una relación de pareja NUNCA HAY GARANTÍAS. Se encuentran dos personas diferentes, cada una con su historia, sus creencias, su experiencia y su manera de ser.

Algunas veces uno de los dos, renuncia a sí mismo para convertirse en lo que el otro espera de él/ella, hasta llegar al punto que se pierde a sí mismo. Estos son los casos en que se genera dependencia emocional.

Otras veces, debido a que el otro no es lo que se espera, busca o se desea, y sin embargo, se decide seguir adelante con la relación, se empieza una lucha agotadora para conseguir que cambie, que se de cuenta de que las cosas no son como las enfoca. El problema es que estar con una persona así es absolutamente agotador, tanto física como psicológicamente. Tarde o temprano se tiene que hacer un cambio ya que si no se hace, se puede llegar a enfermar la persona.

Durante los primeros estados o fases de la relación, se entra en un juego de expectativas y demandas mutuas, que buscan ser canalizadas y satisfechas. Estas demandas y expectativas pueden ser altas o bajas o ser percibidas como equitativas, algo así como un “Quo Pro Quo”, es decir, doy para recibir en la misma proporción. Doy porque espero, no porque quiero.

Cada uno tiene sus propias necesidades y aspiraciones dentro de ese binomio, las cuales, si realmente quieren adentrarse en el conocimiento de ellas, requiere de bondad, compasión, comprensión, comunicación, coraje, perdón, ajustes, olvido y entrega por parte de ambos.

las_12_mejores_frases_de_despedida_manos_cariciaUna gran mayoría de las parejas pelean o se separan porque no saben cómo lidiar o enfrentar adecuadamente este “equipaje emocional” diferente que traen consigo. A partir de ahí comienzan las peleas sobre por quién tiene el control, los celos, las inseguridades, la necesidad de ser afirmado constantemente que se es amado, los distanciamientos, los problemas en la cama, infidelidades y toda clase de conflictos que terminan haciendo que la pareja se separe o viva la relación de una manera infantil, estresante y agobiante.

Las relaciones entre las parejas, es “un estira y encoge”, es decir, debe existir un balance en el juego de medición de fuerzas para mantener el equilibrio dinámico de las mismas. Si un miembro estira, el otro cede y viceversa, de lo contrario, de mantenerse cada uno en su postura, por hacer de la situación un punto de honor, de orgullo o terquedad, la escisión del vínculo podría ser inevitable.

Muchas parejas no pueden convivir armoniosamente, conjugando el amor, conflictos, el placer con el crecimiento, debido a que todavía son como dos niños queriendo que el otro se haga cargo de sus heridas.

Es importante entender que las peleas y conflictos no destruyen. Muchas veces abren las puertas para una relación más profunda y auténtica, donde cada uno puede ser real y no un personaje ficticio a la medida de los gustos del otro. Ahora si las peleas o todo aquello mencionado anteriormente pasa a ocupar un porcentaje significativo en la relación, se está ante un problema que merece ser atendido urgentemente.

Toda pareja requiere su propio espacio para crecer, madurar, desarrollarse, donde ambas partes aprendan que ya no son uno por separado totalmente, tienen que tomar consciencia que ahora comparten zonas para la individualidad, pero también que hay áreas comunes de encuentro, donde esa individualidad da paso a una nueva dimensión, la díada TÚ y YO, EL NOSOTROS.

Cuando la identidad del “NOSOTROS” está aceptada, decantada, pulida, emerge de ella, el deseo y la convicción de querer satisfacer las necesidades propias y las del otro, porque se comprende que ambos saldrán fortalecidos, estableciendo una relación más rica, nutritiva y duradera en el tiempo.

Ahora bien, cuando esa identidad del “NOSOTROS”, apenas está naciendo, construyéndose, o es el esbozo de algo que pudiera llegar a ser, pero donde aún persisten incertidumbres, dudas, reservas, miedos acerca de ¿quién es el otro? Y donde no existen las seguridades porque se está pisando terreno desconocido, nuevo, la plataforma de soporte, puede desplomarse ante los primeros vientos de conflicto o malestar y donde, es más fácil, por resultar más cómodo, retornar a los viejos esquemas y rutinas que se tenían previamente.

Formar y vivir en pareja exige, para el bienestar de las dos personas, estar dispuesto a aprender, explorar, equivocarse, desechar, adquirir nuevas conductas, comportamientos, hábitos, rutinas que enriquezcan a cada uno de los miembros.

Es dialogar, escuchar y abrirse al encuentro del otro, donde se verán cosas que gusten y otras que no, aspectos que de alguna manera, son rasgos de uno mismo que se proyectan en el otro. Es ahí donde se encuentran las riquezas, en las semejanzas se reconoce al otro, en las deferencias crecen ambos.

desoedida

Las amenazas para una relación están por doquier: malos entendidos, reclamos, el “típico pase de factura” por cosas que en su oportunidad se callaron, y que ante la menor provocación, salen a relucir, lastimando o hiriendo al otro, con o sin intención, pero el resultado es el mismo: huecos en el frágil tejido que recién se empezaba a construir.

Ahí es donde las expectativas que se depositaron en el otro inicialmente, comienzan a ser evaluadas, sopesadas, analizadas, para concluir si están siendo cumplidas o no, si esas aspiraciones, se están haciendo realidad a través y por medio del otro o son sencillamente, el resultado de un sueño que sólo fue eso, un sueño, un ideal que se fue formando a partir de lo que se quiso “ver” en el otro, pero que la realidad, pasado un tiempo, demuestra que ese “otro” es diferente a como se le dibujó, a como se le ideó.

Concebir las relaciones de parejas como una cuenta bancaria, donde cada uno aporta por partes iguales a la cuenta en común, es una creencia que proporciona más malestar que bienestar, por la sencilla razón que cada quien hace lo que puede con lo que tiene en un momento determinado. Las relaciones no son equitativas, habrá momentos en que cada parte perciba y sienta que está dando más que el otro, que “sacrifica” tiempo, espacio, afecto, dinero, etc más que el otro, y esto puede ser verdad, que sea de esa manera.  Lo que quiero destacar en este punto es que si la persona percibe y se siente bien haciéndolo, disfruta el dar al otro, siente agrado, placer y bienestar dando y aportando en esa relación, ¿qué importancia tiene si el otro da menos del 50% a la relación como se cree y espera?.

No es que no se merezca recibir la mitad o más de lo que se da, seguramente si es merecedor de recibir dicha cantidad. Ahora bien, ¿cuál es el instrumento que se tiene para determinar con exactitud que el otro está aportando la misma cantidad de afecto, tiempo, espacio, etc en la misma medida que se entrega?.

La respuesta está en las creencias que se tienen sobre cómo son y deben ser las relaciones de pareja, sobre esas afirmaciones absolutas e inamovibles de que el otro debe y tiene que dar en la misma medida para que funcione y prospere la relación, si es de esta manera “funciona para mí” como decía un personaje famoso de una serie de T.V., si no es así, no sirve y punto.

Yo me pregunto ¿dónde está la otra cara de la moneda?, ¿dónde queda el otro?, ¿sabes si tú estás cumpliendo y satisfaciendo sus necesidades, expectativas, sueños, ideales?, ¿se lo has preguntado? O es ¿sólo lo que una de las partes quiere, desea, proyecta y aspira?.

En todo existe un yin y un yang, sol y sombra. ¿La luz sólo está de un lado?

Muchos miembros de pareja prefieren zozobrar en los mares turbulentos antes que capear el temporal, antes que aprender a mejorar, y reforzar el vínculo que los une. Parejas que hacen más énfasis en las diferencias que en los aspectos comunes, más en las distancias que en las aproximaciones; más en las pequeñeces que en las grandezas de ambos.

Si el saldo afectivo, de satisfacción y bienestar, NO cumple con la creencia, con la expectativa, con la experiencia de lo separacionque una relación de pareja debe ser, entonces inevitablemente, tarde o temprano, surge la separación. El rompimiento y el adiós serán la única salida a la situación para que cada quien elija lo mejor que quiere y le conviene, pero eso sí, comprendiendo y aceptando, que ninguno de los dos miembros, tiene deudas o saldos pendientes por pagar.

Se hacen las cosas porque cada quien decidió hacerlas, ninguno está obligado a dar nada, la responsabilidad recae en quien toma las decisiones.

Lo único cierto es que ambos resultarán afectados por las consecuencias de dichas decisiones. Al final, cada quien hará su propio balance, ¿resultará positivo o negativo?, sólo el tiempo lo dirá.

 Siboney Pérez V.

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4 respuestas a CUANDO EL DECIR ADIÓS ES LA ÚNICA SALIDA

  1. Maria Prato dijo:

    Gracias Siboney, tus artículos son sumamente terapéuticos y nos inspiran a reflexionar profundamente. Thanks a lot

  2. ligia margarita cabeza dijo:

    Tan cierto, tan duro, tan real

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