MIENTRAS TÚ DORMIAS

Esta tarde mi niña, te quedaste dormida sobre mi regazo cuando con una canción de cuna yo te arrullaba y, abrigándote con el calor de mi más tierno abrazo, vi que en tu rostro una débil sonrisa se dibujaba.

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Y así mientras dormías ¡tan serena!, ¡tan relajada!, te miré como nunca lo había hecho. Miré todo tu cuerpo que tan frágil y pequeño, se había entregado a la dulzura de un bello sueño; acaricié todos tus cabellos, que fueron la más fina seda que hayan tocado mis dedos; guardé tus suaves y delicadas manos dentro de las mías y sentí que tenía el mejor regalo, que nadie más podría ofrecerme.

¡Qué piel tan blanca la que mis ojos contemplaban! Que dejarían ciego al que con impureza te mirara y yo, que la tenía toda para mí apenas la rozaba, por temor a que sin querer mis manos te lastimaran.

Sí mi niña, mientras dormías yo te miraba, y tu cuerpecito sobre el mío se estiraba, ignorando que había unos ojos que sin permiso, tu dulce dormir vigilaban. Yo te abrazaba tan fuerte como podía porque confiaba, que mientras así te tuviera, nada malo te pasaría.

No me cansaba de mirarte, y mientras lo hacía, pensaba si me alcanzaría la vida para ayudarte a crecer y poder ver el día, en que ya tú no serías mi niña, sino toda una mujer. ¡Qué rápido pasará tu corta infancia!, dejando atrás la ternura que hoy trasluce tu inocencia.

Para cuando ese día llegue, ya no te podré cargar, porque tu cuerpo, será tan grande como el mío y tu cuarto, ya no estará decorado con los tantos juguetes preferidos, porque le habrán dado paso a los regalos, que te hará el ser, por ti querido.

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Ya no hablarás sola con tus pequeñas muñecas, ni preguntarás ansiosa cuántas velas te tocan de cumpleaños; tampoco vendrás a mí para que te lea el cuento de la cenicienta, porque el príncipe azul que esperabas, entonces habrá llegado.

No tejeré las largas trenzas que todas las mañanas adornaban tu cabeza; ya no llorarás con los payasos que te asustaban en tus fiestas, ni me llamarás gritando, cuando en la noche, una pesadilla te despierta.

Niña mía, ya no te veré sentada en los escalones de la escuela, ni me enseñarás tus tareas con las letras a medio trazar; pero si veré con que cuidado guardas en un libro una rosa vieja y te sonrojarás, cuando te diga, que eso significa amar.

¡Qué rápido se irán los días niña mía!, ¿dónde se quedarán grabados estos gratos recuerdos?, en tu ropita guardada?, ¿en los dibujos que me pintabas?, o ¿en el álbum de fotografías?

Mi niña, mi niña querida, no tengo tesoros que darte para igualar lo que en estos momentos tú me das, sólo tengo el gran amor que nace del mirarte y el gozo de saber que, sobre mi cuerpo, dormida te quedaste.

Sí mi niña, crecerás y yo tendré que entregarte al mundo, y lo haré, aunque con un inmenso dolor que se anidará dentro de mí en lo más profundo. Te irás de mi lado porque el destino así lo reclama, ya no buscarás el calor de mis viejos brazos, sino, el que te brinda, a quien tu corazón le hayas entregado.

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Te veré partir en busca de tu felicidad porque sé que a mi lado no la encontrarás, sólo te pediré que no llores cuando te marches, porque un dolor tuyo es lo que más me haría sufrir.

Tristes pensamientos los que me acompañan mientras duermes; no quisiera que despertaras para tenerte más tiempo cerca de mí, para que tu cabecita siga descansando sobre mi pecho y que tu lento respirar me haga volver a vivir.

¿Cuántas canciones de cuna te he cantado?, ¿cuántas veces por un llanto tuyo me he desvelado? Y, ¿cuántas veces en mis oraciones por ti he rezado?, no me importa el número, ya lo he olvidado; sólo sé que te tengo ahora como a nadie he tenido y que, hasta el día de mi muerte, serás mi don más bendito.

Decirte estas cosas cuando estás despierta no podría, porque tu niñez angelical no lo entendería; sigue durmiendo niña mía, que tu sueño es remanso de paz y de sosiego para un alma que llora mientras tu dormir, con ojos de amor contemplo.

¡Qué hermosa es esta tarde! Donde el sol arropa con su luz los mares, los jardines y las calles. ¿Hermosa?, sí, pero más hermosa es tu cara rosada que refleja más de mil paisajes y hermosa tu sonrisa, que envidian en el cielo hasta los más bellos ángeles.

Duerme mi niña, duerme, que mis brazos aún no están cansados y mis ojos no terminan de descifrar los secretos, que en los tuyos, hay guardados y mi alma, todavía se regocija e ilumina porque tu no has despertado.

Quisiera que el tiempo transcurriera lento, que cada minuto fuera eterno para tenerte por siempre así, como ahora te tengo, y poder seguir imaginando que eres mi sol, la luz de mis días y de mis horas y el motivo de todas mis alegrías.

¿Cómo hacer para aprisionar al tiempo en este momento sublime?, un efímero momento en que dos cuerpos se juntan, entregándose lo más sincero y limpio de sus sentimientos. Pero el tiempo mi niña es inexorable, y en cualquier instante tu despertarás, y tu sueño, que hoy ha sido mi más grande objeto de admiración, será un recuerdo agradable, que con nada de lo que de ahora en adelante yo viva, tendrá comparación.

Todavía no llega ese instante y te pido que me concedas unos segundos más mi pequeña niña, para seguir acariciando tus cabellos y besar tu cuerpo.

Hace horas que dejé de cantarte para que mi voz no rompiera este silencio y no perturbar tu cándido sueño; pero no he dejado de mirarte, de mirar a mi bella niña que en mis brazos se ha quedado dormida, y cuyo corazón, junto con el mío al unísono latía.

Ya vas a despertar, has empezado a moverte, tus labios rojos buscan desesperados mi pecho caliente y tus ojos, se abren frente a los míos, que lloran de emoción porque a la vida tú regresarás.

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Pero mi niña, antes que despiertes por completo, antes que tu cara se separe de la mía, antes que tus brazos dejen de abrigar mi cuerpo y antes que tu calor ya no se confunda con el mío, déjame dar gracias a Dios porque me permitió mirarte, mientras tú, en mi regazo dormías.

“Un hijo es una pregunta que le hacemos al destino”. José María Pemán

SIBONEY PÉREZ V.

 

 

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DESCUBRIENDO LA MISIÓN PERSONAL Y EL SENTIDO DE NUESTRA EXISTENCIA. I PARTE.

Con mucha frecuencia llegan a mi consultorio personas que se cuestionan el sentido de su existencia y me preguntan ¿para qué vivo?, ¿qué sentido tiene que yo viva? O me dicen, “no sé qué hacer con mi vida”, “no tengo nada que inspire mis días” o “no tengo una razón para levantarme y repito el mismo día, todos los días”.

images 2Estas preguntas o expresiones están reflejando un gran y profundo vacío existencial, que solo repite, como si se estuviera dentro de una rueda de hámster, el ciclo levantarse, comer, trabajar, dormir o nacer, crecer, reproducirse y morir. 

Además del vacío o frustración existencial, esto degenera en ansiedad, soledad, miedo, desorientación, depresión y otras dolencias, que a la postre, inhabilitan a la persona de muchas maneras. Es el dolor psicológico de aquellos que no han encontrado significados para sus vidas ni tampoco se lo han dado.

Muchas personas llegan desesperadas y con fuertes dudas sobre el sentido de sus vidas. Esto quiere decir que la persona percibe de manera dramática, y a veces catastrófica, la importancia de un sentido que justifique su existencia y ve muy negro el horizonte, cuando no está en posibilidad de percibir, la misión que se le ha confiado y a la cual desea dar una respuesta satisfactoria.

Viktor Frankl decía que “La persona tiene una fuerza primaria para buscarle sentido a su vida. Cuando no lo encuentra cae en la crisis existencial. El hombre necesita una razón, un motivo, más allá de lo estrictamente material para ser feliz”.

Para él, esta búsqueda de sentido y significado ayuda a la salud mental. En línea con Frankl, el filósofo Nietzsche expresaba “Quien tiene un por qué para vivir puede soportar cualquier cómo”. En otras palabras, quien encuentra su misión, encuentra en ella razones para vivir y para ser felices, sin importar los obstáculos que deba superar.

Como creaciones y seres inteligentes que somos, debemos darle un sentido a nuestras acciones, vivencias y experiencias que diariamente experimentamos, al hacerlo, estamos comenzando a darle un sentido a nuestra vida o estamos descubriendo nuestra misión personal.

images33Para descubrir la misión personal hay que enfocarse en encontrar las respuestas a preguntas tales como, ¿quién soy? ¿qué quiero de mí? ¿qué quiero para mi presente y mi futuro? ¿qué me hace feliz? ¿qué cosas son importantes en mi vida? Y otras tantas del mismo tenor.

Por supuesto, esta búsqueda o aventura, supone que se haga por tramos, fases o etapas, porque todas las respuestas que se consigan, están profundamente conectadas a un conocimiento de uno mismo, y eso requiere a su vez, que profundicemos en nuestro interior, en nuestra identidad. Requiere valentía, dudas, cuestionamientos, enfrentamientos y luchas con nosotros mismos.

Descubrir nuestra misión personal y el sentido de nuestra existencia, requiere que nos convirtamos en verdaderos guerreros que emprenden una aventura en donde habrá muchos desafíos y pruebas duras, que demandan estoicismo y muchos recursos internos para superarlas, pero sabiendo que al final nos espera la victoria, la gloria y una verdadera transformación interna.

El logro de esa transformación se da solo cuando hemos podido comprender lo que la vida nos está pidiendo y nosotros estamos dispuestos a entregar.

Nuestra misión personal da respuestas a esas necesidades de realización y expansión, según nuestra identidad, que todos tenemos de sentirnos útiles o sirviendo a algo o alguien. Por eso la misión es única para cada quien; no hay dos misiones iguales porque cada una responde a características propias de la persona, se origina en lo más profundo del corazón y del alma humana.

Es por ello, que puede adquirir múltiples formas y maneras de expresarse y llevarla a cabo. Puede ser, que solo cambiemos aspectos relacionados con un área en particular, por ejemplo, hacer lo que sabemos hacer en contextos diferente, desarrollar nuestras aptitudes,  estudiar otras cosas, cambiar de trabajo, emprender un negocio propio.

En otras ocasiones, puede resultar en que modifiquemos o desarrollemos nuevas actitudes o cambiar de carrera, estudios, trabajo, residencia, y en otras, consiste en elegir un nuevo estilo de vida.

Todo camino es válido porque es nuestra aventura, nuestro viaje, nuestra Odisea personal. Habrá aciertos y errores, derrotas y victorias, pero todo será transformador no solo en la esfera personal, sino en la espiritual, en la trascendental.

   ¿Cómo saber que la hemos encontrado?

 Si sientes que tienes unos talentos y una pasión por algo específico y particular, ahí hay una clave que apunta a tu misión como un destino que se debe seguir. En ocasiones, aparecen momentos fugaces, como intuiciones, donde puedes vislumbrar tu futuro y sentir casi que una experiencia mística que te empuja por ese camino.

Cuando hacemos inventario y balance de nuestra existencia, con sus logros, fracasos, lo que hemos hecho, dejado de hacer, nuestras huellas, tristezas, alegrías, sueños cumplidos y esperanzas rotas, nos llevan a una revisión exhaustiva de nuestra vida y tal vez nos sintamos impulsados a realizar cambios en ella. Sin embargo, no es lo externo lo que debe cambiarse o modificarse, sino lo interno con la búsqueda de respuestas a estas interrogantes: ¿quién soy? ¿cuáles son los sueños de mi vida? ¿cómo deseo que sea mi vida?

Hay que profundizar en el interior, explorar ese mundo de sombras y el universo de posibilidades y opciones que a diario se nos presentan. No hay un límite, edad o etapa para descubrir la misión.

Cuando la descubrimos y llevamos a cabo, le estamos encontrando sentido a la vida, porque se descubren los anhelos de nuestro corazón y la razón de la existencia, somos nosotros mismos experimentando la profunda unidad de nuestro ser, somos auténticos y una influencia nutritiva y positiva para los que nos rodean. Experimentamos un sentimiento de plenitud y gozo. 

Esos sentimientos son posibles porque cuando descubrimos nuestra misión, le damos norte y foco a todos los aspectos de nuestra vida, es un haz de luz que se convierte en sabiduría interior para guiarnos y a concentrarnos en nuestro proyecto de vida y de cómo podemos aprovechar nuestras energías y recursos para cumplirlo.

images22Una persona que vive según su misión, está enfocada y concentrada, pudiendo distinguir lo esencial de lo que no lo es, administra sus recursos y esfuerzos, se responsabiliza por sus aciertos y errores y sigue sus aspiraciones más profundas. Son personas que perseveran y se comprometen en la realización de su proyecto, porque sienten que las hace plenas, confiadas y encuentran la motivación para llevarlo hasta el final. 

Cuando asumimos y estamos dispuestos a cumplir con la misión que le da significado a la vida, estamos conspirando para atraer la gracia, dones y recursos del universo. Todo se confabula para apoyarnos, todo coopera, todo viene a nuestros encuentro. Nos conectamos con los campos de energía y vibramos al unísono. El universo se convierte en nuestro aliado y co-creador de nuestra obra, y nosotros, enriquecemos al mundo con una contribución única, personal, especial e irremplazable.

Pasamos a formar parte de una “inteligencia universal” y de una “sabiduría espiritual”.

En el próximo artículo abordaré aspectos más específicos que te ayuden a encontrar tu misión y el sentido de tu existencia.

“A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo”. La Fontaine

 

SIBONEY PÉREZ V.

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SE VAN LOS AMIGOS

Pasa la primavera y llega velozmente el verano, se van las olas de la orilla y llega la tempestad.

Se va el pájaro triste y no se sabe a dónde va, y así también se van los amigos que ya no volverán.

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Se van los amigos y dejan un vacío profundo, queremos seguir sus huellas, pero el viento se las lleva. Sabemos que no prometieron volver, pero les decimos que los esperaremos.

Se va el amigo y con él la alegría, nos quedamos con hambre en el alma y con sed en el corazón.

Están lejos pero sentimos su presencia. Nos imaginamos que están con nosotros y evocamos los recuerdos de las cosas que tan felices nos hacían.

Se van los amigos como las nubes del cielo, como las mariposa del néctar de la flor y como el marinero, que en cada puerto, deja un amor.

Se van los amigos lejos y nos dejan sin calor, se alejan, se alejan y nos quedamos con un amargo dolor.

Se alejan esos amigos que saben nuestros más íntimos secretos, y se van los amigos que nos hicieron muchas veces llorar.

Se han ido esos amigos y hay que decirles adiós, agitar un pañuelo y romper las cadenas que nos atan a inconclusos sueños.images2

Se van los amigos, pero tras sus pasos vienen otros nuevos que no ocuparán su lugar. Pregunto ¿dónde están los amigos viejos? Y el eco me responde, muy lejos de ti se fueron.

Se repite la historia siempre, unos se van y otros llegan y así pasamos la vida, esperando un consuelo, una compañía y sin evitar lo que pasará, esperamos amigos que sin dejar sombra, de nuestro lado se irán.

Amigos que por diferentes razones se alejan, y que allá en el horizonte, marcharse lejos vimos.

¿Como sabrás lo que siento si nos separan mil leguas en la oscuridad?

Se van los amigos y ya no volverán, queda un inmenso vacío que el tiempo no borrará y sabemos que con nosotros, no se encuentra su libertad.

Si algún día ellos regresan, dejaremos la partida en el olvido y juntos lloraremos de infinita felicidad.

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“La amistad es un amor que no se comunica por los sentidos”. Campoamor.

SIBONEY PÉREZ V.

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EL ÁNGEL QUE CONOCÍ

Dios se nos revela de muchas maneras y formas, y lo podemos ver si uno está atento a las diferentes señales; lo he podido constatar miles de veces, pero sobretodo, cuando veo personas normales, ordinarias, sencillas, incluso en actos rutinarios.

Estaba yo en mi consulta atendiendo a mis pacientes, cuando recibo la llamada de alguien que quería que yo viera a su hijo de 12 años porque tenía una enfermedad que lo hacía convulsionar; quien mi llamaba era la mamá del niño, muy preocupada y angustiada porque veía que él estaba sufriendo y quería ayudarlo a sobrellevar la enfermedad.

Luego de una serie de preguntas de rigor, le di una fecha para mi encuentro con el núcleo familiar, constituido por ambos padres y otro hijo, menor que aquél.

Cuando tuve mi primer encuentro con R.R. (el niño que sería mi paciente), vi un niño muy delgado, muy pálido y taciturno. Esa primera conversación duró una hora, su tono de voz era pausado, bajo, firme, tenía la seguridad de saber perfectamente lo que estaba diciendo.

Sus padres, previamente, me explicaron todo el cuadro médico y los especialistas que lo estaban tratando, así como los cuidados que ameritaba para evitar complicaciones adicionales a las que ya tenía.

Por supuesto, la dinámica familiar había cambiado a raíz de toda la situación y la angustia y el temor era algo presente en su día a día. La vida les había dado un vuelco radical, cada uno de ellos lo experimentaba a su manera, pero R.R. era quien la sufría en carne propia.

1-PDmPP2u3db_vUWGlfj4kXwMis encuentros con él eran para hablar de sus sueños, sus ilusiones, sus juegos, hobbies, las “discusiones y peleas” con su hermano menor. Hablaba de lo que le gustaba del colegio, de sus amigos y de todo lo que conformaba su mundo infantil, no solo el real producto de su enfermedad, sino, el que se imaginaba iba a tener cuando se curara.

Como su familia, yo estaba consciente de los riesgos y pocas probabilidades de salir bien de esa enfermedad, sin embargo, la esperanza de que ocurriera un milagro para R.R. y que su vida, su niñez, fuera como la de todos los niños de su edad, estaba presente, que pudiera hacer las cosas que los niños sanos hacen, pero que, para él, en ese tiempo estaban prohibidas o limitadas.

A medida que íbamos teniendo nuestros encuentros, aunque a veces no podía acudir porque se sentía muy mal físicamente, yo iba descubriendo una fuerza interior muy grande en R.R., mucho más grande de la que puedo incluso ver en personas adultas y sanas.

R.R. estaba al tanto de todo lo relativo a su enfermedad, los doctores y especialistas que lo trataban le habían hablado muy claro para que pusiera de su parte en los cuidados extremos que tenía que cumplir. Estos cuidados incluían desde la alimentación hasta evitar contagio de virus, bacterias. Cualquier cosa podría afectarlo de manera considerable.

Hablamos mucho de eso, él se preocupaba por sus papás y por su hermano, algunas veces, llegó hasta sentirse culpable de ser el motivo de la preocupación de ellos, dado que muchas veces tuvieron que llevarlo de emergencia al hospital y no podía quedarse en ningún momento solo. Sentía que sí no estuviera enfermo, toda su familia podría hacer una vida normal.

Sin embargo, R.R. era un niño y tenía cosas de niño, me reía mucho con él cuando me contaba sus travesuras antes de la enfermedad, y también lo acompañé en sus sueños de cuando se graduara y pudiera ayudar a su papá en el trabajo y de poder comprarle ropa bonita a la mamá y juegos de computadora al hermano. Se veía en una casa grande con patio donde pudiera tener sus juguetes y mucho espacio para tener las cosas que quería tener.

La sonrisa se le dibujaba en el rostro cuando me hablaba de su comida favorita y al mismo tiempo, había en él un rictus de tristeza por no poderla consumir tanto como quería.

Sus ojos negros brillaban cuando me describía su materia favorita y de porqué le gustaba pasar tanto tiempo hablando de ellas, de sus lecturas y temas preferidos, entre ellos, la astronomía. Le gustaba por las noches ver las estrellas brillar y aprenderse el nombre de las constelaciones. Me decía que pasaba horas viéndolas como una forma de entretenerse, cuando por razones de los medicamentos, no lograba dormirse.

También habló mucho acerca de su enfermedad, de lo que pensaba y sentía y de cómo lo había impactado conocer gente con su mismo tratamiento y se había muerto. Hablamos sobre eso, en una oportunidad llegó a decirme “sé que los ángeles no nos abandonan en esos momentos y Dios nos espera con una gran sonrisa allá, donde están las estrellas”.

La pregunta que me hacía y aún me hago es la siguiente ¿es necesario que una personita experimente situaciones tan profundas y complejas a tan temprana edad? Siempre me asombré de su madurez y manera de encarar y enfrentar la enfermedad, pero al mismo tiempo veía en él una inocencia e ingenuidad pura, limpia, fresca. A veces me parecía estar en presencia de un adulto en cuerpo de niño y otras, de un niño con mente adulta. Era una síntesis que no es contradictoria ni ambivalente, aunque si me resultaba a veces, dulce y amarga.

 Como lo expresé anteriormente, su espíritu de lucha encarnaba al verdadero guerrero, a esos valientes que enfrentan al propio miedo y logran vencerlo, siempre aparecía, siempre estaba con él. Podía quejarse de dolor, sentir fastidio ante tantos medicamentos, de tantas visitas a médicos, de su cuerpecito frágil, delgado y cansado, y no obstante me decía, una y otra vez, “quiero vivir”, “quiero ayudar a mis papás”, “quiero seguir jugando con mi hermano”, “quiero ir al colegio”.

R.R. tenía una picardía cuando me contaba sus cosas y de lo que hacía para entretenerse durante tantas horas de tratamiento y cuando me las contaba, me hacía su cómplice al mismo tiempo, me repetía “no se los digas a mis papás”.

¡Por supuesto!  Que no lo hacía, principalmente porque no existía ningún riesgo para él y su tratamiento, otra razón era porque simplemente eran cosas que hacen un niño sano a esa edad.

Todavía tengo fresca en mi memoria una historia que construyó a partir de unos dibujos que le proporcioné. Era su propia historia vista desde los ojos tiernos y dulces de un niño, que, a pesar de ser muy maduro para su edad y las circunstancias, en esencia era un niño.

En su historia había risas, alegría, juegos, fantasías, sueños, anhelo de vivir, de disfrutar las cosas simples, pequeñas y diarias que ofrece la vida. Su mundo era un mundo mágico, un mundo de aventuras que quería realizar cuando se mejorara y eso era lo que lo mantenía vivo, ese era su propósito en la lucha y batalla que mantenía. En él no había resentimiento con la vida, no había “los ¿por qué a mí?” al contrario, había ilusiones, había esperanza, había ánimo, había sed de vida.

R.R. tenía otra cita conmigo y ya me había adelantado de lo que quería hablar en ella, de lo que me iba a contar, no sin mostrarme su acostumbrada picardía, le devolví una sonrisa cómplice, esa que nos había unido en otros momentos, ambos sabíamos “el secreto” infantil que compartíamos, su secreto, su secreto de cuando fuera grande.

Revisé mi agenda y vi que al día siguiente R.R. vendría a su cita; dispuse todos los materiales con los que iba a trabajar con él para aprovechar el tiempo juntos y obtener el mayor beneficio para él, porque a veces se cansaba mucho. En esos materiales estaba su sonrisa, su picardía, la alegría y la tristeza, la fuerza, la luz.

Llegó el día y ya estaba preparado todo, yo esperaba ver su carita mezcla de tranquilidad y alegría, de madurez y sabiduría, de juego y seriedad.

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R.R. no llegó a la cita conmigo, ese mismo día me notificaron que había ido a un encuentro mucho más importante que el mío, se había ido a visitar a Dios, desplegó sus alas y alzó vuelo para brillar en el firmamento junto a las estrellas que en la noche contemplaba. Abandonó su cuerpo frágil y débil que lo limitaba en su niñez, que le impedía jugar como quería, con la libertad que solo en sus horas de dormir tenía.

Su partida me ha dolido mucho por varias razones, por una vida que concluye de forma prematura, por unos padres que no tienen consuelo y por un hermano que pierde a su compañero de juegos, por las cosas y “pequeños secretos” que él y yo compartimos en las horas en que nos vimos.

R.R. fue el ángel que conocí aquí en la tierra y espero que, así como yo disfruté su presencia y conversación, Dios esté en este momento sonriendo cuando ve su carita llena de picardía.

Gracias R.R. por enseñarme a honrar la vida con ojos de niño, gracias por las horas compartidas.

Descansa en paz que ahora Dios es el guardián de tus secretos, ellos están a salvo.

“Los niños están continuamente ebrios: ebrios de vivir”. P. J. Toulet

SIBONEY PÉREZ V.

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REGALO DE CUMPLEAÑOS

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Hoy es un día más de tantos que tiene el año, pero no es igual que todos porque hoy es un día especial para ti, por ser el día de tu cumpleaños.

¡Cuántas cosas quisiera obsequiarte y ofrendarte para que recuerdes este día!, pero ya ves, he venido a tu encuentro con las manos vacías, ábrelas y verás que no hay nada en ellas, ningún presente, ninguna sorpresa, ni siquiera una tarjeta.

No es porque no haya cosas en este mundo que pudiera regalarte o que unas cuantas monedas no pudieran comprar. Sí las hay, y muchas, solo que lo que yo quiero regalarte no lo hay en las tiendas y no existe el papel con el que lo pudiera envolver; porque lo que yo quiero darte no se compra, no se vende, tan solo se vive y se siente.

Pude preguntarte lo que querías que yo te regalara y tú darme tantas respuestas como cosas desearas, pero no hubo necesidad de preguntarlo o que tú me lo dijeras.

Hoy miro el pasado a través del prisma del tiempo y remonto mis recuerdos a años casi enterrados, años en los cuales estuvimos compartiendo sueños, ilusiones, desencantos y realidades, dudas y secretos.

Desde esos días han pasado tantas cosas, unas buenas y otras malas, pero cada una de ellas nos fue uniendo más, a tal punto, que el afecto y la comprensión no han menguado en su intensidad, aunque si ha variado en su forma de expresión.

¿Qué ha hecho que estos sentimientos hayan perdurado con el correr del tiempo? Muchas cosas, todas ellas intangibles, inmensurables, imponderables, pero todas logradas con esmero, esfuerzo y paciencia y, sobre todo, por la cualidad de dar sin esperar nada, sin exigir, sin demandar, sin transformar nuestra individualidad. Cualidad que nos ha permitido sentirnos libres para ser lo que realmente somos, sin mentiras, sin engaños; sabiendo a ciencia cierta que esperar de cada uno, porque no existen trampas ni arenas movedizas.

Yo estoy segura de que todo esto que te digo tú lo sabes y también sabes lo que quiero regalarte, pero a veces las cosas, aunque las sepamos, queremos oírlas porque así se convierten en testimonios fieles de nuestros sentimientos y en eco de las palabras que dice el corazón.

Hoy no tengo un obsequio para darte, ni siquiera traigo una vela de cumpleaños que pudiera encender para que conmigo la apagaras; solo tengo para ofrecerte hoy y siempre, el refugio y el calor de mi afecto que nunca podrá ser igualado por tantas velas, como en tu vida, vayas apagando.

Hoy pido al Gran Custodio que me conceda suficiente tiempo para compartir contigo y que, así como compartimos la primavera de nuestros primeros años, podamos compartir, en ese futuro incierto, el otoño de nuestros últimos años y poder recordar entonces que se labró un pedazo de historia que juntos se vivió.

¿Qué quiero regalarte? Salud, felicidad y el logro de tus deseos, y mientras esas cosas dependan de mí, te las regalaré, no solo hoy que es tu cumpleaños, sino siempre porque:

Ningún lugar está lejos, cuando el amor es sincero.

Ningún lugar está lejos, porque el amor verdadero siempre está cerca.

¡FELIZ DÍA DE CUMPLEAÑOS!

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“El amor vive más de lo que da que de lo que recibe”. Concepción Arenal

SIBONEY PÉREZ V.  

 

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HIPOTECAS AFECTIVAS

Voy a tomarme la libertad de adentrarme un poco en el contexto del derecho mercantil, que no es mi especialidad, para extraer unos elementos y poder hacer un paralelismo con el mundo psicológico, que es donde me muevo, para transmitir la idea que da título a este artículo.

Según investigué, una hipoteca es un contrato mediante el cual se toma como garantía de un crédito, un bien. El bien permanece en manos del propietario mientras éste cumpla con sus obligaciones; en caso contrario, el acreedor o tenedor de la hipoteca, puede realizar la venta del bien para cobrar el dinero que prestó.

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El bien está en manos del deudor, pero si éste no satisface la deuda en el período de tiempo exigido, el acreedor puede comenzar las acciones legales necesarias para la obtención de su dinero.

También encontré que los tres aspectos más importantes de una hipoteca son: el capital, que es el dinero prestado por el acreedor y que suele ser menor al precio del inmueble para poder cubrirse en un posible remate; el interés, que indica el porcentaje extra que se debe pagar a la entidad que otorgó el préstamo y que puede ser fijo o variable; y finalmente, el plazo, que es el tiempo que comprende la devolución del capital.

Muy bien, con estos escasos aspectos, puedo sentar las bases de lo que quiero transmitir. Las relaciones interpersonales son una compleja interacción de necesidades y presiones. En nuestros espacios y contextos de relación y vinculación con otros, bien sean de índoles familiares, de pareja, de amistades, laborales, establecemos de manera explícita o implícita, contratos o hipotecas sobre los cuales basamos nuestras transacciones e intercambios afectivos, es decir, aquí el CAPITAL es todo lo que se aporta en la relación que hace que el vínculo crezca, se afiance y se pueda reinvertir para que permanezca.   Nos convertimos en “acreedores afectivos”. Cuando hay déficit de capital, se ve alterada la relación y nuestro bienestar emocional.

Ese capital afectivo es algo que podemos crear o construir, emplear o no emplear de la misma forma que usamos otros bienes. En otras palabras, el afecto es un recurso a nuestra disposición, cuando sabemos invertir en él, con las personas adecuadas, o nos sentimos en la capacidad de asumir riesgos. Aquí entra un aspecto del balance costo/beneficio de ese vínculo o relación. La relación la consideramos justa y equitativa cuando lo que obtenemos lo percibimos y consideramos como proporcional a lo que hemos invertido en ella. Es una decisión personal si entregamos más de lo que recibimos, solo que hay que tener claridad en los motivos del porqué decidimos una u otra opción, si permanecer o abandonar.

chica-sonriendo-con-globos-mientras-su-novio-la-lleva-en-su-espalda_23-2147595934¿Cuáles son los aspectos que componen este capital afectivo? Son varios, entre ellos, la motivación, la comunicación, el compromiso, las experiencias previas, los incentivos y recompensas, percepción de futuro a largo plazo, expectativas y visiones conjuntas, creencias, valores, apertura y disposición al cambio, disponibilidad, intereses compartidos, la confianza, fidelidad, lealtad, reciprocidad, compatibilidad, confidencialidad, demostración de afecto, resolución de conflictos.

Todos o algunos de ellos, serán mezclados dependiendo de la naturaleza de la relación que se quiera establecer y mantener en el tiempo. Y aquí entra el otro elemento que constituye una hipoteca, el INTERÉS, conformado por la importancia y valor que le otorgamos a la relación y vínculo a los fines de mantenerlo y conservarlo.  Si se tiene el mismo interés, más rica y valiosa será la relación para nosotros y el rango de beneficios objetivos y subjetivos que experimentaremos, será mucho mayor. Atendemos, cuidamos, protegemos y mimamos la relación porque nos importa y queremos que continúe por variadas y distintas razones, muchas de ellas, intangibles y no materiales.

Si aquilatamos esa relación, seremos cuidadosos y buscaremos más las compatibilidades de ese vínculo para que las expectativas mutuas, sean cumplidas y el compromiso que se adquiere con el otro, sea honrado. Cuando estos aspectos están presentes, ese porcentaje extra o interés que se obtiene por el uso de los recursos o capital es el bienestar físico, emocional y psicológico, que permite experimentar y disfrutar la vida con el otro, es decir, que mis intenciones las comparto con los otros para hacer cosas con o para ellos.

El interés, es una poderosa motivación interna puesto que nos conduce y nos lleva a obtener las cosas que deseamos. Una de las cosas que más deberíamos desear y consolidar es tener relaciones sanas, nutritivas y semejantes para que ese plus que se genere sea mayor. De lo contrario, el costo asociado puede ser muy grande y llevar al sufrimiento, al lado oscuro de la relación (celos, rabia, depresión, resentimiento).

¿Por qué duran o terminan las relaciones?, aquí me remito al tercer aspecto, el PLAZO, se basa más en la expectativa que se genera por sentir que somos retribuidos en las cosas que hemos entregado; si sentimos que es gratificante en cuanto a los beneficios, la relación la mantendremos y continuaremos. En otras palabras, si sentimos que somos recompensados por estar y participar del vínculo, nos inducirá a continuar con esa clase de acciones y el resultado es que mantenemos nuestra relación.

Estos vínculos se mantienen en el tiempo debido a dos factores primordiales: Estabilidad y satisfacción. 1) Estabilidad: Reconocemos y aceptamos la importancia y valor que la relación o vínculo tiene para nosotros y 2) satisfacción: por las gratificaciones que recibimos y que nos estimulan a repetir las acciones y conductas de reciprocidad que constituyen esa unión (felicidad, calidad de vida, integración, ausencia de sufrimiento, entre otras tantas). En otras palabras, sentir que tenemos una distribución equitativa de los premios y reforzadores.

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Lo importante a destacar en este sentido, es conocer cuáles son nuestros límites y la resistencia psicológica para manejar la relación cuando uno de estos factores no está presente. Saber perder y abandonar a tiempo antes que la deuda se acreciente. Sustento y crecimiento son necesarios para alimentar la relación.

Aquí entra en juego la historia de la relación para que tomemos la decisión, de si merece la pena su continuidad en el tiempo; la evaluación de si nos seguirá beneficiando, directa e indirectamente, y de no ser así, tomar las medidas necesarias que nos lleven a prevenir el colapso de cara a cualquier cosa que pudiera afectarla y hacer que naufrague o se conviertan en rupturas envenenadas y tóxicas.

Toda relación es vulnerable y susceptible de terminar, dado que son muchos los elementos que las pueden perturbar y que son nocivas para su permanencia, sin embargo, si son sólidas, fuertes y robustas, prevalecerán en el tiempo y hacerla provechosa en el largo plazo para ambas partes, en el sentido de resultados y efectos positivos. Las restricciones de tiempo son claras si necesitamos tener relaciones duraderas y permanentes con otras personas.

Si percibo y siento que mi capital (afecto) no es retribuido como espero (expectativas), la relación se modificará en su base de sustentación o estaré dispuesta a renunciar a un vínculo donde no hay provecho mutuo. Cuando esto sucede, podemos sentir que no podemos aspirar a tener una relación constante sobre la cual sea posible fundamentar la permanencia y tal vez, estemos en presencia de “estafadores emocionales” cuya oferta original fue engañosa, y como contraparte, nos convertimos en “deudores emocionales”.

La percepción de que el equilibrio costo/beneficio de nuestras relaciones no es equitativo, hace que entremos en crisis y podemos sentirnos explotados y, por ende, la naturaleza de relación cambia, se produce la transfiguración y muta a otra clase de unión. En las relaciones debe existir reciprocidad y más que haberla, debe experimentarse subjetivamente. Si no ocurre de esta manera, la relación se intoxica. Para obtener bienestar en nuestras relaciones, tiene que haber un rico, fértil y equilibrado intercambio entre el dar y el recibir.

De no ser de esta manera, sobrevienen las pérdidas o banca rota emocional”, que es cuando se agota una parte sustancial de los recursos que podría llevar a uno de los miembros a invertir en el cultivo de relaciones de intercambio intenso y sólido. A diferencia de esto, el “capital emocional” permite que desarrollemos activamente relaciones suficientemente ricas para permanecer juntos y desarrollarlas aún más. Las relaciones cambian, unas evolucionan y otras no, unas crecen y otras mueren.

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Muchas relaciones afectivas se pierden porque quien se siente deudor vive con incomodidad su deuda, lo cual lo hace sentirse pequeño y dependiente de la contraparte y con deberes, y quien se siente acreedor también la experimenta con incomodidad pues se siente grande y con derechos. Uno y otro, deudor y acreedor, si no encuentran un modo de compensar y equilibrar su vínculo, su relación, están condenando su interacción al fracaso, a marchitarse y desaparecer. Por el contrario, el restablecimiento del equilibrio y balance mantiene vivo el sistema y hacen que crezca, se expanda.

Estamos tan ocupados con la tarea de vivir día a día, que no somos conscientes de cuáles son nuestras necesidades más profundas a nivel personal en cuanto a nuestras relaciones y vínculos afectivos. Desde que nacemos estamos orientados a una conducta que nos lleva a formar lazos de uniones con los demás para satisfacer nuestras necesidades de afecto, para nuestra estabilidad y seguridad física y mental en nuestras vidas.

Toda nuestra experiencia psicoafectiva está estructurada sobre la base de un conjunto de variables que se mezclan de manera compleja cuando nos relacionamos con los otros, tales como factores de personalidad, la historia individual, experiencias, entorno de vida, valores, gustos, nivel educativo y muchas otras más que hacen que sea multideterminada. Esa es la razón por la cual muchas de las relaciones se convierten en funcionales o en disfuncionales. Es el encuentro o choque de dos mundos y realidades diferentes.

El CAPITAL, INTERÉS Y PLAZO es deseable que existan en un nivel óptimo de funcionamiento, presencia y compensación para que se activen en la relación y esta sea funcional, si existe un desequilibrio acentuado, la relación se verá afectada seriamente. No siempre podemos dar en la misma cantidad y calidad de lo que recibimos. Sin embargo, la verdadera gratitud, humildad y apertura de corazón al recibir y la radiante y genuina alegría de dar, actúan como un mecanismo de contrapeso y compensación que permite el equilibrio entre dar y recibir. Es una sutil alquimia entre las cuentas pendientes y las cuentas saldadas afectivamente.

Nuestras relaciones más íntimas y cercanas representan una inversión importante en nuestra vida, representan un intercambio afectivo que requieren que les dediquemos mucha energía y tiempo si queremos conseguir que funcionen. Requieren de un esfuerzo consciente y continuado.

Si queremos una relación y vínculo sano, constructivo y en armonía, no pidamos más de lo que, de una manera u otra, podamos devolver, porque los deudores pierden su dignidad y los acreedores su libertad generando juegos de poder, sufrimientos y dependencias en los vínculos afectivos.  Happy couple

Convirtamos nuestros encuentros y reencuentros en algo distinto, enriquecedor, que nos proporcionen un placer y felicidad cada vez mayor, para que nuestro capital y nuestros intereses tengan un rendimiento extraordinario de bienestar a largo plazo.

“El agradecimiento es la memoria del corazón”. Lao-Tze.

“Antes de recibir un beneficio examina con cuidado cómo podrás manifestar tu reconocimiento” Demócrates.

SIBONEY PÉREZ V.

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RECUERDA QUE ERES UN SER HUMANO

Tenemos que recordar de manera permanente nuestra condición distintiva en la escala de evolución de las especies que habitamos este planeta. Debemos recordarlo porque eso es lo que somos en esencia, somos Seres Humanos, solo que a veces parece que lo olvidamos, y entonces actuamos de manera deshumanizada, y nos convertimos en robots insensibles.

SENTIR2Siempre debemos recordar que somos Seres Humanos en las buenas y en las malas circunstancias. No permitamos que la tecnología y la indiferencia nos conviertan en máquinas ajenas a lo que pasa a nuestro alrededor.

Como raza humana hemos llegado a un punto tal de deshumanización que ya no nos asombran las atrocidades que en cualquier lugar del planeta a diario se cometen, y de los cuales somos testigos oculares en “tiempo real”, y no nos asombran ni asustan, porque se han vuelto costumbre y la costumbre insensibiliza, anula y anestesia los sentidos y los sentimientos hasta casi neutralizarlos, apagarlos o bloquearlos, incluso desdibujarlos.

Con el transcurrir del tiempo y con el avance de la tecnología, la vida ha cambiado, y aunque suene paradójico, lo ha hecho para bien y para mal. Debido a ello, actualmente disfrutamos de comodidades que nuestros antecesores no  fueron capaces de soñar o tan siquiera imaginar,  o donde muy pocos lo creyeron posible, así mismo, actos que ayer eran considerados como mínimo aberraciones, intolerables, imperdonables, hoy nos parecen cuasi-normales y ni un sonrojo o vergüenza asoma a nuestra cara, porque por la fuerza de la costumbre, de lo que forma parte de nuestra cotidianidad, se impone como realidad; hemos perdido la virtud de condolernos con el dolor ajeno y el asombro y la sorpresa no son atenuantes o pruebas en nuestro favor porque no lo manifestamos o compartimos.

Cada día más, cada momento, cada período de nuestra permanencia en el mundo, nos va acercando irremediablemente hacia un agujero negro que ensombrece nuestra existencia como seres humanos en la Tierra y, por tanto, nos aleja del resto de los seres vivos que habitan en él. Vemos ya síntomas alarmantes y preocupantes de una realidad que se quiere ocultar ante los ojos de una sociedad que camina sin rumbo.

0000308782Donde posemos nuestra mirada, la deshumanización que estamos manifestando, tapa nuestra visión de la realidad. Preferimos observar la realidad a través de una pantalla de teléfono o computadora, o cualquier juguete nuevo que prácticamente cada mes aparecen, antes que con nuestros propios ojos. La calidez humana del trato directo, íntimo, cercano, quizás está siendo relegado y va quedando en un segundo plano, por no decir, último. Estamos hipnotizados y absortos ante lo que está lejos de nuestra realidad y nos sentimos protegidos por una pantalla diminuta que podemos controlar con nuestras manos.

El nuevo paradigma de nuestra vida parece que fuese vivir a través de la pantalla del teléfono, y de las diferentes aplicaciones que podemos instalar en ellos, Twitter, Instagram, Facebook, Whatsapp, y otras tantas; generando una especie de supremacía sobre la gente. Los aparatos que nos brinda la tecnología se han convertido en una extensión de nuestro cuerpo, hasta tal punto, que de no tenerlos con nosotros, es sentir que nos han amputado o cercenado una parte vital del mismo, no concebimos “ser” y “estar” sin dichos aparatos.

A través del tiempo, navegamos por la naturaleza humana, entre el olvido y la ficción de vernos envueltos en unas vidas, en algunos casos, carentes de objetivos, pensando, sin embargo, que lo que pasa fuera de nuestro círculo de comodidad, de nuestra zona de seguridad, no existe y no existe porque no lo quiero ver o porque prefiero navegar otra realidad, la virtual. Las nuevas tecnologías permiten esconder nuestra personalidad y evitar enfrentarnos a los sentimientos de nuestros semejantes y a los propios. Es más fácil la evasión que la confrontación, más fácil el dedo en la tecla de una máquina, que el encuentro cara a cara.

Gracias a la tecnología y todos sus avances, tenemos la oportunidad de acortar distancias, acercarnos a aquellas personas que están físicamente lejos de nosotros, trabajar desde nuestras casas, agilidad en trámites, aprovechamiento del tiempo, etc. Es menester poder mantener el contacto con los que están lejos, pero más importante es mantenerlo con los que están cerca de nosotros.

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Tenemos que recuperar el que podamos disfrutar realmente de todo lo que nos ofrece este mundo. La posibilidad de sentir el calor de nuestros seres queridos, amistades y de aquellos con los que nos cruzamos diariamente, nuestros vecinos, compañeros de trabajo. El contacto humano es necesario, diálogos y encuentros constructivos, enriquecedores.

Tenemos que dejar de mirar la pantalla virtual por un momento y contemplar todo lo que sucede a nuestro alrededor, para sentir y experimentar que estamos vivos, que no somos robots, que somos Seres Humanos.

Es cierto que el mundo ha cambiado y es imprescindible adaptarse a los nuevos tiempos que nos acontecen, para poder avanzar hacia un futuro más cómodo y accesible, para no quedarnos anquilosados o convertirnos en fósiles, porque no supimos adaptarnos y ajustarnos a esos cambios.

Lo tecnológico, lo no humano es incomparablemente más poderoso, rápido, avasallador y paralelamente confuso, adictivo y agresivo. Supone la tecnificación y cosificación de la vida, con el inminente riesgo que suframos transformaciones arbitrarias y mutaciones imprevisibles en nuestra condición humana.

Por el contrario, lo humano, lo pensante y lo que siente, tiene en cambio, la fuerza de lo vivo, de lo inmediato a la persona, de lo encaminado hacia la convivencia, el compartir y el encuentro, la trascendencia. Parecieran causas perdidas de continuar este rumbo y sendero de lo deshumano, sin embargo, hay que alertar y hacer llamadas para que prevalezcan los sueños y las esperanzas de una razón vuelta contra sí misma.

Ante esta deshumanización de todo orden, acentuada por la “adoración y culto” a lo tecnológico y virtual, aún existe un rayo de esperanza, una luz que se enciende para alumbrar nuestra equivocación, que nos hace comprender que no vamos por buen camino, que esta no es la senda por la que el ser humano debe dirigir sus pasos.

No pasemos de la indiferencia a la soledad. El hombre ha conquistado la naturaleza, y todo obstáculo que se le ha presentado a lo largo de la historia. Ha llegado al espacio y posiblemente, algún día, llegará a las estrellas más recónditas de la Vía Láctea. Todo esto de nada habrá servido, sino recuperamos nuestra esencia de Seres Humanos. Las estrellas son distantes y frías y nuestro corazón y alma pueden volverse así, si los dejamos sumergidos en este mar de “escapismo virtual”, que ayuda a que la soledad se vuelva tragedia, desdicha e infelicidad.

La rehumanización es posible si los valores retornan y alumbran un nuevo sendero de luz y humanización. Con más urgencia que ayer, necesitamos que nuestra condición de Seres Humanos, se convierta en una celebración gozosa de la vida, de hombres y mujeres que se comprometan a cambiar el miedo en sosiego, el dolor en salud, la desesperación en calma y el llanto en esperanza.

Pros-y-Contras-de-salir-con-un-hombre-muy-sensible-2Puede ser difícil pero no imposible, aún tenemos algo de tiempo para cambiar las cosas y demostrarnos a nosotros mismos, que podemos ser humanos y que la deshumanización es un error que sólo nos lleva a la autodestrucción como seres vivos.

Deshacernos de la deshumanización existente. Volver a mirar la vida con nuestros propios ojos y no a través de la pantalla del teléfono móvil. Volver a lo que éramos sin negar la evolución tecnológica de nuestra propia humanidad.

Si vivimos de esta manera, nuestra humanidad tendrá el poder de manifestarse cercana frente a toda distancia, grata frente a toda ingratitud, exigente frente a toda ambigüedad, alegre frente a toda tristeza, amable ante todo rechazo, consistente ante toda debilidad, abierta ante puertas cerradas.

Nuestra humanidad es capaz de desatar un poder auténtico, una fuerza interior para convertir la vida en luz que ahuyente tinieblas, para retornar al perdón, convocar la paz y reencender los encuentros.

“La humanidad es como es: no se trata de cambiarla, sino de conocerla”. Gustave Flaubert

Vivir y Sentir. Video referencial>> Recuerda que eres humano

 

SIBONEY PÉREZ V.

 

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UN ORÁCULO PERSONAL

Desde tiempos remotos el hombre incesantemente ha buscado las maneras y vías de intentar predecir el futuro o al menos, tener un esbozo o idea de lo que le deparará. Para ello, ha recurrido a diferentes “métodos” de aproximación: el Tarot, la borra de café, lectura del tabaco, de las líneas de las manos, interpretación de los sueños por personal no calificado, el I Ching y una gama amplia de diversos oráculos que los ayuden a tener alguna perspectiva sobre problemas o respuestas a ciertas preguntas difíciles o atemorizantes. El más famoso de todos estos oráculos es el Oráculo de Delfos.

destinoTodos, independientemente de la cultura en la cual se originaron, surgieron con un propósito, la de formularnos preguntas para tratar de encontrar las respuestas, y si son las correctas, mejor todavía.

Ahora bien, sin querer irrespetar las enseñanzas y sabiduría popular y ancestral, para  buscar las respuestas que queremos, hay otras formas más directas, modernas, sistemáticas, comprobadas, y sobretodo, fundamentadas y  apoyadas en principios lógicos que nos conducirán a lo que buscamos.

Creer qué hay alguien externo a nosotros que tiene todas las respuestas que uno necesita, nos coloca en una posición de vulnerabilidad e inseguridad. Cuando nos formulamos las preguntas a nosotros mismos, mirando nuestro interior sin ningún maquillaje o máscara, estamos dando un paso esencial para impulsar y avanzar en nuestra vida.

Cuando tomamos conciencia de nosotros mismos, ya estamos en el camino de la transformación. Vencernos a nosotros mismos es ganar una batalla con la actitud correcta para predisponernos a que nos sucedan cosas buenas. Muchas veces los problemas no son problemas verdaderos o reales, sino las actitudes a las que insistimos en aferrarnos. Es básicamente, cambiar nuestra conducta o enfrentar creencias negativas y las emociones que las sustentan.

Formularnos preguntas requiere de uno mismo un gran esfuerzo y mucha amenaza a nuestra estabilidad y zona de confort o de seguridad, muchas veces, son bloqueos y autosabotajes para buscar soluciones y conseguir lo que queremos lograr. Otras veces, no nos hacemos preguntas para no cuestionar la realidad, porque nos da temor, por no decir pánico, de saber verdaderamente las respuestas.

Cuando nos hacemos preguntas, posiblemente encontremos la respuesta a por qué algo nos salió mal, para esclarecer y perfeccionar nuestro estilo de vida, para definir los Cual es el proposito del destinoobjetivos y sueños o para resolver problemas cotidianos. Es una forma de encarar las situaciones o temas de una manera práctica y mucho más realista.

Con las preguntas aprendemos a transformar los problemas, los volvemos más fáciles de manejar y por lo tanto, estamos más cerca de solucionarlos.

¿CUÁLES SON LAS RESPUESTAS QUE BUSCAMOS?

Lo importante es hacernos un hábito de formularnos preguntas diariamente para profundizar en nuestro propio conocimiento, en nuestro mundo interior, en nuestra esencia, entre ellas y a modo de ejemplo, están:

  • ¿Cómo puedo ser feliz y sentirme más pleno con mi vida?
  • ¿Qué impide que realmente logre mis sueños?
  • ¿Cuáles son las cosas que quiero cambiar en mi vida?
  • ¿En qué quiero concentrarme hoy?
  • ¿Qué quiero lograr hoy?
  • ¿Cómo me quiero sentir cuando termine el día?
  • ¿Qué cosas realmente quiero lograr?
  • ¿De qué manera puedo contribuir a sentirme bien hoy, a pesar de las circunstancias?
  • ¿Cómo expreso mi pleno potencial y lo pongo en acción?
  • Cuáles son las cosas especiales que he querido ser o hacer y hasta ahora no lo he cumplido?
  • ¿Me siento conectado a un todo significativo?
  • ¿De qué manera enfrento los reveses y derrotas en mi vida para poder seguir adelante?
  • ¿Cuáles son las cosas a las que más les temo?
  • ¿Cuáles son mis excusas para no lograr las cosas que quiero?
  • ¿Cuáles son los resultados positivos y negativos de los acontecimientos del día?
  • ¿Qué estoy haciendo para lograr cambios positivos en mi vida?
  • ¿Cómo estoy inviertiendo para tener la vida que quiero tener?
  • ¿En qué invierto mi tiempo libre?
  • ¿Cuáles valores guían mi accionar?
  • ¿Cuáles son mis fortalezas?
  • ¿Soy feliz con mis relaciones?
  • ¿Qué cosas funcionan bien y qué no con mis relaciones?

Cada uno de nosotros debe buscar y saber cuáles son las preguntas correctas. Ellas pueden cambiar diariamente o pueden ser válidas durante meses o años. Lo importante a tener en cuenta es, que la pregunta tiene que relacionarse con nosotros y con el hecho de ayudarnos a vivir de la mejor manera posible. Hacer la pregunta correcta nos hace sentirnos con la sensación de que estamos asumiendo el control de algún aspecto de nuestra vida.

Nadie, mejor que nosotros mismos, tiene pleno conocimiento de nuestra propia vida. Sin embargo, hay ocasiones en que necesitamos buscar ayuda profesional para que nos devuelvan la confianza y tranquilidad, o nos indiquen cómo abordar temas que han quedado atascados y nos proporcionen herramientas que nos permitan seguir adelante con nuestras vidas. Esa ayuda nos da una visión más amplia, clara y precisa de nosotros mismos. Lo importante es, que de una forma u otra, busquemos las opciones para darnos las respuestas que buscamos y necesitamos.

¿CÓMO FUNCIONA EL ORÁCULO PERSONAL?

Primer paso

Ten el hábito de hacerte una pregunta justo antes de dormir, esto le proporciona al subconsciente la oportunidad y material para resolver algún problema en particular. En la mañana, intenta contestar la pregunta en un cuaderno o diario durante unos minutos. Repite el procedimiento por varios días, hasta que esa inquietud o problema se haya aclarado. Frecuentemente, escribir y describir eso que nos inquieta o estresa, se disipa y disuelve.

Anota las preguntas para que tu mente comience a filtrar las respuestas mientras estás ocupado en otras actividades.

Segundo paso

El siguiente paso es tomar acción, que consiste en llevar el conocimiento btenido mediante las preguntas a la práctica y hacer algo con ese conocimiento. Esto muchas veces requiere afrontar el dolor de un nuevo desafío. La acción es una retroalimentación que nos permite aprender. Aquí es importante probar nuevas actitudes e ideas y evaluar si son de utilidad.

Al actuar, podemos cometer errores y lo importante es mantener una actitud positiva con respecto a ellos. Analiza los efectos que tienen en tu vida y haz los ajustes necesarios para sentirte bien.

Tercer paso

El próximo paso es establecer un plan de acción, que consiste en un contrato contigo mismo para ayudarte a mantener en el camino correcto y a cumplir con tus objetivos y metas.

Este plan habrá que revisarlo con frecuencia para adaptarlo a los cambios que se van produciendo. Es importante fijar temporalidad a corto, mediano y largo plazo para sumiedo1 ejecución, ya que no todas las acciones se podrán realizar en el mismo tiempo ni con la misma prioridad.

Estos tres pasos de nuestro oráculo personal, muchas veces pueden verse entorpecidos por nuestro propio autosabotaje, que es nuestro enemigo principal, él es el resultado de nuestra negatividad, malas experiencias, creencias, diálogos internos y nos quedamos atrapados en nuestros automatismo, como un hámster en su rueda de ejercicios.

Lo mejor para combatir nuestro autosabotaje es ser optimistas y llenarnos de esperanza, en combinación con una actitud de arriesgarse a cambiar.

La tristeza, la nostalgia o la desconfianza muchas veces nos invade y nos crea desasosiego por un futuro incierto de una vida diferente, anhelada, buscada. Muchas veces nos impacientamos por las esperas agobiantes de unos cambios que demoran en llegar o que no sabemos cómo hacer. Invertimos energía para que aparezca una luz que nos saque de la oscuridad y las tinieblas.

¡Qué misterios tiene la vida!, la vida querida, amada. Cuando pensamos o creemos que todo parece languidecer o apagarse, resurge y brota de sus mismas cenizas, una fuerza que nos lanza e impele a buscar respuestas.

Así es el camino, así son las idas y venidas, sin claudicaciones ni rendiciones, y aunque parezca paradójico, provoca y alienta el paso seguro de la incertidumbre y de lo desconocido a la certeza de la esperanza y de la vida que queremos tener.

De allí la importancia que siempre nos hagamos preguntas para iluminar nuestro propio sendero, abrir nuestras percepciones, establecer conexiones, confiando en que haremos nuevos descubrimientos acerca de quiénes somos y de quiénes podemos llegar a ser.

Es abrir nuestra propia caja de Pandora para desafiarnos, crecer, cambiar y evolucionar.

“Las preguntas descubren la amplitud del ingenio, y las respuestas su agudeza” J. Jourbert.

Siboney Pérez V.

 

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EL ESPEJO DEL TIEMPO

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Esta mañana abuelo cuando me asomé por la ventana estabas sentado cabizbajo en el banco del jardín; llevabas puesto tu sombrero de paja, aquél que en el cumpleaños de la abuela te empeñaste en lucir, y en las manos sostenías el bastón, el bastón con el que me amenazabas si agarraba tus periódicos para hacer mis barcos de papel.

Encendiste tu pipa, sí, la misma que te regaló mamá cuando tú y la abuela cumplieron sus bodas de coral; guardaste tus lentes de delgado cristal y sin saber que yo te miraba, comenzaste a llorar.

Y mientras te miraba recordé sin querer mi niñez y con ella recordé también parte de tu juventud. Recordé esos días en que tu y yo disfrutábamos juntos de la vida, cuando no nos importaba que el tiempo pasar o se quedara en completa quietud.

Recordé aquellos días en que íbamos a jugar al río y nadábamos hasta que el cielo se convertía en una sola penumbra, y de las veces que fuimos a ver los pájaros, mientras bebían agua en la laguna.

¡Qué de veces jugamos a piratas y corsarios! Nuestro botín favorito siempre fueron las galletas que mamá y la abuela escondían en el armario. ¿Te acuerdas abuelo de la vez que nos llenamos de barro de los pies a la cabeza y nos bañamos con la lluvia para que nadie en la casa lo supiera?

Recordé también aquel verso  que un día te regalé y que decía: “Yo tengo un abuelo que es zapatero, plomero y un viejo barrigón”, ¡Cómo te reíste! y hasta me diste unos golpecitos con tu inseparable bastón.

¡Cómo nos divertíamos en eses años!, cuando papá o mamá me regañaban, tú me guiñabas el ojo en señal que harías algo para que se les quitara el enojo. ¡Qué de cosas juntos vivimos!, nuestras peleas de vaqueros e indios; las competencias de cometas, trompos y metras que en el verano tu y yo hacíamos.

¿Y recuerdas las tantas veces que jugamos a policías y ladrones?, ¿y de la vez aquella, que por estar correteando por la casa, le rompimos a mamá sus finos jarrones?; ¿verdad abuelo que en esos días éramos tan felices y que cuando estábamos juntos no había nada que nos pusiera tristes?

No recuerdo una hora de mi vida en que no estuvieras junto a mí; mamá, papá y la abuela te decían que me estabas malcriando y tú les contestabas que no ibas a dejar de disfrutar los ratos que conmigo pasabas jugando.

Recuerdo aquella vez que me enfermé y te negaste a salir de mi cuarto y pasaste la noche en vela, porque por mí estabas orando. Y de la vez que te dije que no quería crecer para no separarme de ti, me abrazaste y con lágrimas en los ojos me comentaste: “En tu corazón yo siempre estaré junto a ti”.

Hay tantas cosas que hoy acuden a mi memoria; las veces que me esperaste sentado en la acera del colegio, las casitas de madera que hacías con tanto esmero y de los muñecos de plastilina que pegabas en mis cuadernos.

¿Y qué me dices del columpio que pusimos en el patio de la casa?, ¿y de las botellas que llenamos con las piedras de colores que recogíamos en la playa?; ¿te acuerdas cuando me enseñaste a montar en bicicleta?, ¿y de cuando nos quedamos dormidos después de habernos comido los dulces de la fiesta?

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Sí abuelo, hoy recuerdo eso y más, porque también recuerdo que fuiste mi compañero de juegos, mi amigo y mi protector; fuiste mi Don Quijote, mi héroe y un viejo príncipe azul. Le diste luz a mis días y pusiste sonrisas en mis horas de melancolía; junto a ti fragüé mis sueños y supiste guardar mi secreto más pequeño. Enjugaste una a una todas mis lágrimas y escribiste en el libro de mi vida, muchas de sus páginas. Con tu cariño me ayudaste a crecer y me enseñaste, que al amor, no hay que dejarlo perder.

Me inspiraste fuerza cuando un obstáculo me hacía caer y me infundiste respeto por los que tienen algo que ofrecer. Fuiste el guía en el camino de mi adultez y el consuelo infalible durante mi niñez. Siempre tuve el apoyo de tus fuertes manos, siempre encontré utilidad en tus consejos sabios y siempre vi en tus ojos, el amor que me has profesado.

Me obsequiaste todas tus riquezas, que fueron, amor, ternura, calor, comprensión y paciencia; me entregaste con tus años todo un mundo de ilusión y dejaste que viviera mis fantasías, sin burlas y sin temor.

Abuelo, tú fuiste mi ángel guardián, mi genio y mi valeroso capitán; fuiste un apuesto caballero, un galante rey y mi más leal guerrero.

En mi vida fuiste el fuego, el trueno y la tempestad; fuiste todo lo bello, lo noble y toda mi verdad. Me donaste tú ayer como el más costoso de los regalos e hiciste de mí, el mejor alumno de tus lecciones y a cambio, no exigiste pagos ni pusiste condiciones.

Es por todo eso abuelo que esta mañana cuando te vi sentado en el banco del jardín, yo también lloré; tuve que hacerlo por no poder contener el grito de desesperación e impotencia que nacía en mi pecho, por no poder detener el tiempo que transcurre sin clemencia. Lloré por los dos abuelo, porque tú y yo no podremos regresar al pasado, porque se nos han borrado los pasos que en él dejamos marcados.

Lloré abuelo por tus canas plateadas, por el brillo que ya se les acaba y porque no sé, si para ti habrá otro mañana.

Lloré abuelo por tus labios cansados, porque ya no sonríen, porque no dicen palabras que ahoguen mi llanto.

Lloré abuelo por tus ojos, que de tristeza se han llenado, porque no veo me imagen en ellos reflejada y porque no les puedo pagar el amor, con que siempre me miraron.

Lloré abuelo por tus manos arrugadas y temblorosas, que dispuestas estaban para una caricia, porque dejaran de ser mis guías y porque no serán más, el abrazo que siempre me dormía.

Lloré abuelo porque en mil surcos se ha convertido tu rostro, porque ya no expresa ningún asombro y porque tú y yo, dejamos de ser un nosotros.

Lloré abuelo por tus pies que dan pasos vacilantes, porque han perdido el camino que un día juntos labramos y porque no me seguirán en las luchas que me quedan por delante.

Lloré abuelo por tu cuerpo que ya no está erguido, porque perdió la fortaleza que le dio ánimos al mío y porque ya no albergará el calor, que siempre compartimos.

Lloré abuelo por tus sueños escondidos que no se realizaron, por los miedos que nunca confesaste y por las lágrimas, que en silencio derramaste.

Lloré abuelo por todas tus esperanzas, por todo lo que en tu vida no se hizo realidad y porque ya te queda muy poco de felicidad.

Lloré abuelo porque de repente te me hiciste viejo, porque tu voz es un murmullo quedo y porque hoy como nunca sé ¡cuánto te quiero!

Sí abuelo, esta mañana lloré, lloré porque somos eslabones de una frágil cadena, porque perdemos la vida sin darnos cuenta, porque olvidamos en el tiempo las cosas buenas.

Abuelo, pídele al tiempo que vuelva, que escuche mi lamento, que te deje conmigo, porque eres lo único que tengo. Y si el tiempo no te escucha abuelo, déjame entonces tu sabiduría, tus deseos y tus muchos recuerdos; déjame la pureza de tu alma, tus anhelos y tu paz, déjame tu gloria, tus plegarias y tu bondad.

Déjame abuelo tus huellas, tu inocencia y tu serenidad; déjame tu fatiga, el aliento de tu espíritu y tu soledad; déjame tus tristezas, tus virtudes y las cosas que encontraste bellas; déjame tus placeres, tus dudas y tus callados dolores; déjame tu desesperación, tu amargura y tu resignación.

Abuelo, yo sé que el tiempo no tiene grietas, que no perdona el viaje de la existencia, que no regresa aunque uno lo quiera y que no podemos burlarnos de él.boys-1782427_1920

Por eso abuelo, alguna vez volveré a llorar por ti, no será hoy, no será mañana, será el día
en que yo también me siente en el banco del jardín y le suplique al tiempo que espere, que se detenga, que retroceda, porque el tiempo que se va no vuelve, y si vuelve, ya no será el mismo. Pero lloraré también por mí, porque esta mañana abuelo cuando te miré, comprendí que tu vejez será del tiempo mi único espejo y porque ese día, al igual que tu, sabré que me hice viejo.

“Saber envejecer es la obra maestra de la sabiduría y una de las más difíciles del gran arte de vivir”. Amiel

SIBONEY PÉREZ V.

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