CUANDO NOS ENGAÑAMOS POR LAS APARIENCIAS

En nuestras vidas muchas veces suceden cosas que podríamos catalogar como “extrañas”, “raras”, “sorprendentes” por el solo hecho de haber emitidos juicios de valor basado en una apariencia, actitud, comportamiento o expresión.

Hay una canción de Rubén Blades que se llama “La vida te da sorpresas” y así nos pasa casi a diario, sorpresas nos da la vida, cuando por un solo aspecto de algo que nos ha llamado la atención de una persona o situación, generalizamos y actuamos en consecuencia.

¿Cuántos espejismos tenemos que derrumbar para darnos cuentas de lo equivocados que estamos por actuar bajo las primeras impresiones?, ¿cuándo los demás no cumplen con lo que esperábamos de ellos?. ¿Cuántos desencuentros y cuántas paradojas suceden por esto? El juego de las apariencias atraviesa cualquier de nuestras historias y nos sumerge en una trama de interminables equivocaciones.

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¿Qué están viendo tus ojos realmente?

Emitimos el juicio y condenamos o liberamos, según sea el caso, pero la duda, la incertidumbre, la posibilidad de equivocarnos está ahí. Y es que, la apreciación externa que hacemos sobre una persona o situación, no siempre es la correcta. Cuando vemos a una persona por primera vez, observamos su aspecto externo. Nos fijamos en su ropa, en su rostro, en sus adornos y deducimos como es esa persona. Y es que tendemos a juzgar sin conocer, juzgar sin pausa y sin preguntar. Es parte de nuestra naturaleza humana desde que el mundo es mundo.

Según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), apariencia tiene cuatro acepciones 1. Aspecto o parecer exterior de alguien o algo. 2. Verosimilitud, probabilidad.  3. Cosa que parece y no es. 4. En el teatro, escena pintada sobre lienzo o representada con actores y muñecos, oculta por una cortina que se descorre en cierto momento de la representación.

El teatro de la vida, ahí es donde ocurren nuestros dramas, nuestras ilusiones y desesperanzas, nuestros triunfos, nuestras tragedias y comedias. Donde la realidad transcurre tal y como es.

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El teatro de la vida y sus apariencias

Las personas y las cosas llaman nuestra atención por su “buena o mala” imagen, e inmediatamente después tenemos una primera “impresión” de la imagen que ha llamado nuestra atención. Por lo que parecen ser y no son y por lo que son y no aparentan.

Lo que generalmente sucede es que una vez que nos sentimos atraídos por la impresión de esa imagen, nuestra mente se pone a trabajar automáticamente para darle forma y encajarla a todos los aspectos que han atraído nuestra atención con base a la imagen que hemos creado. Sin embargo, al no saber nada de las personas o cosas que nos están impactando, tratamos de descubrir y deducir su forma de ser, tomando como referencia la imagen que nos hemos formado.

Más temprano que tarde, las fachadas, las máscaras, los disfraces que le hemos puestos a los otros, se despintan, se corren y el verdadero color, el verdadero rostro sale a la luz y se revela ante nosotros. Cuando eso sucede, sentimos que nuestras expectativas han sido defraudadas porque se da la inevitable diferencia entre lo que se ve y lo que se es realmente.

Dicen unos refranes populares “No juzgues a un libro por su portada”, “no todo lo que brilla es oro”, y muchas otras frases que hemos escuchado con el pasar de los años pero, ¿qué tan importantes son en realidad? ¿Por qué no debemos confiar en lo que las personas dicen o aparenta ser?

Es tan fácil dejarnos engañar por lo que nuestros ojos nos muestran, pues es lo que se “VE” como real. Pero la verdad es otra muy diferente, debemos aprender a ver con los ojos de nuestra alma y así alcanzar a ver el corazón de los demás. Lo que está por fuera no siempre muestra lo que está por dentro. En nuestras manos está dedicar más  tiempo a esa persona, darnos la oportunidad de conocerla y descubrir cómo es realmente.

El verdadero valor de las personas se encuentra en el interior. Y no sólo debemos aplicarlo a las personas, sino también a las distintas situaciones que se nos presentan en la vida, debemos valorarlas en profundidad y no sólo superficialmente.

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“Caras vemos, corazones no sabemos”

Hay un refrán que dice: “Caras vemos, corazones no sabemos” y cuánta razón hay en estas palabras. Juzgamos por lo que vemos y lo que vemos muchas veces no es lo cierto, no es la realidad; es la consecuencia de algo que no queremos ver o simplemente no conocemos.

Servimos de espejos a los demás y viceversa, vemos en el otro lo que a veces no aceptamos en nosotros mismos, cosas que no queremos ver y el otro, simplemente nos lo recuerda, nos lo devuelve en nuestro propio reflejo.

Sin embargo, llega el instante, en que algo inesperado ocurre, algo que nos anuncia o nos pone en evidencia, que esa imagen que proyectamos en el otro, es sólo apariencia, imagen que ponemos allí para ocultarnos, ocultar esos aspectos que se hallan detrás. Es tener el nuevo descubrimiento que hace tambalear nuestras medio certezas que dan consistencia y firmeza a nuestro mundo. Es un despertar y una vuelta a la realidad.

“Soñaba el ciego que veía y soñaba lo que quería”, dice el viejo refrán popular. Nos engañamos por nuestras propias miradas, la opinión que nos creamos de algo o de alguien se basa en los diferentes prejuicios que tenemos.

Hay una historia que quiero relatar llamada “El árbol de peras” y cuenta lo siguiente: Había un hombre que tenía cuatro hijos. El buscaba que sus hijos aprendieran a no juzgar las cosas por la primera impresión que producen. Por ese motivo, el sabio padre decidió enviar a cada uno de sus hijos, por turnos, a ver un árbol de peras que estaba a una gran distancia.

Cuando todos ellos habían ido y regresado, el padre los llamó y les pidió que le describieran lo que habían visto. El primer hijo, que fue en invierno, contó que el árbol era horrible, doblado y retorcido. El segundo hijo, que fue en primavera, no estuvo de acuerdo y dijo que el árbol estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas.

El tercer hijo, que lo vio en verano, tampoco estuvo de acuerdo con sus hermanos y lo describió cargado de flores, con un aroma muy dulce y muy agradable: era la cosa más hermosa que jamás había visto. El último de los hijos, que visitó el peral en otoño, no estuvo de acuerdo con ninguno de sus tres hermanos, y les explicó que el árbol estaba maduro y marchitándose de tanto fruto, lleno de vida y de satisfacción.

Entonces el padre, con cariño, les explicó que todos tenían razón, porque cada uno de ellos había visto una de las estaciones de la vida del árbol. Les recordó que, en la mayoría de los casos, las apariencias engañan. Y, además, les enseñó a no juzgar las cosas viendo sólo uno de sus aspectos, puesto que la esencia de lo que son, el valor auténtico de lo que vemos, a veces sin entenderlo, sólo puede descubrirse a partir de una observación atenta y apoyándonos en evidencias que maten los juicios que nos hemos formado.

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Lo que realmente podemos entregar al otro es lo que nace del corazón

La apariencia no es la verdad. Debemos detenernos a pensar que lo más valioso de una persona no se consigue sólo al mirar su físico, sus ropas, sus adornos, sino al interactuar con ella, es ahí donde realmente conoceremos como es, quien realmente es.

Lo que realmente podemos entregar al otro es lo que nace del corazón, el desprendimiento que podemos tener en nuestras almas, de dar lo único que tenemos para vivir: nuestras propias vidas, lo que somos realmente. Hemos olvidado lo que es ver con el corazón.

Hay un pasaje en el libro de Antoine de Saint Exupéry, El Principito, donde relata que el pequeño niño se encuentra con el zorro y, al despedirse, le da su secreto “Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.”

¿Qué están viendo tus ojos realmente?

Siboney Pérez V.

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4 respuestas a CUANDO NOS ENGAÑAMOS POR LAS APARIENCIAS

  1. jannincv dijo:

    Excelente artículo un enfoque de pocos que puede ayudar a muchos. Gracias por compartir

    • Siboney dijo:

      Jannin, muchas gracias por leerme y darme feedback sobre mis artículos. Yo también me nutro mucho con los tuyos. Bienvenida a compartir conmigo este camino y a enriquecernos mutuamente para beneficios de los otros. Recibe un fuerte abrazo.

  2. Mairym dijo:

    ” Sin embargo, llega el instante, en que algo inesperado ocurre,…” y solo resta aceptarlo, dejar que ocurra….. ” Lo que realmente podemos entregar al otro es lo que nace del corazón “……”En nuestras manos está dedicar más tiempo a esa persona, darnos la oportunidad de conocerla y descubrir cómo es realmente.”……Definitivamente, la sabiduría de una Guerrera…gracias por las cápsulas de vida…..Inmejorable artículo y experiencia de vida 🙂 …….

    • Siboney dijo:

      Muchas gracias Mairym por tu comentario. Me alegra que pueda servirte en algo lo que escribo y que lo tomes como una cápsula de vida. Toda experiencia nos deja un aprendizaje. En nosotros está como lo calificamos, siempre nos hace crecer. Recibe un abrazo

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