MI EXISTENCIA

¿Quién espera por mí detrás del espejismo de mi inocencia?

¿Dónde está la sombra de mi pasado, el cual desgarró mi alma y oscurece la luz de mi realidad?

Mar confuso entre los colores de las mil caras de mi juventud; ¿por qué has de irte de mi lado si ante ti me confundo como las hojas del invierno se confunden con las lágrimas de mi tristeza?

Tristezas que caen como gotas de sangre ante el dolor reprimido por búsquedas en vanos y silencios eternos.

Floto entre las nubes que se forman en los ojos de los otros corazones porque el mío es impaciente, y en su afanosa turbulencia, pide clemencia ante los abismos formados entre mi realidad y lo que es mi existencia.

Estoy aquí, pero mi presencia no es eterna y en el horizonte, mi verdad se desvanece como los suspiros de las grandes ausencias.

No me iré aún cuando las fuerzas de mis silencios me obligan a sucumbir, mi rostro se moja y borra los secretos de mi infancia, que del pasado no escapará.

Veo estrellas que ante mí se inclinan para darme el goce de la paz espiritual ¿podré aceptarlo? Diáfana voz que se esconde tras el brumoso ruido dejado por el río de nuestras lágrimas viajeras.

La muerte sigue mis pasos para vengarse ante mi ingenua rebeldía, por ella espero, y cuando llegue la hora que paralice mi visión del universo, me enfrentaré a ella en un combate decisivo por la libertad de mi espíritu.

Sí ella es más fuerte que yo y logra vencer la pureza de mi ser, retomaré el vuelo hacía la búsqueda eterna de lo inalcanzable y vagaré por la ruta del infinito.

Sí yo soy quien logra vencer a la muerte, que no es otra cosa que la sombra de mi pasado, podré alzar mi puño, no como vencedora en señal de triunfo, sino, como alma pasajera que ha encontrado el camino de la verdad y en cuyas manos se posa por vez primera el sueño prometido de la felicidad.

“La felicidad es un relámpago que se desvanece y no torna. Para no olvidar, ¡ah!, su existencia, es preciso embalsamarla en un recuerdo”. Teófilo Gautier.

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SIBONEY PÉREZ V.

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EL TRATO HACIA LOS DEMÁS

Es muy difícil construir relaciones duraderas y es muy fácil destruirlas. Insultamos a nuestros seres queridos con arrebatos de cólera, perturbamos la paz del hogar y ofendemos a otros con ofensas y calumnias. No tuvimos intención de humillar, calumniar o insultar a los amigos ni de tratar despectivamente a los demás; pero por falta de control, prudencia y cuidado, nuestro temperamento se disparó de manera descontrolada, hiriendo a todos los que encontró a su paso y dando un lastimoso espectáculo.

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Bill Bryson y Swett Marden, sostienen en su libro “Mente, Cuerpo y Espíritu” que aunque algunos crean que no pueden dominar su temperamento, ya que sus estallidos acontecen sin pensarlo, lo cierto es que siempre estamos en control.

Todos podemos regular nuestra manera de pensar y nuestras emociones, de manera que nuestro cuerpo no funcione nunca de forma inadecuada, ni el cerebro actúe jamás a su antojo. Hay personas que nunca pierden la serenidad. Personas en cuya presencia no se nos ocurriría perder los estribos; en su presencia siempre estamos en control. Pero en la intimidad del hogar, donde nadie nos reprime, o delante de un empleado, muchas veces solemos perder el control a la más mínima  provocación.

Esto demuestra que podemos dominarnos más de lo que suponemos. Desafortunadamente, en la mente y en el corazón de muchas personas anidan rencores, celos, envidias, antipatías y prejuicios que, si bien no se manifiestan de forma violenta, van creciendo en el interior hasta envenenar el alma.

Hay un postulado principal de la ley de la atracción: Atraerás hacia ti aquello que se asemeja a lo que ya se encuentra dentro de ti.

Nuestra conducta cambiaría si tuviésemos cuidado con la manera como tratamos a los demás, con nuestros modales y hasta con el tono de voz que utilizamos al dirigirnos a ellos. Los modales son un lenguaje muy influyente en nuestra actitud y en la de cuantos nos rodean.

Muchos malentendidos entre las personas provienen del tono de voz, porque la voz manifiesta nuestros sentimientos y actitud respecto de los demás. El tono áspero, que expresa contrariedad y una pobre disposición de ánimo, puede suavizarse. Si cuando la rabia nos enciende la sangre bajáramos el volumen de la voz, lograríamos apaciguar la exaltación.

Seria mucho mayor la felicidad en el hogar si todos los individuos de una familia acordaran no gritarse nunca. Del tono de voz sarcástico, burlón o resentido, deriva, en gran parte, no sólo la infelicidad en el hogar, sino también las pobres relaciones en la vida social y en los negocios.

images (12)Las personas quisquillosas que se molestan y se enojan por simples tonterías, denotan con ello que no son lo suficientemente nobles como para dominar la situación y mantenerse en equilibrio. Su actitud iracunda indica que poseen una actitud pesimista y negativa contra todo lo que les rodea y por ello son victimas de la situación, en vez de dominarla.

No hay espectáculo más lastimoso que el de una persona cuya rabia o cólera deja al descubierto su verdadera manera de ser. Pierde la razón, el sentido común y el buen juicio. Sin embargo, una vez pasado el arrebato, siente que su dignidad, decoro y estima han naufragado en la tormenta.

Las disputas en muchos hogares provienen de la incapacidad de las personas para mantener el control de su actitud mental. Ante la menor tensión, suelen tratar bruscamente aun a sus mejores amigos y a quienes más aman y dicen cosas de las que después se avergüenzan.

Recuerda que todos nosotros estamos en capacidad de impactar positivamente las vidas de aquellos con quienes entramos en contacto. Y lo hacemos con nuestro aprecio o con nuestra indiferencia, con nuestras alabanzas o nuestras críticas, con nuestra sonrisa o nuestro desprecio.

Piensa antes de hablar. Considera las consecuencias de tus palabras. Recuerda que ellas son causas y una vez pronunciadas deberás vivir con el efecto que hayan generado. Muchas personas pasan años enteros o hasta toda una vida, cargando con crueles heridas del alma, causadas inconscientemente por algún amigo querido en momentos de rabia.

¿Cuán a menudo ofendemos a quienes con mayor ternura amamos y deberíamos ayudar, sólo porque estamos de mal humor a causa de alguna contrariedad o disgusto?

Todos podemos cambiar si nos lo proponemos y muchas veces el vernos como nos ven los demás nos ayuda a realizar dicho cambio.

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EL MUNDO ES UN ESPEJO QUE REFLEJA NUESTRA PERSONALIDAD.

“La palabra es más poderosa que el cañón”.José de la Luz y Caballero

 

SIBONEY PÉREZ V.

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LA LOGOTERAPIA. UNA HERRAMIENTA PARA EL BIENESTAR EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE

Este título me puso a reflexionar en cómo la aplico diariamente a mi vida, en cualquiera de mis dimensiones: física, psicológica y espiritual. La respuesta es que lo hago siempre porque soy una unidad y multiplicidad ontológica, indivisible. Todos los días me guío por mis valores de creación: a través de mi trabajo como psicólogo psicoterapeuta, ayudando a otros a encontrar sentido de vida en sus sufrimientos personales; a través de mis relaciones familiares e interpersonales, a través de mi blog y programa de radio, ambos llevando un mensaje de crecimiento, de luz ante la oscuridad existencial. También por medio de mis valores de experiencia: poniendo amor y la verdad en lo que hago cotidianamente y en mis valores de actitud: realizándome por medio de las vicisitudes y adversidades dolorosas y, muchas veces absurdas, que tengo que vivir en mi país, dotándolas de un significado que me permita responder a la pregunta ¿para qué las estoy viviendo?, ¿para qué me quedo?

vela-001Todos los días tenemos que enfrentar pérdidas, crisis, renuncias, separaciones por la grave crisis en la que se encuentra Venezuela. Ahora bien, debido a que responsablemente y ejerciendo mi libertad de elección ante esas circunstancias, yo he decidido permanecer en él, teniendo la posibilidad de irme a otro país, asumo estas adversidades como parte del vivir y como una constante inevitable y al mismo tiempo necesarias, para crecer, madurar, aprender, desapegarme, deshacer lazos y soltar amarras para emprender otros derroteros. Es salir de la burbuja de comodidad para, en medio de la crisis, conocer mis recursos intelectuales, psicológicos, materiales, económicos, emocionales, espirituales y ponerlos al servicio de otros, que pueden estar en una desventaja mayor de la que yo me encuentro.

Es verdad que estoy transitando un camino doloroso, un camino de lágrimas y de sufrimiento, porque he despedido seres queridos, vínculos apreciados, he dejado ir parte de mí misma, y me toca aceptar pérdidas materiales y emocionales. Perder es doloroso, las pérdidas nos traen penas y sinsabores. Sin embargo, es a través y a causa de ellas, que nos convertimos en seres humanos más maduros y armónicos emocionalmente.

Cada día siento que somos llamados y demandados a crearnos en medio de las crisis, desafíos y adversidades. Cuando nos encontramos en medio de ellas, tenemos dos opciones: experimentarlas de inmediato con sus frustrantes consecuencias, muchas veces como una expresión del mal, como algo maléfico o percibiéndolas, como oportunidades. Sé que toda crisis nos invita a redescubrir la relación con el otro como un recurso inagotable de creatividad adaptativa. Sólo permaneciendo en la trama vital de la interdependencia, podemos construir factores protectores frente al sufrimiento.

Las tragedias masivas, los tiempos de guerra, calamidades, desastres naturales, crisis colectivas, son situaciones que nos obligan a dejar nuestras máscaras y entonces, compartimos nuestro dolor y sufrimiento para poder desarrollar estrategias de afrontamiento que nos permitan, no sólo enfrentar positivamente nuevas adversidades, sino, incluso, apoyar a otros que estén pasando por situaciones similares.

Nada en la vida es eterno, aunque así lo parezca cuando interpretamos nuestra realidad y todo cambio nos genera temor y resistencia. Saber adaptarse a los cambios es un símbolo de vida, dado que ésta siempre implica transformación. Muchos de nosotros tal vez quisiéramos que no se presentara el caos, dificultades, retos o cambios abruptos y repentinos en nuestra vida, pero eso sería permanecer muertos ante una gama variada de posibilidades, oportunidades y aprendizajes. La adversidad es un llamado de atención para que reflexionemos y revisemos nuestro interior, con el fin de comprender que podemos crecer como seres humanos y ser transformados, si aprovechamos la oportunidad de cambio que nos dan las experiencias que significamos como negativas.

Una adversidad es un desafío disfrazado, nos invita a dar lo mejor, a explorar qué potencial tenemos y a descubrir en nosotros nuevas capacidades y a comprender la dinámica crisis-oportunidad. Toda crisis genera cambio pero es nuestra responsabilidad darle dirección como una oportunidad para mejorar.

Reconozco que es inevitable la aparición de las crisis, retos, desafíos, dolor, sufrimiento, adversidades; lo que si es evitable es que se queden siendo parte de mi existencia. Mirar la vida desde una perspectiva amplia me ayuda a sufrir menos, a que no caiga en la “desesperanza aprendida”. Es tener una mirada desde las posibilidades y no de las carencias, es el resurgir de mis cenizas como el Ave Fénix.

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A través de la mirada y enfoque de la Logoterapia, he podido aprehender que la búsqueda de sentido no sólo tiene que ver con grandes o profundos temas, como la vida, la muerte, la libertad, el destino, el dolor inevitable, sino que se puede también encontrar en lo diario, en las actividades cotidianas, en lo que resulta un patrón de rutina, sólo que se pierde de vista el bosque para nada más ver el árbol, perdemos la totalidad de lo que resulta ser una aventura personal, una Odisea que nos transforme en seres humanos diferentes, que podemos experimentar unidad interior.

“Nada es tan cierto como la incertidumbre, si se liga el futuro, se liga la voluntad, si se liga la voluntad, se estrangula la acción”. Bernard Shaw

SIBONEY PÉREZ V.

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La Esperanza: El Suspiro que da Fuerza al Espíritu Vencedor

La esperanza es un sentimiento vital para el ser humano. El refrán popular dice: “La esperanza es lo último que se pierde y muere”. Esto desde el punto de vista psicológico también significa, que sin esperanza, sólo hay muerte y rigidez. Su origen, etimológico, viene del latín y significa sperare, es decir, esperar pero no esperar cualquier cosa, es esperar que cosas buenas sucedan, de algo que sentimos nos hará bien y que permitirá que nuestra vida llegue a ser mejor.

En las culturas latinas, se asociaba la esperanza con la respiración. Decían: “Dum spiro spero”, que se traduce en mientras yo respire, espero. En otras palabras, respirar nos hace estar vivos porque la respiración permite que fluyan en el organismo nuevas fuerzas, vitalidad. Podría decirse que la esperanza es el suspiro del espíritu, como el aire lo es para respirar, para vivir. Sin esperanza no se puede vivir porque ella es el suspiro de los espíritus vencedores.

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La esperanza hace crecer la vida, a pesar de todas las adversidades que nos toque vivir, porque ella permite que podamos superarlas y trascenderlas. Es esperar algo que en concreto aún no se ve, algo de lo que no se tiene una imagen completa pero que se confía en que algo bueno vendrá, pasará. Es un sentimiento que la vida sigue a pesar de todo y que la idea de un futuro diferente, será mejor.

Vienen a mi memoria las palabras del poeta italiano Dante Alighieri, quien en su obra La Divina Comedia, cuando inicia su viaje para ir del purgatorio al cielo, ve inscritas en el dintel de la puerta del infierno:¡Oh ustedes los que entran, abandonen toda esperanza!

Quedar sin esperanzas es, metafórica y psicológicamente hablando, perder la vitalidad, vivir en un infierno que nos quema por dentro que nos consume, nos mata. Va apagando poco a poco nuestra esencia para reducirnos a cenizas y despojarnos de sueños, anhelos, quitarnos la fe en una tierra prometida.

Es necesario una alta dosis de esperanza hacia todas las manifestaciones de la vida y de la realidad. Ciertamente estamos viviendo en un mundo complejo y muy difícil, un mundo que cada día parece romperse, un mudo tan convulsionado que nos agobia, nos aturde que nos deja muchas veces sin fuerzas.

Siempre ha habido quienes han luchado por aportar, con más o menos éxito, algo positivo. Es posible, esperar contra todo pronóstico, cuando no quedan motivos o incluso cuando todos han abandonado. La fuerza de la esperanza es que posee un calado especial, es el arma de los desarmados o más exactamente, todo lo contrario a un arma, y es ahí donde reside, misteriosamente su eficacia, es el tejido del que está hecha el alma.

El tiempo de la esperanza es además un tiempo abierto, que da paso a la creatividad, a la comunicación, al contacto con los demás. Es un tiempo de superación y continuidad que hace frente al tiempo cerrado de la desesperación, en el que la soledad se impone, en el que todo parece perdido y la persona cae irremediablemente en las arenas movedizas del pesimismo y el sinsentido. Donde Tánatos, pugna por hacerse amo y señor de la vida, de manera suave y lenta.

La naturaleza humana posee una estructura que incluye esta realidad dinámica, llamada esperanza. Ella es consustancial a la existencia humana, de modo que ésta existe, de alguna manera, en toda situación humana, por más desesperante que sea.

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La realidad humana, con toda su contingencia y limitación, alberga en sí misma grandes tesoros. Descubrir el tesoro de la esperanza es nuestra tarea vital, nos proporciona un valor terapéutico, sanador.

Los que ejercemos profesiones de ayuda, de salud, debemos tener presente que somos hombres y mujeres de esperanza, portadores de un estandarte que como fuente de bienestar, nos coloca en una perspectiva holística, integral, en estrecha relación con la vida, con la paz, en equilibrio, en armonía, con la salvación, con la sanación.

No es fácil vivir en y con esperanza cuando son palpables los problemas que enfrentamos a diario. Pero sí se puede vivir adoptando diversas actitudes. Hay quien no deja de lamentarse, quien sufre por las dificultades de la vida hasta enfermar de desesperación, pero hay también quien vive movido por un dinamismo que le lleva a hacer lo mejor, a centrarse en el amor generoso, a trabajar bajo el égida de la esperanza.

Y el que espera vive en un mundo más sano, porque centra su vida en el amor, igualmente no hay amor si no hay esperanza. Es la esperanza un ingrediente del amor. Sólo una vida comprometida en la esperanza tendrá sabor a amor y valdrá la pena ser vivida, aunque sea en la adversidad de nuestra limitación y vulnerabilidad humanas.

Solamente situándonos con una mirada esperanzadora frente a esta realidad, podremos hacer algo para reconstruir o por lo menos detener el ritmo de la destrucción hacia donde el mundo en general, y este país en particular, parece conducirse. Una realidad frente a la que no podemos ser indiferentes o simplemente sentarnos a llorar.

 

gratitudLa esperanza es realmente la fuerza, el impulso detrás de todo proyecto, plan o campaña que busca transformar una situación o crisis adversa, difícil, compleja y estructural como la que tenemos.

Nosotros estaremos muertos cuando dejamos de intentar. Pero si la desesperanza paraliza, la esperanza libera. A una sociedad que busca afanosamente la libertad, vale la pena decirle que la esperanza es pieza esencial para acceder al sentido de una existencia libre y el último suspiro que da fuerza al espíritu vencedor.

“Los vuelos naturales del espíritu humano no van de placer en placer, sino de una esperanza a otra” Samuel Jonhson.

SIBONEY PÉREZ V.

 

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I CONGRESO MILLENIA ONLINE

Fuerza, eso es lo que le sobra a Siboney Pérez V. en su conferencia “Las Manifestaciones Energéticas de la Feminidad”. La mujer del nuevo milenio se busca a sí misma, indaga en su interior para descubrirse. Es una mujer transformada, que poco a poco va ascendiendo en cuanto a conquistas y logros. Se adentra en el mundo de lo femenino para utilizar su capacidad de transformación, de creación y su potencial de realización. Las mujeres debemos reflexionar para volver a conectar con nuestra propia conciencia, la conciencia femenina que posee su propia identidad, el conocer el templo interior que habita en cada mujer, para desplegar los colores de lo maravilloso y de la luminosidad femenina.

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BRUMAS EN EL TIEMPO

Dedicado a quien fue, es y siempre será, alguien especial en mi vida a pesar del tiempo, la distancia y los olvidos.

Si alguna vez lo lees, sabrás que esa persona eres tú.

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Vaga mi mente por el paraje que me rodea y mis recuerdos se inundan de nostalgia, de saber que aquello que con ansiedad busco, no lo puedo en ninguna parte encontrar.

Sombras escondidas se van desdibujando en nuestra historia para alejarse de momentos, que ayer fueron una hermosa realidad, que se consumen en el olvido y hacen que, como niños, comencemos a llorar. ¡Qué lejos están esas vivencias!, ¡qué lejos estás tú! Y ¡cuán lejos estoy yo!

Mi corazón anhela conservar esos recuerdos, esos días, pero no puedo; son fantasmas que logran escapar haciendo de mi vida una morada vacía donde la oscuridad reina con absoluta libertad. Tantas cosas se están muriendo dentro de mí, que tenerte a mi lado sería hacerte prisionero de un mundo infeliz y se esfumarían las memorias, que es lo único que siento, me sigue uniendo a ti.

Trato de encontrarte, de verte reflejado en los rostros de la gente pero me engaño al hacerlo, porque si te viera, me daría miedo de que ya tú no fueras el mismo. Mi espíritu está en contradicción, no quiero perderte pero me alejo con el atardecer, sembrando dudas y temores que ni yo logro comprender. Es tan enigmático lo que siento que prefiero huir sin explicaciones y que el silencio cubra mi existir.

Más no puedo sacarte de mí, eres mi segunda piel, eres la razón para que mis días sean tristes y lúgubres, y al mismo tiempo, la inspiración para esbozar una sonrisa cuando en mis sueños te presentas. Tu imagen es tan vívida que siento que regreso al pasado para tenerte de nuevo a mi lado.

¿Qué hicimos con nuestro ayer?, ¿dónde lo dejamos perder? Respuestas llenas de culpas que atormentan, que aquejan martirizando el alma, haciéndola más pequeña para no volver amar, para no traicionar al ser que tantas horas colmó y al corazón mío, que con tanta devoción se entregó.

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Pongo a un lado mi orgullo para decirte esto; aunque no lo escuches, se lo grito al viento por las noches y, es posible, que la brisa que alguna vez te acaricia, sea el eco de mi voz llamándote para pedirte perdón, perdón por lo que fue y por lo que ha dejado de ser.

En estos momentos mis lágrimas no cesan, se ha ido la armonía de mi vida, y cual latigazos, siento tus ojos cuando ya no me miran; ya no encuentro la paz porque no tengo tus manos cerca de las mías. Emoción, ansiedad y alegría cada instante que te tenía; rabia, celos y frustración, si verte no podía.

He allí mi dilema, quería que fueras solo para mí a sabiendas que el amor, para que pueda crecer, hay que dejarlo ser libre. Más mi único tesoro eras tú y por la angustia de perderte, te perdí.

Irónico ¿verdad? Hoy estoy pagando el precio de que te hayas ido. No hay luz y serenidad en mi camino; no aplaco la furia que tienen mis sentidos, no tengo felicidad porque no estás conmigo.

Solo tus recuerdos me acompañan para quebrar en pedazos lo que pudo ser un mañana. No quiero que se desvanezcan, porque ellos son testigos del pasado dulce y real que me hizo conocer tu amor. Aunque hoy sean una herida abierta que nunca cicatrizará, serán por siempre las estelas y brumas del tiempo que no quiero dejar atrás.

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“El alma reserva en sí las cosas que fueron” Pero Sánchez

 

SIBONEY PÉREZ V.

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¿CÓMO MANTENER LA CORDURA DENTRO DE LA LOCURA?

Quiero comenzar con unas palabras que aparecen en 2 Corintios 4,8-9 …“que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos”.

Los seres humanos transitamos el sendero de la vida teniendo que enfrentar pérdidas, crisis, renuncias, separaciones. Las adversidades forman parte del vivir y son una constante inevitable y al mismo tiempo necesarias, ellas nos permiten crecer, madurar, aprender, desapegarnos, deshacer lazos y soltar amarras para emprender otros derroteros.

Para muchos el sendero de la vida, es un camino doloroso, un camino de lágrimas y de sufrimiento, porque al ir avanzando tenemos que dejar atrás seres queridos, vínculos apreciados, parte de nosotros mismos, dejar aquello que nunca tendremos o nunca seremos, y muchas veces, nos toca perder y aceptar nuestras pérdidas. Perder es doloroso, las pérdidas nos traen penas y sinsabores. Sin embargo, es a través y a causa de ellas, que nos convertimos en seres humanos más maduros y armónicos emocionalmente. fear-615989_1280

Somos lo que somos y nos conducimos como lo hacemos, según la manera en que hemos enfrentado las experiencias dolorosas, de crisis, de pérdidas o de renuncias. Ellas nos permiten comprender nuestra actitud ante la vida. Es necesario que pensemos acerca de la actitud que asumimos frente a las dificultades de la vida, pues de ella depende lo que se conoce en psicología como RESILIENCIA, una persona resiliente es aquella que ha pasado por experiencias y situaciones excepcionalmente difíciles y las han asumido y enfrentado, es decir, es capaz de hacerle frente a las más diversas adversidades que le pone la vida por delante.

Los momentos en los cuales afrontamos una adversidad, crisis, dificultad, una pérdida o un revés, constituyen oportunidades para probar de qué material emocional, psicológico y espiritual estamos hechos, para probar qué es lo que nos sostiene de pie en la vida.

La manera como experimentamos la realidad no es la misma de un día para otro, cambia rápidamente y debemos entonces diseñar y plantear nuevas estrategia de adaptación porque surgen nuevas exigencias y nuevas discrepancias, y en esta intensa dinámica, es puesta continuamente en juego nuestro bienestar, respondemos a esa dinámica o bien sincronizándonos con la complejidad de lo nuevo y abriéndonos a sus desafíos o des-sincronizándonos respecto a esta y permanecer prisioneros en antiguos modos de sentir y actuar que no se han puesto al día con las exigencias del presente.

Cuando cerramos la puerta a la realidad que está sucediendo, quedamos paralizados y anquilosados en un anticuado esquema de sentir y de ver el mundo, quedamos inhabilitados o incapacitados para orientarnos y actuar con plena responsabilidad.  “El estado de crisis” es la condición constante de la existencia humana y esta condición nos obliga a “crearnos”, “reinventarnos”, porque nuestra existencia es una perenne “adaptación creativa” a una realidad siempre mutante, crítica y cambiante.

Cada día somos llamados y demandados a crearnos en medio de las crisis, desafíos y adversidades. Cuando nos encontramos en medio de ellas, experimentamos de inmediato sus frustrantes consecuencias, muchas veces viviéndolas y percibiéndolas como una expresión del mal, como algo maléfico y otras veces, como oportunidades. Estas vivencias y significado se corresponden a la relación que tenemos entre la biografía, historia, experiencia, aprendizaje y recursos que nos constituyen y la percepción y dinámica que establecemos con la realidad que estamos llamando “crisis”.

Nuestra supervivencia particular, nuestra capacidad de afrontar eventos críticos y encontrar soluciones creativas a estas, dependen de un complejo mecanismo de coordinaciones emocionales y afectivas que permitan la articulación constructiva de intereses recíprocos y comunes; a través de la interdependencia y coordinación con otros. Toda crisis nos invita a redescubrir la relación con el otro como un recurso inagotable de creatividad adaptativa. Sólo permaneciendo en la trama vital de la interdependencia, podemos construir factores protectores frente al sufrimiento.

Todos sufrimos. Sin embargo, este sufrimiento es individual, personal y permanece invisible ante los ojos de los otros, no mostramos nuestras heridas a los demás. Las tragedias masivas, los tiempos de guerra, calamidades, desastres naturales, crisis colectivas, son situaciones que nos obligan a dejar nuestras máscaras y entonces, compartimos nuestro dolor y sufrimiento para poder desarrollar estrategias de afrontamiento que nos permitan, no sólo enfrentar positivamente nuevas adversidades, sino, incluso, apoyar a otros que estén pasando por situaciones similares.

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Ahora, ¿hasta qué punto manejamos ciertas crisis, rupturas, fracasos, pérdidas, como paso hacia un nuevo mundo, a una forma de ser nueva, a esa creatividad necesaria para nuestra supervivencia? Si vivimos angustiados por nuestro pasado y por nuestro futuro, es indudable que la existencia será caótica, infernal. Nada en la vida es eterno, aunque así lo parezca cuando interpretamos nuestra realidad y todo cambio nos genera temor y resistencia. Saber adaptarse a los cambios es un símbolo de vida, dado que ésta siempre implica transformación.

Es vital que cada día cambiemos, mutemos hacia nuevos seres, para no quedarnos estáticos, rígidos. Lo más parecido a la rigidez es la muerte. Es necesario soltar ataduras que nos estancan para tener la entereza de buscar nuevos horizontes en nuestra vida. Es importante tener confianza, superar los miedos y dudas y hacerle frente a las dificultades con coraje inquebrantable.

Muchos de nosotros tal vez quisiéramos que no se presentara el caos, dificultades, retos o cambios abruptos y repentinos en nuestra vida, pero eso sería permanecer muertos ante una gama variada de posibilidades, oportunidades y aprendizajes. La adversidad es un llamado de atención para que reflexionemos y revisemos nuestro interior, con el fin de comprender que podemos crecer como seres humanos y ser transformados, si aprovechamos la oportunidad de cambio que nos dan las experiencias que significamos como negativas.

No muramos frente a las adversidades, al contrario, optemos por vivir independientemente de las dificultades que nos toque vivir y que nos rodean en un  momento dado.  Ellas son una excusa que nos presenta la vida para que veamos con otro prisma las circunstancias. Los obstáculos están puestos en medio de nuestra vida para que asumamos, de manera diferente, la forma como la afrontamos y de cómo visualizamos el presente y el futuro. El problema no son las adversidades que encontramos en el camino, es nuestra actitud ante las misma lo que hace la diferencia. El sentido que le demos nos permitirá renacer en medio de las dificultades y remontarnos sobre ellas.

Ahora bien, ¿cómo conservar la cordura dentro de la locura que implican las crisis, cambios, tragedias, rupturas, separaciones, muertes, pérdidas? En primer lugar, aprender a asumir los cambios y las crisis. Esto implica aceptar positivamente los desafíos. Una adversidad es un desafío disfrazado, nos invita a dar lo mejor, a explorar qué potencial tenemos y a descubrir en nosotros nuevas capacidades y a comprender la dinámica crisis-oportunidad. Toda crisis genera cambio pero es nuestra responsabilidad darle dirección como una oportunidad para mejorar.

Otro aspecto resiliente que debemos aprender es a desarrollar la capacidad de hacer de todo proceso, un proceso dinámico y evolutivo, es decir, un proceso que nos permita crecer y generar diferencias. Ser resilientes es que hagamos uso de la capacidad de volver a la “normalidad” después de un evento adverso y poder proyectarnos a pesar de sufrir acontecimientos desestabilizadores.

Toda “locura” de estas que estamos hablando nos enseña varias cosas: 1) Aprender, cambiar y fortalecernos. Todo evento o suceso difícil debe aportarnos un cambio, es decir, tenemos que descubrir qué lecciones esconde o de qué manera nos permite cambiar como persona y aprender afrontar cualquier situación. 2) Cambios en nuestra relación con los demás. No podemos continuar siendo los mismos, ni relacionarnos de la misma manera. 3) Transformarnos en lo espiritual y en nuestra filosofía de vida. Una vida basada más en el ser que en el tener.

Hay ocho elementos que aportaron los psicólogos Lazarus y Forman que debemos tener en cuenta para que podamos volvernos resistentes y afrontar las adversidades y crisis:

  1. Confrontar: hacer intentos de solucionar directamente la situación mediante acciones agresivas o potencialmente arriesgadas.
  2. Planificación y desarrollo de estrategias para solucionar los problemas que se tienen por delante.
  3. Tomar distancia: apartarse del problema para verlo desde una perspectiva diferente.
  4. Autocontrol: dominar los miedos y las respuestas emocionales para evitar cometer errores frente a las dificultades.
  5. Aceptar la responsabilidad: aprender a reconocer el papel que se ha tenido en el origen o permanencia del problema.
  6. Escape: emplear un pensamiento irreal para enfrentar el problema.
  7. Reevaluación positiva: percibir los posibles aspectos positivos que tenga la situación.
  8. Búsqueda de apoyo social: buscar la ayuda de otras personas, compartir con otros.

Cuatro actitudes que debemos desarrollar y que mejorarán nuestra resiliencia frente a las situaciones y eventos inesperados:

  1. Recordar, de manera selectiva, los aspectos positivos. En los momentos difíciles tenemos que ser capaces de recordar, que en anteriores oportunidades tuvimos situaciones críticas que pudimos superar.
  2. Trabajar en nosotros la aceptación de la incertidumbre e impredecibilidad de la vida. No podemos tener bajo control todos los aspectos de la vida.
  3. Comparar lo que nos ocurre con respecto a lo que les pasa a otras personas, pues existen personas que tal vez estén pasando por circunstancias más difíciles y tal vez las están enfrentando de una manera positiva.
  4. Reconocer que somos supervivientes, es decir, que somos personas que hemos salido reforzadas de las experiencias traumáticas o difíciles y tenemos más armas y recursos para enfrentar las nuevas situaciones difíciles que se nos puedan presentar.

La invitación que he querido hacer en este artículo es que reconozcamos que es inevitable la aparición de las crisis, retos, desafíos, dolor, sufrimiento, adversidades; lo que si es evitable es que se queden siendo parte de nuestra existencia. Mirar la vida desde una perspectiva amplia nos ayuda a sufrir menos, a que no caigamos en la “desesperanza aprendida”. Es tener una mirada desde las posibilidades y no de las carencias, es el resurgir de nuestras cenizas como el Ave Fénix.

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“El dolor es el gran maestro de los hombres”. Anatole France

SIBONEY PÉREZ V.

 

 

 

 

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Y LA LUZ BRILLA EN MEDIO DE LA OSCURIDAD (Et lux in tenebris lucet)

Debido a mi profesión como psicólogo he revisado en varias oportunidades el libro El Hombre En Busca de Sentido, donde Viktor Frankl con un relato conmovedor, íntimo, sin caer en lo sórdido o truculento, va narrando de primera mano, cómo lo vivido y experimentado en un campo de concentración puede predisponer o reforzar la percepción de la propia vida como desprovista de sentido particular y de objetivo.

La búsqueda y realización del significado de la vida se manifiestan y al mismo tiempo se convierten en una necesidad no sólo con relación al sufrimiento, la culpa y la muerte (tríada trágica) que se puede padecer, sino también lo relacionado con el valor que le atribuimos al amor, al trabajo, al placer y todo lo que tiene que ver con el propio estilo de vida que llevamos. adversidad 2

Como psicólogo cada día constato y corroboro con mis pacientes la importancia de ayudarlos a cambiar o aceptar condiciones existenciales particulares que tienen que enfrentar. Desde mis pacientes he aprendido que no reconocer el sentido de un sufrimiento en el cuadro más general y amplio de lo que es el sistema bio-psico-social-noético, es un grave obstáculo para aceptar o modificar las actitudes relacionadas con el sufrimiento y poder transitar hacia el bienestar.

Tengo casos de abusos de menores, pacientes con pérdidas muy graves, como lo es perder hijos en menos de 2 meses, con enfermedades terminales y otros tantos de la no aceptación o comprensión de sentido en dichas experiencias. Como también tengo pacientes que encuentran un sentido en la sintomatología o cuadro que presentan como motivo de consulta y perciben un significado constructivo en él, como por ejemplo como una oportunidad para revisar y modificar su propia jerarquía de valores y objetivos existenciales. En estos últimos casos, se puede comenzar a tener una mejor disposición y actitud para cambiar o aceptar cualquier cosa sobre ellos mismos o sobre las circunstancias que los rodean.

A través de la mirada y enfoque del autor de la Logoterapia, he podido aprehender que la búsqueda de sentido no sólo tiene que ver con grandes o profundos temas, como la vida, la muerte, la libertad, el destino, el dolor inevitable, sino que se puede también encontrar en lo diario, en las actividades cotidianas, en lo que resulta un patrón de rutina, sólo que se pierde de vista el bosque para nada más ver el árbol,  perdemos la totalidad de lo que resulta ser una aventura personal, una Odisea que nos transforme en seres humanos diferentes, que podemos experimentar unidad interior.

luz-en-la-oscuridad_8X6761Todos pasamos por momentos de transición profunda que nos llevan a preguntarnos ¿cuál es el sentido de mi vida? ¿qué sentido tiene el trabajo que realizo?, ¿por qué Dios me quitó a mi hijo?, entre muchas cuestiones existenciales. Muchas de esas transiciones son inesperadas y provocadas por acontecimientos imprevistos y otras quedan fuera de nuestro control que pueden hacernos caer en una crisis existencial, crisis que se convierte en el escenario y caldo de cultivo para que la depresión y la muerte hagan aparición.

Por lo tanto, a diario tengo que buscar que mis pacientes llenen sus vidas de sentido, que clarifiquen sus valores personales, que amplíen el campo de posibilidades de acción frente a lo que viven en un momento dado; que puedan tomar las mejores decisiones de una forma responsable y cuando amerite, se acepte el sufrimiento.

Cuando mis pacientes le otorgan un sentido a sus vidas, están descubriendo los anhelos de su alma y la razón de su existencia, sintiendo que están experimentando la profunda unicidad de su ser y que pueden llevar una vida auténtica. En otras palabras, una vida de plenitud frente al contraste del “vacío o frustración existencial” al que se refiere Viktor Frankl, ese dolor psicológico de quienes no encuentran un significado para sus vidas ni tampoco se lo han dado.

El efecto psicológico más visible y palpable de esa oscuridad existencial es buscar de alguna manera escapar de la vida, llamando a la muerte, en un potencial humano no realizado.

Cuando se descubre esa luz que brilla en la oscuridad, se encuentran en ella razones para vivir y para ser felices, sin importar los obstáculos, los problemas o sufrimientos que puedan llegar. Y ¿quién mejor que él como ejemplo de esta afirmación? que para sobrevivir a las atrocidades de los campos de concentración, tuvo que encontrar todos los días una razón para vivir.

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A Frankl le gustaba citar a Nietzsche “Quien encuentra un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”. Cuando Viktor Frankl salió de los campos de concentración Nazi, salió convencido de que la única razón por la que no se había suicidado era que la vida tenía un sentido y que su tarea consistía en descubrirlo.

A este respecto, la luz brilla en medio de la oscuridad (et lux in tenebris lucet), a pesar del sufrimiento terrible del que se pueda ser objeto, siempre es posible encontrar una razón para ser o para servir. Para vivir plenamente, y no sólo existir, hay que encontrarle un sentido a la vida.

Paradójicamente, las pérdidas y las heridas a menudo sirven de trampolín para descubrir una nueva orientación en la vida, ese sentido emerge de las pérdidas, reveses y decepciones. Lo terrible nos permite experimentar una libertad interior nueva y contemplar nuevos horizontes.

Es decir, tenemos la libertad de modificar nuestras actitudes frente a nuestras circunstancias para que las podamos vivir de una manera distinta y mejor. Preguntarnos ¿qué nuevas razones para vivir encontramos? Podemos salir enriquecidos y fortalecidos por una experiencia que pudo habernos destruido, transformar nuestras heridas en un camino hacia la sanación interior, encontrar recursos personales y ayudar a otros a sanar, convertirnos en “sanadores heridos”, donde podamos acompañarlos en el desarrollo de los movimientos que quiere realizar para que su vida, en los contextos y espacios que habita, se experimente libre y responsablemente, así como con un mayor sentido.

El pasado anuncia y pregona el futuro, mas no lo condiciona. Las líneas de nuestro pasado nos guían para dibujar nuestra historia personal y darnos, fortaleza y los méritos al trabajo esforzado de superación, coraje y valor. Es unir lo que ha sido separado, volver a los pasos de lo vivido para armar las piezas del rompecabezas de nuestra vida en un todo coherente, atar recuerdos dispersos, deseos no cumplidos, proyectos abandonados, sueños olvidados, para darle cabida a otras realidades y a un nuevo ser que da a luz en la oscuridad y alcanza su plenitud.

La luz que brilla en medio de la oscuridad (et lux in tenebris lucet) contiene las claves para los propósitos más profundos hacia los cuales el movimiento de nuestra vida nos lleva en oleadas sutiles a alcanzar las aspiraciones y anhelos del alma y tener un nuevo comienzo en la vida, vivir bajo la égida de la tríada positiva: la fraternidad, el coraje y la esperanza.

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“El espíritu es una fuerza invisible que se hace visible en todo lo que se vive”. Maya Angelou.

Siboney Pérez V. 

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CANTO DE MELANCOLÍA

Escucho en el aire un concierto de violines y veo mil mariposas posarse en las flores de los jardines, y siguiendo este hermoso vals, se refleja en el horizonte el resplandor del sol y sus rayos llegan hasta mi lejano y triste farol. Entre la espuma de las blancas nubes siento que la ilusión de los sentidos con el transcurrir del tiempo, se esfuma.

manoEntre mis manos tengo un manojo de ingratos recuerdos y es tanto mi sufrimiento, que de mi sonrisa cruelmente me despojo. Lanzo al firmamento mi suspiro eterno y quiero en una estrella dejar mi sombra y en silencio, convertirme en estela de un viajero que de el mundo está sediento.

Pasajero que tiene en el alma tristeza y camina sin rumbo fijo en una turbia corriente, busca la belleza y no la encuentra porque es muy profundo el pozo de su agonía.

En la estancia se opaca mi fantasía y mi pequeña ilusión queda dormida, y sé que es grande la distancia, porque mi felicidad está escondida.

Sueño con el cielo y que en la fuente celestial me convierto en virgen y al mirarme en el transparente velo, veo que mi muerte junto con los ángeles por mí, gimen y cuando vuelvo a la realidad, de mi pecho se ha escapado mi anhelo.

Busco en el refugio mortal mi sombra de tristeza y pienso que es una locura vivir en un futuro que no es total y que con dulzura me sabe mentir.

Caigo en un inmenso abismo detrás de la pared de un atardecer y por mi insensato egoísmo, se apaga mi ser y no lo puedo mirar con indiferencia porque mi corazón habla, y en el olvido de un otoño, mi existencia se acaba. Todo lo he perdido, hasta mi libertad en una gran cascada, ningún retoño he dejado y mi ternura queda frustrada.

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Yo solía decir “es hermoso el mundo” y el eco lo susurraba en la lejanía, en la montaña se podía contemplar que lloraba mi estadía. En el sentimiento efímero, mi corazón queda muerto porque la luna no lo puede iluminar.

Es largo el camino de la muerte, y entre sus tinieblas quedo perdida, pero prefiero seguir entre sus arenas, que tener que vivir un amargo sueño que deja huellas de herida. Ahora viene el olvido de una oscura ilusión y junto al sueño prometido, se muere mi canción.

En esta soledad despiadada, queda la duda de lo vivido y por cadenas quedo atada, a la dura verdad de lo querido.

Lentamente me voy de manera imaginaria a la eternidad, y recito con nostalgia en la profunda lejanía, los tristes fragmentos de un canto lleno de melancolía.

Es un canto lleno de melancolía porque la laguna de mis ojos se extingue y se evapora, dejando secas todas mis horas de poca alegría y que me deja a merced de un viento que poco a poco me devora.

Estoy triste, y de mis entrañas surge la música de un arpa y mi mente se sumerge en su delicada maraña, y cual barco que zarpa de puerto dejando olas en el mar, mi pensamiento fugazmente como una gaviota se echa a volar.

Lloro y río, y de mi llanto bebo la copa vacía de una melodía y de mi sonrisa escribo una poesía que se convierte en un canto lleno de melancolía.

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SIBONEY PÉREZ V. 

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DESCUBRIENDO LA MISIÓN PERSONAL Y EL SENTIDO DE NUESTRA EXISTENCIA III

Continuando la serie de este tema sobre descubrir nuestra misión personal y el sentido de la existencia, tengo que decir que son realidades futuras que se diseñan en el presente. Sin embargo, para que sea posible esa visión, ese camino, es indispensable que tengamos desapegos, que dejemos ir al pasado, cerremos ciclos y digamos adiós. Todo principio implica un final.

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Terminar, soltar, dejar ir, es necesario sino queremos permanecer estancados, aferrados o prisioneros de realidades estériles. Los nuevos inicios y comienzos exigen que nos separemos del pasado, para que nuestros planes o proyectos no queden paralizados. Es enterrar lo que ya pasó, renunciar a lo viejo para que pueda nacer el deseo de mejorar, crecer, profundizar en las respuestas a la pregunta de ¿quiénes somos? Y prepararnos para realizar nuestro proyecto de vida.

Para que podamos superar pérdidas, dolores y sufrimientos, es necesario que tomemos conciencia de su presencia, darles entidad y atravesarlos, aunque quemen. La vida es una sucesión de renuncias y de pérdidas desde el momento que abrimos los ojos a este mundo.

Cada etapa de nuestra vida, de nuestro crecimiento como seres humanos, implica una separación, es ley natural, de vida. Para que haya vida, tiene que haber muerte. El árbol se desprende de sus hojas muertas para que nazcan otras; en nuestro ritmo de vida, la respiración, hay retención y expulsión. Liberamos aire para que pueda entrar nuevo aire.

Por lo tanto, para poder darle cabida a tu misión, hay que desprenderse y hasta deslastrarse del pasado. Cualquier transición de nuestra vida requiere renuncias, unas más grandes, dolorosas o difíciles que otras, pero renuncias al fin y al cabo.

Quiero recurrir para explicar muy bien este punto, al proceso de transformación y de renovación tanto de la mariposa, que para volar debe pasar, previamente, por el doloroso proceso de ser oruga, y del águila, que a cierta edad, tiene que tomar una seria y difícil decisión. A los 40 años sus uñas curvas y flexibles son tan largas que no consiguen agarrar a las presas de las cuales se alimenta, su pico alargado y puntiagudo comienza a curvarse apuntando contra el pecho peligrosamente y sus alas, envejecidas y pesadas por las gruesas plumas, hacen que volar sea una tarea muy difícil y complicada.

Cuando el momento llega, el águila vuela hacia lo alto de una montaña y se refugia en un nido próximo a una pared, donde no necesite volar. Entonces, comienza a golpear su pico contra la pared hasta conseguir arrancarlo; una vez arrancado, tiene que esperar a que nazca uno nuevo con el cual, después, tendrá que arrancar sus viejas uñas.

Cuando las nuevas uñas comienzan a nacer, será el momento para desprenderse de sus viejas plumas arrancándoselas con su nuevo pico. Después de cinco meses muy duros y dolorosos, donde vuelve a tener un pico fuerte y joven, plumas brillantes y sedosas y uñas útiles, el águila sale victoriosa ejecutando su vuelo de renovación y a partir de entonces dispondrá de 30 años más de vida, los años más gloriosos.

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Nosotros somos como esa águila. A lo largo de nuestra vida nos suceden situaciones similares, o tomamos decisiones importantes en y para nuestra vida o morimos en el intento y por tanto nos quedamos paralizados, a la deriva, dejándonos llevar por las circunstancias de la vida.

Debemos desprendernos de miedos, costumbres, tradiciones y recuerdos que nos causan dolor. Solamente libres de la carga del pasado podremos aprovechar el valioso resultado que una renovación siempre trae consigo. Nosotros podemos desplegar nuestras alas y liberarnos de todo aquello que no nos sirve para que podamos avanzar y evolucionar. Es nuestra decisión si queremos renovarnos o morir.

Es verdad que tenemos miedo a lo desconocido, a arriesgar nuestra zona de comodidad. Pero te pregunto ¿vale la pena silenciar, reprimir, destruir tus sueños más anhelados por conservar tu seguridad?, ¿atormentar tu alma y tu corazón por mantener excusas o creencias de una vida cómoda y feliz?, ¿estarías dispuesto a renunciar a todo por un sueño en donde no hay la certeza de que se haga realidad? O ¿la sola idea, solo la idea, de renunciar y dejar lo conocido, te paraliza?

Cuando la vida pierde su sentido, se manifiesta en síntomas de melancolía, cambios de ánimo, aburrimiento, depresión, pesimismo. Hay una sensación generalizada de fastidio con la existencia, con la vida. Se sienten afligidas, descontentas, vacías.

Víktor Frankl habla de frustración o neurosis existencial. Hay la ausencia de una razón para vivir, no hay pasión, solo depresión y sentimientos de desesperanza, todo el mundo es de color negro, sombrío, sin emoción. Languideciendo poco a poco su llama de vida.

Hay momentos en que parece que ya hemos dado todo lo que teníamos. Pareciera como si hubiéramos agotado nuestras fuerzas, energías, ilusiones, sueños y que ya no tenemos nada más que aportar. Nuestra vida suele verse gris y envejecida. Nos encontramos entonces en una encrucijada, en un dilema existencial. O nos transformamos como las águilas o estaremos condenados a morir.

Vivir sin sentido, con amargura, pensando en que estamos desperdiciando nuestra existencia, es un poco como ir muriendo internamente. Los seres humanos estamos diseñados para renovarnos constantemente, capitalizando y reinvirtiendo las experiencias de la vida, buenas o malas.

La transformación simbolizada en este proceso que lleva el águila, representa un estado de gracia que se alcanza mediante el trabajo, la comprensión y el cumplimiento de las pruebas de iniciación que resultan de recuperar nuestro poder personal. Este proceso exige, que hagamos un alto en el camino, que nos resguardemos por algún tiempo. Volar hacia lo alto y comenzar un proceso de renovación.

Cuando comprendemos que es tiempo de cambiar y mejorar para poder experimentar la vida en su máxima plenitud, tenemos que entender que es un proceso largo, complicado y doloroso por el que tenemos que pasar, podemos tal vez tener ganas de rendirnos, pero no es momento de darnos por vencidos.

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Para iniciar una transformación de vida que nos de ese sentido de misión y de existencia, debemos desearla y buscar aquello que nos motiva a ser mejores para generar un cambio real en nosotros, cambio que debe ser interno, para lo cual es necesario identificar aquellos obstáculos que no nos permiten avanzar y luego de identificar aquello que queremos cambiar, debemos actuar para resolverlo.

Como el águila, es necesario soltar, arrancar todo lo que no nos permite volar; soltar a lo que nos aferramos y sentimos apegos, malos sentimientos, malas historias. Vaciar nuestro ser de lo que nos hace daño para entonces poder llenarlo con lo positivo que merecemos, y así, vivir de manera plena y no sólo “sobrevivir”, como lo hacíamos antes.

Si crees o sientes que es hora de imprimirle un nuevo diseño o modelado a tu vida, si sientes que tu existencia está en un letargo, si no tienes ilusión por el nuevo día, si quieres cambiar el rumbo de tu existencia para darle más luz, brillo y color, contéstate estas preguntas:

  • ¿Qué es lo que en verdad quiero renovar en mi vida para que adquiera sentido y encuentre mi misión?
  • ¿Para qué la quiero renovar?
  • ¿Qué precio estoy dispuesto a pagar?
  • ¿A qué comodidades renuncio?
  • ¿De qué me tengo que despojar?
  • ¿Qué necesito para lograrlo?
  • ¿En qué cambiará mi vida si logro la renovación, misión y significado que busco y quiero?

Termino con los fragmentos de un poema de Zaida C. de Ramón.

Si alguna vez intentara
elevarse y no pudiera,
es tiempo de renovar
todas sus plumas ya viejas.

A la Roca se dirige,
contra ella se quebranta,
voluntariamente sufre
pero sale renovada.

Si el mal tiempo se avecina
y le alcanza la tormenta,
No teme, no sale huyendo;
nunca jamás se amedrenta.

Esta es la oportunidad,
el momento que esperaba;
con voluntad y valor
se dispone a traspasarla.

No tarda en subir muy alto;
alcanzó lo que anhelaba:
que el huracán con su fuerza
a la cima le elevara.

“Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Pablo Neruda

SIBONEY PÉREZ V.

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