PHILOMENA

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Philomena sólo desea conocer la verdad para conseguir paz espiritual

Esta película cuenta la historia real de Philomena Lee, una irlandesa de 68 años con un trágico relato, quien en los años 50 era una adolescente de clase humilde en Irlanda que, al ignorar todo sobre sexualidad, fue seducida en una relación casual. Al quedar embarazada,  su padre la encerró en un convento para ocultar su “condición” y su vergüenza. Como era tradicional en estas instituciones, Philomena trabajaba para pagar su estancia y los costos de su parto y después, la manutención de su hijo.

Cuando el pequeño cumplió tres años, sin consultarle, las monjas lo dieron en adopción. Al enterarse de ese pasado que le causa tanto dolor a su madre, la hija de Philomena, pide ayuda a un periodista caído en desgracia para encontrar al niño arrebatado por la fuerza. Sixsmith, el periodista, accedió a conocer a la protagonista de su historia, y quiso a ayudarla a encontrar a su hijo perdido. Cuando la hija de Philomena le propone que ayude a su madre a encontrar al niño dado en adopción, este periodista ve la oportunidad de revivir su carrera y redimirse profesionalmente.

Philomena entró a los 6 años a estudiar en un internado católico. Cuando se graduó, de 18, salió por primera vez al mundo real y pronto se dio cuenta de que las monjas habían omitido muchas cosas en su educación. Entre ellas, de dónde vienen los bebés. Una tarde, Philomena conoció a un joven. Meses más tarde, cuando comenzó a crecerle la barriga, se enteró de que estaba embarazada. Su padre, avergonzado, la envió al convento irlandés para esconder el embarazo. Allí tuvo a su hijo Anthony, era el año 1952.foto-sophie-kennedy-clark-en-philomena-3-163foto-philomena-2-149

Durante los siguientes años Philomena trabajó en la lavandería del convento junto a otras jóvenes que, como ella, habían quedado embarazadas sin estar casadas. Las monjas les repetían constantemente que habían cometido un pecado mortal, y que por eso estaban obligadas a dar a sus hijos en adopción. Era el castigo justo por ceder ante sus apetitos carnales. Pero no les quitaban a los niños inmediatamente, sino que las dejaban verlos una hora al día, hasta el momento en que sus nuevos padres se los llevaban. Cuando Anthony nació, las monjas obligaron a su madre a firmar un documento en el que renunciaba a él y juraba nunca intentar contactarlo.

Philomena vio crecer a Anthony durante tres años, hasta que un día, sin siquiera avisarle, una mujer lo adoptó. Philomena gritó su nombre, desesperada, y corrió hasta las puertas del convento, donde lo vio alejarse. Ella se queda sólo con una fotografía. Abandonada por su padre, Philomena siguió trabajando para la Iglesia. Luego estudió enfermería se casó y tuvo otros dos hijos. Jamás le dijo a nadie de Anthony, porque recordaba cómo las monjas le habían hecho creer que se iría al infierno por sus supuestos pecados.

Nunca olvidó a su primogénito. La incertidumbre de lo que había pasado con su hijo, la llevó a visitar el convento varias veces en busca de ayuda para encontrar a su hijo. Pero las monjas se negaron a darle información. Philomena siguió guardando su secreto hasta que una noche le confesó todo a su hija Jane. La hija buscó la ayuda de Sixsmith y juntos dedicaron los siguientes cuatro años a encontrar a Anthony.

Sixsmith se embarca en un viaje que los llevará a Irlanda a tratar de sacar información de las monjas, quienes aseguran que, aunque quisieran, no puede darles nada puesto que todos sus archivos de la época se quemaron en un incendio. Sin embargo, el papel firmado por Philomena rechazando su derecho a saber el paradero de su hijo, sí se salvó de las llamas y las monjas no tienen reparo en enseñárselo. Lo único que Sixmith alcanza a investigar es que el niño fue dado en adopción a una familia en Washington.

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Philomena y Sixmith emprenden juntos el viaje hacia Estados Unidos. Su única pista era que al niño lo había adoptado una pareja de estadounidenses. El periodista revisa miles de archivos nacionales y de la Iglesia, trámites de agencias de adopción y finalmente los obituarios de periódicos norteamericanos, donde encontró que Anthony, cuyo nombre había sido cambiado a Michael Hess, había muerto en agosto de 1995. Sixsmith volvió a los archivos, viajó a Estados Unidos, buscó entre los registros de universidades locales y los del Partido Republicano y confirmó que ese era el hijo perdido de Philomena.

Michael creció en St. Louis, Missouri, estudió Derecho y se convirtió en abogado. Su éxito público no reflejaba sus problemas más íntimos, Michael era homosexual y vivió atormentado por no saber de dónde venía ni quién era su madre. Por eso viajó dos veces a Irlanda y les pidió a las monjas que le ayudaran a encontrar a su madre. Ellas le dijeron que no tenían manera de contactarla, a pesar de que Philomena ya había estado allí preguntando por él. Además, los tíos de Michael vivían a pocas cuadras del convento, pero las monjas también omitieron esa información.

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Michael contrajo sida. Poco antes de morir, volvió al convento y pidió permiso para ser enterrado allí, a cambio de esa concesión, donó una generosa suma de dinero al convento.

La búsqueda de Michael no tuvo un final feliz para Philomena, pero sí ayudó a revelar los crímenes que la Iglesia cometió durante décadas. En su investigación Sixsmith encontró que, como Philomena, miles de mujeres fueron enviadas a conventos entre los años cincuenta y setenta a tener a sus hijos en el anonimato.

Aunque el film está diseñado para que junto con los protagonistas, vayamos descubriendo poco a poco las pistas que nos llevarán al paradero del hijo de Philomena, lo importante es la convivencia diaria que ambos personajes muestran y de cómo han adoptado una diferente postura ante la vida. Lo interesante son las miradas que se entrecruzan, la de una madre católica y la de un intelectual ateo.

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Es emocionante la búsqueda que esta señora, ayudada por el periodista Sixsmith, emprende muchos años después para buscar a su hijo. Emotivo es también el hecho de que Philomena, a pesar de todos los pesares, conserva su fe en Dios y consigue equilibrar la acusación y el perdón. Digno de destacar es la relación de amistad entre Philomena, creyente, y el periodista, un  ateo. Es un film que combina la denuncia social con reflexiones sobre la fe y la teología moral.

Philomena sólo desea conocer la verdad para conseguir paz espiritual. De su lado, el periodista, busca la verdad, pero desde otro ángulo, y lo hace por convicción moral y por necesidad laboral. Son compañeros en un viaje que va tras un pasado oculto, que los obliga a reafirmar sus actitudes y creencias. Las antagonistas en este caso son unas religiosas que creen haber hecho lo correcto, según unas determinadas pautas de conducta.

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Siboney Pérez V.

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