EL ALMA QUE ENAMORA AL AMOR

Dicen los poetas que el amor es azul y la pasión se tiñe de rojo. Ciego, vehemente, dulce, amargo, fugaz, profundo, como quiera que se le califique, denomine o llame, el Amor es una de las emociones más noble, poderosa, llena de energía y sublime que existe dentro del conjunto de emociones primarias o básicas con las que venimos equipados.

Poetas, científicos, filósofos, trovadores y amorbardos, han querido explicar ¿qué es el amor?, palabra escurridiza que se resiste a quedar marcada por sus cuatro letras en definiciones elaboradas, pensadas, para volverse intangible, sólo asequible por los sentimientos que nos despierta y suscita entre nosotros.

Hablamos de diferentes tipos de amor, entre amantes, padres e hijos, amigos, por los animales, por el que sentimos por abstracciones humanas como la belleza, la justicia, la paz, siendo en sí mismo el amor, una abstracción, una entelequia.

¿Cómo podemos nombrarlo, aprehenderlo, guardarlo en nuestros corazones?, si es algo tan etéreo ¿cómo sabemos que lo sentimos?

Quiero recurrir a la Mitología, para encontrar allí las raíces de sus primeras concepciones, sus primeras elaboraciones, los primeros atisbos de que sólo cuatros letras puedan contener algo tan hermoso e infinito que llamamos Amor, recurrir a una de las más bellas historias de amor que se puedan contar.

Los mitos son piezas maestras, donde sus protagonistas realizan experiencias transformadoras. Son relatos o tradiciones que intentan explicar el lugar del hombre en el universo, la naturaleza de la sociedad, la relación entre el individuo y el universo que percibe y el significado de los acontecimientos de la naturaleza.

Cuenta el Mito que Psique (es la personificación del alma humana), era la hija menor del Rey de Anatolia. Su inigualable belleza la mantenía aun soltera ya que nadie se atrevía a pedir su mano de tan hermosa que era.

Los habitantes de su aldea, decidieron adorar la belleza de Psique y se olvidaron de Afrodita, la diosa del amor. La Diosa Afrodita (Venus) estaba tan celosa y llena de furia, que ordenó a su hijo Eros, el dios del amor y el más joven del Olimpo (Cupido en la Mitología Romana), que castigara a la atrevida mortal. Por eso, algún tiempo después, un oráculo mandó al padre de Psique, bajo la amenaza de una terrible calamidad, que llevara a su hija a una roca solitaria donde sería devorada por un monstruo.

El Dios Eros, cuando vio a la princesa que tenía que morir en la boca del monstruo que la esperaba abajo, quedó tan impresionado por su belleza que tropezó y se pinchó con una de sus propias flechas, las mismas flechas que utilizaba de manera tan certera para llevar el amor súbito tanto a los mortales como a los dioses.

Hechizo-Para-Enamorar1Así fue como Eros se enamoró de la persona que su madre le había mandado eliminar. Temblando, pero resignada, Psique estaba esperando en su roca solitaria la ejecución del oráculo, cuando de repente se sintió suavemente elevada por los vientos; era Céfiro, el viento del Oeste, que la llevó a un valle donde quedó dormida, sobre un verde césped.

Al despertar, se encontró en el más exquisito palacio que pudiera imaginar, un magnífico palacio de oro y mármol que comenzó a explorar. Las puertas se abrían y voces celestiales e incorpóreas la guiaban y se presentaban como sus esclavas que la exaltaban a pedir los más deliciosos manjares, los más bellos vestidos y las más finas joyas, más no le respondían acerca de su marido, sólo le pedían paciencia hasta que cayera la noche.

Cuando cayó la noche y Psique estaba a punto de dormirse, un misterioso ser la abrazó en la oscuridad, explicándole que él era el esposo para el cual estaba destinada. Ella no conseguía ver sus rasgos, pero su voz era dulce y su conversación llena de ternura. Su relación se consumó, pero antes de que volviera la aurora, el extraño visitante desapareció, haciéndole prometer primero a Psique que jamás intentaría ver su rostro.

Psique estaba satisfecha con su nueva vida. No le faltaba de nada excepto su encantador esposo, que para evitar la ira de su madre, se presenta siempre de noche, en la oscuridad y prohíbe a Psique cualquier indagación sobre su identidad. Sin embargo, ella se fue haciendo presa de la nostalgia y una noche pidió a Eros que la dejara visitar a sus hermanas. Eros accedió a cambio de lo que le había hecho prometer a Psique.

Visitó entonces a sus dos hermanas que, devoradas por la envidia, sembraron en su corazón las semillas de la sospecha, de la duda, diciéndole que su esposo debía ser un horrible monstruo para esconderse así de ella. La criticaron y presionaron tanto que una noche Psique, a pesar de su promesa, se levantó de la cama que compartían, con disimulo encendió una lámpara y la sostuvo encima del misterioso rostro.

En vez de un espantoso monstruo, contempló al joven más hermoso del mundo, el propio Eros. A los pies de la cama estaban su arco y sus flechas. Su conmoción, gozo y sorpresa fueron tan grandes cuando descubrió el bello rostro del mismo Eros compartiendo su cama, que quedó absorta en su contemplación, entonces Psique tropezó y se hirió con una de las flechas, y por eso acabó por enamorarse profundamente del joven dios. Pero su movimiento hizo que una gota de aceite caliente alma y amorcayera sobre el hombro desnudo del dios. El bello amante se despertó sobresaltado y con profunda decepción, le recordó su advertencia e inmediatamente desapareció.

El palacio desapareció también y la pobre Psique se encontró en la roca solitaria otra vez, en una espantosa y cruel soledad. Psique, al ver desaparecer a Eros, se lanzó de cabeza a un río cercano quien, por miedo al dios, no permitió que se hiciera daño, depositándola en una amable ribera. El dios Pan, viendo el profundo dolor de Psique, se le acercó y le dijo: – Deduzco que te ves atormentada a causa de un gran amor. Hazme caso, no te eches a perder lanzándote al vacío, ni con ninguna otra forma de cita con la muerte. Abandona el dolor y la tristeza e invoca suplicante al mayor de los dioses y muéstrate dulcemente sumisa.

A partir de este momento, Psique comienza a deambular enloquecida en la búsqueda de su verdadero amor. Lo primero que hace es llegar al reinado de sus hermanas y, engañándolas, hace que se precipiten a la muerte, una primero y otra después, desde la misma roca en la que supuestamente ella perdería su vida. Después de esos encuentros, camina perdida, como suele suceder cuando se pierde al Amor.

Mientras tanto, una gaviota aliada de Afrodita se le acercó a ésta para informarle de la herida de su hijo y de cómo éste había decidido instalarse en el lecho materno mientras se recuperaba. La diosa le pregunta si es verdad que su hijo anda enamorado, a lo que la gaviota contesta afirmativamente y acto seguido, Afrodita oye el nombre de su odiada Psique como responsable de ese amor. Se lanza encolerizada a buscar a su hijo, encontrándolo en su dorado tálamo donde lo increpa con humillantes improperios y amenazas; tal era la ira que sentía ante su traición.

Al salir de su casa, se encuentra con Deméter y Hera quienes, conociendo la situación, abogan por Eros, recordándole que ya éste había crecido y que lo esperado era que se enamorase, y terminan diciéndole: – ¿Qué dios o qué hombre puede entender que, sembrando pasiones como acostumbras por todas partes, pretendas reprimir ahora en tu casa los amores del Amor?. Afrodita con coraje las deja plantadas.

Mientras tanto, Psique no paraba de ir de un lado a otro buscando desesperada rastros de su esposo. Entró al templo de Deméter y luego al de Hera. En ambos les suplicó a las diosas que la ayudaran pero éstas, le informaron de la furia de Afrodita y se negaron a oír los ruegos de la desdichada aconsejándole que se entregara. Al tiempo se enteró de que Afrodita, utilizando a Hermes como mensajero, había ofrecido recompensa para quien le informara de su paradero, por lo que finalmente decidió dirigirse al encuentro de la diosa.

Fue recibida por una de las criadas, Costumbre, quien insultándola, la llevó a la presencia de Afrodita. Ella la entregó a otras dos criadas, Soledad y Tristeza, para que la martirizaran aún más sabiendo de su embarazo cuyo fruto no reconocía como parte de su familia. Al devolverla a presencia de su señora, ésta se le echó encima y le hizo trizas los vestidos. Mezcló gran cantidad de diferentes granos y le aclaró que debía separarlos y distribuirlos por clase antes del anochecer, y dándole la espalda se alejó.

Psique, desesperada, ni siquiera intentó acercarse al montón de granos. Entonces, una hormiga, al darse cuenta de la dificultad del trabajo, se compadeció de la muchacha y fue de un lado a otro convocando a las hormigas de los alrededores, diciendo: – Compadezcámonos de esta hermosa muchacha, esposa del Amor y salvémosla del peligro que corre.

Una tras otra se pusieron en movimiento, y al tenerlas clasificadas, desaparecieron sin dejar rastro.

corazon playa

A la caída de la tarde apareció Afrodita, quien al ver terminado el trabajo, le dijo: – Ni tú ni tus manos hicieron este trabajo, sino aquel a quien sedujiste para tu desgracia y la suya. Y se fue a dormir después de arrojarle un trozo de pan.

En la mañana del día siguiente, Afrodita llamó a Psique para encargarle otro trabajo, debía traerle un vellón de lana dorada de unas ovejas que pastan en un bosque cercano. Hacia el bosque se dirigió Psique con la intención de arrojarse al río que lo atravesaba. Al llegar a la orilla del río, una caña verde le dijo: – No manches con tu desventurada muerte la santidad de mis aguas, ni se te ocurra acercarte a esas terribles ovejas porque mientras reciben el calor del sol suelen ser poseídas por una fiera excitación y atacan a los hombres dándoles muerte. Cuando se haya aplacado la luz del mediodía y las ovejas estén distendidas, podrás recoger la lana dorada que se engancha en el follaje. Así fue como esta sencilla caña le mostraba a Psique el camino a su salvación.

Ni siquiera el peligro de esta segunda acción mereció el reconocimiento de Afrodita quien apenas vio llegar a Psique con el encargo, la mandó a su tercera tarea, traerle una vasija de cristal llena con agua del manantial, que se encuentra en lo alto de una escarpada montaña, que da origen a las lagunas Estigias.

Empezó a subir la altísima montaña, con la seguridad de que en lo alto encontraría el fin de su vida, pero la angustia de aquella alma inocente no pasó desapercibida porque, de repente, acudió a su lado el ave real del supremo Zeus, el águila, quien le quitó la jarra llenándola con el agua solicitada.

Psique consiguió volver con la tarea cumplida. Pero ni así se apaciguó la crueldad de la diosa, quien de inmediato le entregó una cajita diciéndole que debía ir hasta el Orco y decirle a Perséfone: “Afrodita te ruega que le pongas en ésta caja un poco de tu hermosura, pues la que ella tenía la ha perdido cuidando a su hijo enfermo, y se le ha marchitado”. Entonces fue cuando Psique sintió más de cerca su destino final al comprobar que se le estaba llevando a una muerte segura. Sin pensarlo más, se subió a una torre altísima desde la cual pensaba arrojarse, pero la propia torre le habló haciendo que desistiera de su idea y explicándole, paso a paso, cómo podría llegar directamente al encuentro con la diosa de los infiernos.

Psique emprendió su carrera siguiendo al pie de la letra lo que la torre le había recomendado, con tanta minuciosidad que finalmente llegó a los pies de Perséfone a realizar la cuarta y última prueba, Afrodita le pidió que bajara incluso al mundo subterráneo, al Hades, a donde ningún mortal puede ir, el reino de los muertos, a pedirle a la Diosa Perséfone que le diera esencia de la inmortalidad o Juvencia, para ungirse con ella. Perséfone se la dio en una cajita de oro, advirtiéndole que no la abriera de ninguna venus1manera, que lo que hay en ella es sólo para Afrodita. Psique, tentada por el poder que podría darle lo que había en esa caja, olvida que la curiosidad ya había arruinado una vez su vida, y lo abre, pero en vez de encontrar poder, encuentra sueño eterno.

Mientras tanto, Eros ya se había recuperado de su herida y se marchó volando hasta Psique. Al encontrarla, recogió la adormidera, la volvió a colocar en la caja y despertó suavemente a su amada para que siguiera su camino hasta Afrodita, mientras él se dirigió a hablar con Zeus para exponerle su caso.

Zeus, tomando partido por Eros, mandó a Hermes que convocara la asamblea de los dioses, donde informó de su deseo de que se celebrase el matrimonio entre Eros y Psique. Para tranquilizar a Afrodita le comentó que haría inmortal a su nuera, mandando a Hermes para que raptara a Psique y le ofreciera una copa de ambrosía.

Inmediatamente se sirvió una copiosa cena de bodas celebrada por todos los dioses incluyendo a Afrodita, quien danzó al ritmo de una suave melodía. Y así fue como Eros y Psique, tras atravesar muchos obstáculos, pudieron estar juntos por siempre. Consumaron su amor, y tiempo después, nacería su hija Hedoné, cuyo nombre significa placer.

Cada uno de las partes de este hermoso mito, busca que entendamos el comportamiento de la psique (alma) del ser humano en función del amor (Afrodita) y la pasión (representada por Eros). Expresa, en principio, que la belleza de psique (el alma), es diferente a la belleza del amor (Afrodita), la cual es confundida frecuentemente por todos nosotros; la belleza del alma es algo puro e intocable, la cual todos desean pero no se atreven a tener. Pero el alma en sí, necesita de un elemento que le permita traspasar el umbral de la espiritualidad y esto se logra a través del amor y de la pasión, como los factores que pueden producir transformación y movilización en el ser humano, para nutrirnos de imágenes y experiencias nuevas que constituirán nuestro modo de vida y destino.

Al aceptar su destino, el alma se prepara para morir y entonces existe un cambio de vida y un avance cíclico, en todos los seres humano, recordando que todos en algún momento tendremos acceso a Psique o a Eros.

Este amor verdadero, conllevará a un sufrimiento y a un estado de ansiedad y tristeza, las cuales serán superadas una vez sobrepasadas las pruebas que este amor viene a brindarnos. Pareciera ser que el verdadero amor entonces, será verdadero si hay sufrimiento y dolor.

03_ West, Benjamin - Cupid And PsycheCuando el Alma (Psique) está detrás del amor nos enriquecemos como seres humanos porque contribuye a que entendamos que cuando conocemos al verdadero amor, y conforme el alma se va movilizando hacia su verdadera realización, produce una calma y un bienestar, el cual permite canalizar bien las energías que van apareciendo cuando estás en presencia del verdadero amor; entendiéndose este último, no sólo como el amor hacia otro ser humano, sino como un ideal por lo cual debemos luchar hasta obtenerlo.

Eros produce e inspira la invisible e inexplicable simpatía entre las personas, aproxima, mezcla, une y multiplica como símbolo de amor, de unión y afinidad universal.

El amor ciega para extinguir la falsa visión cotidiana, de tal manera que pueda abrirse otra visión en nosotros que sea capaz de percibir de un alma a otra alma. El sentimiento del amor es un acto de fe en otra persona, y su rostro debe seguir envuelto en el velo del misterio. Debe ser vivido y disfrutado en cada momento, porque en cuanto intentamos entenderlo, desaparece su encanto, su embrujo, la verdadera magia.

Valora las relaciones de amor que tengas en tu vida, cualquiera que ellas sean, por el amor se arriesga todo y se gana. Cuenta tus ganancias, porque perdiendo, también se gana, porque perdiendo podemos sacar algunas aprendizajes de nuestras propias experiencias afectivas.

Por esta razón, necesitamos tener relaciones más profundas, a través de las cuales nos realicemos nosotros mismos, vínculos donde la autorrevelación sea posible, donde el interés por el alma y el amor por ella sean capitales, y donde el Eros pueda moverse libremente, en el matrimonio, en la familia, o entre amantes y amigos. El Alma que enamora al Amor mismo.

“Conocemos la verdad no sólo por la razón, sino por el corazón” Blaise Pascal

amor alama

Siboney Pérez V.

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