I CONGRESO MILLENIA ONLINE

Fuerza, eso es lo que le sobra a Siboney Pérez V. en su conferencia “Las Manifestaciones Energéticas de la Feminidad”. La mujer del nuevo milenio se busca a sí misma, indaga en su interior para descubrirse. Es una mujer transformada, que poco a poco va ascendiendo en cuanto a conquistas y logros. Se adentra en el mundo de lo femenino para utilizar su capacidad de transformación, de creación y su potencial de realización. Las mujeres debemos reflexionar para volver a conectar con nuestra propia conciencia, la conciencia femenina que posee su propia identidad, el conocer el templo interior que habita en cada mujer, para desplegar los colores de lo maravilloso y de la luminosidad femenina.

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BRUMAS EN EL TIEMPO

Dedicado a quien fue, es y siempre será, alguien especial en mi vida a pesar del tiempo, la distancia y los olvidos.

Si alguna vez lo lees, sabrás que esa persona eres tú.

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Vaga mi mente por el paraje que me rodea y mis recuerdos se inundan de nostalgia, de saber que aquello que con ansiedad busco, no lo puedo en ninguna parte encontrar.

Sombras escondidas se van desdibujando en nuestra historia para alejarse de momentos, que ayer fueron una hermosa realidad, que se consumen en el olvido y hacen que, como niños, comencemos a llorar. ¡Qué lejos están esas vivencias!, ¡qué lejos estás tú! Y ¡cuán lejos estoy yo!

Mi corazón anhela conservar esos recuerdos, esos días, pero no puedo; son fantasmas que logran escapar haciendo de mi vida una morada vacía donde la oscuridad reina con absoluta libertad. Tantas cosas se están muriendo dentro de mí, que tenerte a mi lado sería hacerte prisionero de un mundo infeliz y se esfumarían las memorias, que es lo único que siento, me sigue uniendo a ti.

Trato de encontrarte, de verte reflejado en los rostros de la gente pero me engaño al hacerlo, porque si te viera, me daría miedo de que ya tú no fueras el mismo. Mi espíritu está en contradicción, no quiero perderte pero me alejo con el atardecer, sembrando dudas y temores que ni yo logro comprender. Es tan enigmático lo que siento que prefiero huir sin explicaciones y que el silencio cubra mi existir.

Más no puedo sacarte de mí, eres mi segunda piel, eres la razón para que mis días sean tristes y lúgubres, y al mismo tiempo, la inspiración para esbozar una sonrisa cuando en mis sueños te presentas. Tu imagen es tan vívida que siento que regreso al pasado para tenerte de nuevo a mi lado.

¿Qué hicimos con nuestro ayer?, ¿dónde lo dejamos perder? Respuestas llenas de culpas que atormentan, que aquejan martirizando el alma, haciéndola más pequeña para no volver amar, para no traicionar al ser que tantas horas colmó y al corazón mío, que con tanta devoción se entregó.

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Pongo a un lado mi orgullo para decirte esto; aunque no lo escuches, se lo grito al viento por las noches y, es posible, que la brisa que alguna vez te acaricia, sea el eco de mi voz llamándote para pedirte perdón, perdón por lo que fue y por lo que ha dejado de ser.

En estos momentos mis lágrimas no cesan, se ha ido la armonía de mi vida, y cual latigazos, siento tus ojos cuando ya no me miran; ya no encuentro la paz porque no tengo tus manos cerca de las mías. Emoción, ansiedad y alegría cada instante que te tenía; rabia, celos y frustración, si verte no podía.

He allí mi dilema, quería que fueras solo para mí a sabiendas que el amor, para que pueda crecer, hay que dejarlo ser libre. Más mi único tesoro eras tú y por la angustia de perderte, te perdí.

Irónico ¿verdad? Hoy estoy pagando el precio de que te hayas ido. No hay luz y serenidad en mi camino; no aplaco la furia que tienen mis sentidos, no tengo felicidad porque no estás conmigo.

Solo tus recuerdos me acompañan para quebrar en pedazos lo que pudo ser un mañana. No quiero que se desvanezcan, porque ellos son testigos del pasado dulce y real que me hizo conocer tu amor. Aunque hoy sean una herida abierta que nunca cicatrizará, serán por siempre las estelas y brumas del tiempo que no quiero dejar atrás.

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“El alma reserva en sí las cosas que fueron” Pero Sánchez

 

SIBONEY PÉREZ V.

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¿CÓMO MANTENER LA CORDURA DENTRO DE LA LOCURA?

Quiero comenzar con unas palabras que aparecen en 2 Corintios 4,8-9 …“que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos”.

Los seres humanos transitamos el sendero de la vida teniendo que enfrentar pérdidas, crisis, renuncias, separaciones. Las adversidades forman parte del vivir y son una constante inevitable y al mismo tiempo necesarias, ellas nos permiten crecer, madurar, aprender, desapegarnos, deshacer lazos y soltar amarras para emprender otros derroteros.

Para muchos el sendero de la vida, es un camino doloroso, un camino de lágrimas y de sufrimiento, porque al ir avanzando tenemos que dejar atrás seres queridos, vínculos apreciados, parte de nosotros mismos, dejar aquello que nunca tendremos o nunca seremos, y muchas veces, nos toca perder y aceptar nuestras pérdidas. Perder es doloroso, las pérdidas nos traen penas y sinsabores. Sin embargo, es a través y a causa de ellas, que nos convertimos en seres humanos más maduros y armónicos emocionalmente. fear-615989_1280

Somos lo que somos y nos conducimos como lo hacemos, según la manera en que hemos enfrentado las experiencias dolorosas, de crisis, de pérdidas o de renuncias. Ellas nos permiten comprender nuestra actitud ante la vida. Es necesario que pensemos acerca de la actitud que asumimos frente a las dificultades de la vida, pues de ella depende lo que se conoce en psicología como RESILIENCIA, una persona resiliente es aquella que ha pasado por experiencias y situaciones excepcionalmente difíciles y las han asumido y enfrentado, es decir, es capaz de hacerle frente a las más diversas adversidades que le pone la vida por delante.

Los momentos en los cuales afrontamos una adversidad, crisis, dificultad, una pérdida o un revés, constituyen oportunidades para probar de qué material emocional, psicológico y espiritual estamos hechos, para probar qué es lo que nos sostiene de pie en la vida.

La manera como experimentamos la realidad no es la misma de un día para otro, cambia rápidamente y debemos entonces diseñar y plantear nuevas estrategia de adaptación porque surgen nuevas exigencias y nuevas discrepancias, y en esta intensa dinámica, es puesta continuamente en juego nuestro bienestar, respondemos a esa dinámica o bien sincronizándonos con la complejidad de lo nuevo y abriéndonos a sus desafíos o des-sincronizándonos respecto a esta y permanecer prisioneros en antiguos modos de sentir y actuar que no se han puesto al día con las exigencias del presente.

Cuando cerramos la puerta a la realidad que está sucediendo, quedamos paralizados y anquilosados en un anticuado esquema de sentir y de ver el mundo, quedamos inhabilitados o incapacitados para orientarnos y actuar con plena responsabilidad.  “El estado de crisis” es la condición constante de la existencia humana y esta condición nos obliga a “crearnos”, “reinventarnos”, porque nuestra existencia es una perenne “adaptación creativa” a una realidad siempre mutante, crítica y cambiante.

Cada día somos llamados y demandados a crearnos en medio de las crisis, desafíos y adversidades. Cuando nos encontramos en medio de ellas, experimentamos de inmediato sus frustrantes consecuencias, muchas veces viviéndolas y percibiéndolas como una expresión del mal, como algo maléfico y otras veces, como oportunidades. Estas vivencias y significado se corresponden a la relación que tenemos entre la biografía, historia, experiencia, aprendizaje y recursos que nos constituyen y la percepción y dinámica que establecemos con la realidad que estamos llamando “crisis”.

Nuestra supervivencia particular, nuestra capacidad de afrontar eventos críticos y encontrar soluciones creativas a estas, dependen de un complejo mecanismo de coordinaciones emocionales y afectivas que permitan la articulación constructiva de intereses recíprocos y comunes; a través de la interdependencia y coordinación con otros. Toda crisis nos invita a redescubrir la relación con el otro como un recurso inagotable de creatividad adaptativa. Sólo permaneciendo en la trama vital de la interdependencia, podemos construir factores protectores frente al sufrimiento.

Todos sufrimos. Sin embargo, este sufrimiento es individual, personal y permanece invisible ante los ojos de los otros, no mostramos nuestras heridas a los demás. Las tragedias masivas, los tiempos de guerra, calamidades, desastres naturales, crisis colectivas, son situaciones que nos obligan a dejar nuestras máscaras y entonces, compartimos nuestro dolor y sufrimiento para poder desarrollar estrategias de afrontamiento que nos permitan, no sólo enfrentar positivamente nuevas adversidades, sino, incluso, apoyar a otros que estén pasando por situaciones similares.

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Ahora, ¿hasta qué punto manejamos ciertas crisis, rupturas, fracasos, pérdidas, como paso hacia un nuevo mundo, a una forma de ser nueva, a esa creatividad necesaria para nuestra supervivencia? Si vivimos angustiados por nuestro pasado y por nuestro futuro, es indudable que la existencia será caótica, infernal. Nada en la vida es eterno, aunque así lo parezca cuando interpretamos nuestra realidad y todo cambio nos genera temor y resistencia. Saber adaptarse a los cambios es un símbolo de vida, dado que ésta siempre implica transformación.

Es vital que cada día cambiemos, mutemos hacia nuevos seres, para no quedarnos estáticos, rígidos. Lo más parecido a la rigidez es la muerte. Es necesario soltar ataduras que nos estancan para tener la entereza de buscar nuevos horizontes en nuestra vida. Es importante tener confianza, superar los miedos y dudas y hacerle frente a las dificultades con coraje inquebrantable.

Muchos de nosotros tal vez quisiéramos que no se presentara el caos, dificultades, retos o cambios abruptos y repentinos en nuestra vida, pero eso sería permanecer muertos ante una gama variada de posibilidades, oportunidades y aprendizajes. La adversidad es un llamado de atención para que reflexionemos y revisemos nuestro interior, con el fin de comprender que podemos crecer como seres humanos y ser transformados, si aprovechamos la oportunidad de cambio que nos dan las experiencias que significamos como negativas.

No muramos frente a las adversidades, al contrario, optemos por vivir independientemente de las dificultades que nos toque vivir y que nos rodean en un  momento dado.  Ellas son una excusa que nos presenta la vida para que veamos con otro prisma las circunstancias. Los obstáculos están puestos en medio de nuestra vida para que asumamos, de manera diferente, la forma como la afrontamos y de cómo visualizamos el presente y el futuro. El problema no son las adversidades que encontramos en el camino, es nuestra actitud ante las misma lo que hace la diferencia. El sentido que le demos nos permitirá renacer en medio de las dificultades y remontarnos sobre ellas.

Ahora bien, ¿cómo conservar la cordura dentro de la locura que implican las crisis, cambios, tragedias, rupturas, separaciones, muertes, pérdidas? En primer lugar, aprender a asumir los cambios y las crisis. Esto implica aceptar positivamente los desafíos. Una adversidad es un desafío disfrazado, nos invita a dar lo mejor, a explorar qué potencial tenemos y a descubrir en nosotros nuevas capacidades y a comprender la dinámica crisis-oportunidad. Toda crisis genera cambio pero es nuestra responsabilidad darle dirección como una oportunidad para mejorar.

Otro aspecto resiliente que debemos aprender es a desarrollar la capacidad de hacer de todo proceso, un proceso dinámico y evolutivo, es decir, un proceso que nos permita crecer y generar diferencias. Ser resilientes es que hagamos uso de la capacidad de volver a la “normalidad” después de un evento adverso y poder proyectarnos a pesar de sufrir acontecimientos desestabilizadores.

Toda “locura” de estas que estamos hablando nos enseña varias cosas: 1) Aprender, cambiar y fortalecernos. Todo evento o suceso difícil debe aportarnos un cambio, es decir, tenemos que descubrir qué lecciones esconde o de qué manera nos permite cambiar como persona y aprender afrontar cualquier situación. 2) Cambios en nuestra relación con los demás. No podemos continuar siendo los mismos, ni relacionarnos de la misma manera. 3) Transformarnos en lo espiritual y en nuestra filosofía de vida. Una vida basada más en el ser que en el tener.

Hay ocho elementos que aportaron los psicólogos Lazarus y Forman que debemos tener en cuenta para que podamos volvernos resistentes y afrontar las adversidades y crisis:

  1. Confrontar: hacer intentos de solucionar directamente la situación mediante acciones agresivas o potencialmente arriesgadas.
  2. Planificación y desarrollo de estrategias para solucionar los problemas que se tienen por delante.
  3. Tomar distancia: apartarse del problema para verlo desde una perspectiva diferente.
  4. Autocontrol: dominar los miedos y las respuestas emocionales para evitar cometer errores frente a las dificultades.
  5. Aceptar la responsabilidad: aprender a reconocer el papel que se ha tenido en el origen o permanencia del problema.
  6. Escape: emplear un pensamiento irreal para enfrentar el problema.
  7. Reevaluación positiva: percibir los posibles aspectos positivos que tenga la situación.
  8. Búsqueda de apoyo social: buscar la ayuda de otras personas, compartir con otros.

Cuatro actitudes que debemos desarrollar y que mejorarán nuestra resiliencia frente a las situaciones y eventos inesperados:

  1. Recordar, de manera selectiva, los aspectos positivos. En los momentos difíciles tenemos que ser capaces de recordar, que en anteriores oportunidades tuvimos situaciones críticas que pudimos superar.
  2. Trabajar en nosotros la aceptación de la incertidumbre e impredecibilidad de la vida. No podemos tener bajo control todos los aspectos de la vida.
  3. Comparar lo que nos ocurre con respecto a lo que les pasa a otras personas, pues existen personas que tal vez estén pasando por circunstancias más difíciles y tal vez las están enfrentando de una manera positiva.
  4. Reconocer que somos supervivientes, es decir, que somos personas que hemos salido reforzadas de las experiencias traumáticas o difíciles y tenemos más armas y recursos para enfrentar las nuevas situaciones difíciles que se nos puedan presentar.

La invitación que he querido hacer en este artículo es que reconozcamos que es inevitable la aparición de las crisis, retos, desafíos, dolor, sufrimiento, adversidades; lo que si es evitable es que se queden siendo parte de nuestra existencia. Mirar la vida desde una perspectiva amplia nos ayuda a sufrir menos, a que no caigamos en la “desesperanza aprendida”. Es tener una mirada desde las posibilidades y no de las carencias, es el resurgir de nuestras cenizas como el Ave Fénix.

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“El dolor es el gran maestro de los hombres”. Anatole France

SIBONEY PÉREZ V.

 

 

 

 

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Y LA LUZ BRILLA EN MEDIO DE LA OSCURIDAD (Et lux in tenebris lucet)

Debido a mi profesión como psicólogo he revisado en varias oportunidades el libro El Hombre En Busca de Sentido, donde Viktor Frankl con un relato conmovedor, íntimo, sin caer en lo sórdido o truculento, va narrando de primera mano, cómo lo vivido y experimentado en un campo de concentración puede predisponer o reforzar la percepción de la propia vida como desprovista de sentido particular y de objetivo.

La búsqueda y realización del significado de la vida se manifiestan y al mismo tiempo se convierten en una necesidad no sólo con relación al sufrimiento, la culpa y la muerte (tríada trágica) que se puede padecer, sino también lo relacionado con el valor que le atribuimos al amor, al trabajo, al placer y todo lo que tiene que ver con el propio estilo de vida que llevamos. adversidad 2

Como psicólogo cada día constato y corroboro con mis pacientes la importancia de ayudarlos a cambiar o aceptar condiciones existenciales particulares que tienen que enfrentar. Desde mis pacientes he aprendido que no reconocer el sentido de un sufrimiento en el cuadro más general y amplio de lo que es el sistema bio-psico-social-noético, es un grave obstáculo para aceptar o modificar las actitudes relacionadas con el sufrimiento y poder transitar hacia el bienestar.

Tengo casos de abusos de menores, pacientes con pérdidas muy graves, como lo es perder hijos en menos de 2 meses, con enfermedades terminales y otros tantos de la no aceptación o comprensión de sentido en dichas experiencias. Como también tengo pacientes que encuentran un sentido en la sintomatología o cuadro que presentan como motivo de consulta y perciben un significado constructivo en él, como por ejemplo como una oportunidad para revisar y modificar su propia jerarquía de valores y objetivos existenciales. En estos últimos casos, se puede comenzar a tener una mejor disposición y actitud para cambiar o aceptar cualquier cosa sobre ellos mismos o sobre las circunstancias que los rodean.

A través de la mirada y enfoque del autor de la Logoterapia, he podido aprehender que la búsqueda de sentido no sólo tiene que ver con grandes o profundos temas, como la vida, la muerte, la libertad, el destino, el dolor inevitable, sino que se puede también encontrar en lo diario, en las actividades cotidianas, en lo que resulta un patrón de rutina, sólo que se pierde de vista el bosque para nada más ver el árbol,  perdemos la totalidad de lo que resulta ser una aventura personal, una Odisea que nos transforme en seres humanos diferentes, que podemos experimentar unidad interior.

luz-en-la-oscuridad_8X6761Todos pasamos por momentos de transición profunda que nos llevan a preguntarnos ¿cuál es el sentido de mi vida? ¿qué sentido tiene el trabajo que realizo?, ¿por qué Dios me quitó a mi hijo?, entre muchas cuestiones existenciales. Muchas de esas transiciones son inesperadas y provocadas por acontecimientos imprevistos y otras quedan fuera de nuestro control que pueden hacernos caer en una crisis existencial, crisis que se convierte en el escenario y caldo de cultivo para que la depresión y la muerte hagan aparición.

Por lo tanto, a diario tengo que buscar que mis pacientes llenen sus vidas de sentido, que clarifiquen sus valores personales, que amplíen el campo de posibilidades de acción frente a lo que viven en un momento dado; que puedan tomar las mejores decisiones de una forma responsable y cuando amerite, se acepte el sufrimiento.

Cuando mis pacientes le otorgan un sentido a sus vidas, están descubriendo los anhelos de su alma y la razón de su existencia, sintiendo que están experimentando la profunda unicidad de su ser y que pueden llevar una vida auténtica. En otras palabras, una vida de plenitud frente al contraste del “vacío o frustración existencial” al que se refiere Viktor Frankl, ese dolor psicológico de quienes no encuentran un significado para sus vidas ni tampoco se lo han dado.

El efecto psicológico más visible y palpable de esa oscuridad existencial es buscar de alguna manera escapar de la vida, llamando a la muerte, en un potencial humano no realizado.

Cuando se descubre esa luz que brilla en la oscuridad, se encuentran en ella razones para vivir y para ser felices, sin importar los obstáculos, los problemas o sufrimientos que puedan llegar. Y ¿quién mejor que él como ejemplo de esta afirmación? que para sobrevivir a las atrocidades de los campos de concentración, tuvo que encontrar todos los días una razón para vivir.

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A Frankl le gustaba citar a Nietzsche “Quien encuentra un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”. Cuando Viktor Frankl salió de los campos de concentración Nazi, salió convencido de que la única razón por la que no se había suicidado era que la vida tenía un sentido y que su tarea consistía en descubrirlo.

A este respecto, la luz brilla en medio de la oscuridad (et lux in tenebris lucet), a pesar del sufrimiento terrible del que se pueda ser objeto, siempre es posible encontrar una razón para ser o para servir. Para vivir plenamente, y no sólo existir, hay que encontrarle un sentido a la vida.

Paradójicamente, las pérdidas y las heridas a menudo sirven de trampolín para descubrir una nueva orientación en la vida, ese sentido emerge de las pérdidas, reveses y decepciones. Lo terrible nos permite experimentar una libertad interior nueva y contemplar nuevos horizontes.

Es decir, tenemos la libertad de modificar nuestras actitudes frente a nuestras circunstancias para que las podamos vivir de una manera distinta y mejor. Preguntarnos ¿qué nuevas razones para vivir encontramos? Podemos salir enriquecidos y fortalecidos por una experiencia que pudo habernos destruido, transformar nuestras heridas en un camino hacia la sanación interior, encontrar recursos personales y ayudar a otros a sanar, convertirnos en “sanadores heridos”, donde podamos acompañarlos en el desarrollo de los movimientos que quiere realizar para que su vida, en los contextos y espacios que habita, se experimente libre y responsablemente, así como con un mayor sentido.

El pasado anuncia y pregona el futuro, mas no lo condiciona. Las líneas de nuestro pasado nos guían para dibujar nuestra historia personal y darnos, fortaleza y los méritos al trabajo esforzado de superación, coraje y valor. Es unir lo que ha sido separado, volver a los pasos de lo vivido para armar las piezas del rompecabezas de nuestra vida en un todo coherente, atar recuerdos dispersos, deseos no cumplidos, proyectos abandonados, sueños olvidados, para darle cabida a otras realidades y a un nuevo ser que da a luz en la oscuridad y alcanza su plenitud.

La luz que brilla en medio de la oscuridad (et lux in tenebris lucet) contiene las claves para los propósitos más profundos hacia los cuales el movimiento de nuestra vida nos lleva en oleadas sutiles a alcanzar las aspiraciones y anhelos del alma y tener un nuevo comienzo en la vida, vivir bajo la égida de la tríada positiva: la fraternidad, el coraje y la esperanza.

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“El espíritu es una fuerza invisible que se hace visible en todo lo que se vive”. Maya Angelou.

Siboney Pérez V. 

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CANTO DE MELANCOLÍA

Escucho en el aire un concierto de violines y veo mil mariposas posarse en las flores de los jardines, y siguiendo este hermoso vals, se refleja en el horizonte el resplandor del sol y sus rayos llegan hasta mi lejano y triste farol. Entre la espuma de las blancas nubes siento que la ilusión de los sentidos con el transcurrir del tiempo, se esfuma.

manoEntre mis manos tengo un manojo de ingratos recuerdos y es tanto mi sufrimiento, que de mi sonrisa cruelmente me despojo. Lanzo al firmamento mi suspiro eterno y quiero en una estrella dejar mi sombra y en silencio, convertirme en estela de un viajero que de el mundo está sediento.

Pasajero que tiene en el alma tristeza y camina sin rumbo fijo en una turbia corriente, busca la belleza y no la encuentra porque es muy profundo el pozo de su agonía.

En la estancia se opaca mi fantasía y mi pequeña ilusión queda dormida, y sé que es grande la distancia, porque mi felicidad está escondida.

Sueño con el cielo y que en la fuente celestial me convierto en virgen y al mirarme en el transparente velo, veo que mi muerte junto con los ángeles por mí, gimen y cuando vuelvo a la realidad, de mi pecho se ha escapado mi anhelo.

Busco en el refugio mortal mi sombra de tristeza y pienso que es una locura vivir en un futuro que no es total y que con dulzura me sabe mentir.

Caigo en un inmenso abismo detrás de la pared de un atardecer y por mi insensato egoísmo, se apaga mi ser y no lo puedo mirar con indiferencia porque mi corazón habla, y en el olvido de un otoño, mi existencia se acaba. Todo lo he perdido, hasta mi libertad en una gran cascada, ningún retoño he dejado y mi ternura queda frustrada.

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Yo solía decir “es hermoso el mundo” y el eco lo susurraba en la lejanía, en la montaña se podía contemplar que lloraba mi estadía. En el sentimiento efímero, mi corazón queda muerto porque la luna no lo puede iluminar.

Es largo el camino de la muerte, y entre sus tinieblas quedo perdida, pero prefiero seguir entre sus arenas, que tener que vivir un amargo sueño que deja huellas de herida. Ahora viene el olvido de una oscura ilusión y junto al sueño prometido, se muere mi canción.

En esta soledad despiadada, queda la duda de lo vivido y por cadenas quedo atada, a la dura verdad de lo querido.

Lentamente me voy de manera imaginaria a la eternidad, y recito con nostalgia en la profunda lejanía, los tristes fragmentos de un canto lleno de melancolía.

Es un canto lleno de melancolía porque la laguna de mis ojos se extingue y se evapora, dejando secas todas mis horas de poca alegría y que me deja a merced de un viento que poco a poco me devora.

Estoy triste, y de mis entrañas surge la música de un arpa y mi mente se sumerge en su delicada maraña, y cual barco que zarpa de puerto dejando olas en el mar, mi pensamiento fugazmente como una gaviota se echa a volar.

Lloro y río, y de mi llanto bebo la copa vacía de una melodía y de mi sonrisa escribo una poesía que se convierte en un canto lleno de melancolía.

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SIBONEY PÉREZ V. 

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DESCUBRIENDO LA MISIÓN PERSONAL Y EL SENTIDO DE NUESTRA EXISTENCIA III

Continuando la serie de este tema sobre descubrir nuestra misión personal y el sentido de la existencia, tengo que decir que son realidades futuras que se diseñan en el presente. Sin embargo, para que sea posible esa visión, ese camino, es indispensable que tengamos desapegos, que dejemos ir al pasado, cerremos ciclos y digamos adiós. Todo principio implica un final.

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Terminar, soltar, dejar ir, es necesario sino queremos permanecer estancados, aferrados o prisioneros de realidades estériles. Los nuevos inicios y comienzos exigen que nos separemos del pasado, para que nuestros planes o proyectos no queden paralizados. Es enterrar lo que ya pasó, renunciar a lo viejo para que pueda nacer el deseo de mejorar, crecer, profundizar en las respuestas a la pregunta de ¿quiénes somos? Y prepararnos para realizar nuestro proyecto de vida.

Para que podamos superar pérdidas, dolores y sufrimientos, es necesario que tomemos conciencia de su presencia, darles entidad y atravesarlos, aunque quemen. La vida es una sucesión de renuncias y de pérdidas desde el momento que abrimos los ojos a este mundo.

Cada etapa de nuestra vida, de nuestro crecimiento como seres humanos, implica una separación, es ley natural, de vida. Para que haya vida, tiene que haber muerte. El árbol se desprende de sus hojas muertas para que nazcan otras; en nuestro ritmo de vida, la respiración, hay retención y expulsión. Liberamos aire para que pueda entrar nuevo aire.

Por lo tanto, para poder darle cabida a tu misión, hay que desprenderse y hasta deslastrarse del pasado. Cualquier transición de nuestra vida requiere renuncias, unas más grandes, dolorosas o difíciles que otras, pero renuncias al fin y al cabo.

Quiero recurrir para explicar muy bien este punto, al proceso de transformación y de renovación tanto de la mariposa, que para volar debe pasar, previamente, por el doloroso proceso de ser oruga, y del águila, que a cierta edad, tiene que tomar una seria y difícil decisión. A los 40 años sus uñas curvas y flexibles son tan largas que no consiguen agarrar a las presas de las cuales se alimenta, su pico alargado y puntiagudo comienza a curvarse apuntando contra el pecho peligrosamente y sus alas, envejecidas y pesadas por las gruesas plumas, hacen que volar sea una tarea muy difícil y complicada.

Cuando el momento llega, el águila vuela hacia lo alto de una montaña y se refugia en un nido próximo a una pared, donde no necesite volar. Entonces, comienza a golpear su pico contra la pared hasta conseguir arrancarlo; una vez arrancado, tiene que esperar a que nazca uno nuevo con el cual, después, tendrá que arrancar sus viejas uñas.

Cuando las nuevas uñas comienzan a nacer, será el momento para desprenderse de sus viejas plumas arrancándoselas con su nuevo pico. Después de cinco meses muy duros y dolorosos, donde vuelve a tener un pico fuerte y joven, plumas brillantes y sedosas y uñas útiles, el águila sale victoriosa ejecutando su vuelo de renovación y a partir de entonces dispondrá de 30 años más de vida, los años más gloriosos.

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Nosotros somos como esa águila. A lo largo de nuestra vida nos suceden situaciones similares, o tomamos decisiones importantes en y para nuestra vida o morimos en el intento y por tanto nos quedamos paralizados, a la deriva, dejándonos llevar por las circunstancias de la vida.

Debemos desprendernos de miedos, costumbres, tradiciones y recuerdos que nos causan dolor. Solamente libres de la carga del pasado podremos aprovechar el valioso resultado que una renovación siempre trae consigo. Nosotros podemos desplegar nuestras alas y liberarnos de todo aquello que no nos sirve para que podamos avanzar y evolucionar. Es nuestra decisión si queremos renovarnos o morir.

Es verdad que tenemos miedo a lo desconocido, a arriesgar nuestra zona de comodidad. Pero te pregunto ¿vale la pena silenciar, reprimir, destruir tus sueños más anhelados por conservar tu seguridad?, ¿atormentar tu alma y tu corazón por mantener excusas o creencias de una vida cómoda y feliz?, ¿estarías dispuesto a renunciar a todo por un sueño en donde no hay la certeza de que se haga realidad? O ¿la sola idea, solo la idea, de renunciar y dejar lo conocido, te paraliza?

Cuando la vida pierde su sentido, se manifiesta en síntomas de melancolía, cambios de ánimo, aburrimiento, depresión, pesimismo. Hay una sensación generalizada de fastidio con la existencia, con la vida. Se sienten afligidas, descontentas, vacías.

Víktor Frankl habla de frustración o neurosis existencial. Hay la ausencia de una razón para vivir, no hay pasión, solo depresión y sentimientos de desesperanza, todo el mundo es de color negro, sombrío, sin emoción. Languideciendo poco a poco su llama de vida.

Hay momentos en que parece que ya hemos dado todo lo que teníamos. Pareciera como si hubiéramos agotado nuestras fuerzas, energías, ilusiones, sueños y que ya no tenemos nada más que aportar. Nuestra vida suele verse gris y envejecida. Nos encontramos entonces en una encrucijada, en un dilema existencial. O nos transformamos como las águilas o estaremos condenados a morir.

Vivir sin sentido, con amargura, pensando en que estamos desperdiciando nuestra existencia, es un poco como ir muriendo internamente. Los seres humanos estamos diseñados para renovarnos constantemente, capitalizando y reinvirtiendo las experiencias de la vida, buenas o malas.

La transformación simbolizada en este proceso que lleva el águila, representa un estado de gracia que se alcanza mediante el trabajo, la comprensión y el cumplimiento de las pruebas de iniciación que resultan de recuperar nuestro poder personal. Este proceso exige, que hagamos un alto en el camino, que nos resguardemos por algún tiempo. Volar hacia lo alto y comenzar un proceso de renovación.

Cuando comprendemos que es tiempo de cambiar y mejorar para poder experimentar la vida en su máxima plenitud, tenemos que entender que es un proceso largo, complicado y doloroso por el que tenemos que pasar, podemos tal vez tener ganas de rendirnos, pero no es momento de darnos por vencidos.

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Para iniciar una transformación de vida que nos de ese sentido de misión y de existencia, debemos desearla y buscar aquello que nos motiva a ser mejores para generar un cambio real en nosotros, cambio que debe ser interno, para lo cual es necesario identificar aquellos obstáculos que no nos permiten avanzar y luego de identificar aquello que queremos cambiar, debemos actuar para resolverlo.

Como el águila, es necesario soltar, arrancar todo lo que no nos permite volar; soltar a lo que nos aferramos y sentimos apegos, malos sentimientos, malas historias. Vaciar nuestro ser de lo que nos hace daño para entonces poder llenarlo con lo positivo que merecemos, y así, vivir de manera plena y no sólo “sobrevivir”, como lo hacíamos antes.

Si crees o sientes que es hora de imprimirle un nuevo diseño o modelado a tu vida, si sientes que tu existencia está en un letargo, si no tienes ilusión por el nuevo día, si quieres cambiar el rumbo de tu existencia para darle más luz, brillo y color, contéstate estas preguntas:

  • ¿Qué es lo que en verdad quiero renovar en mi vida para que adquiera sentido y encuentre mi misión?
  • ¿Para qué la quiero renovar?
  • ¿Qué precio estoy dispuesto a pagar?
  • ¿A qué comodidades renuncio?
  • ¿De qué me tengo que despojar?
  • ¿Qué necesito para lograrlo?
  • ¿En qué cambiará mi vida si logro la renovación, misión y significado que busco y quiero?

Termino con los fragmentos de un poema de Zaida C. de Ramón.

Si alguna vez intentara
elevarse y no pudiera,
es tiempo de renovar
todas sus plumas ya viejas.

A la Roca se dirige,
contra ella se quebranta,
voluntariamente sufre
pero sale renovada.

Si el mal tiempo se avecina
y le alcanza la tormenta,
No teme, no sale huyendo;
nunca jamás se amedrenta.

Esta es la oportunidad,
el momento que esperaba;
con voluntad y valor
se dispone a traspasarla.

No tarda en subir muy alto;
alcanzó lo que anhelaba:
que el huracán con su fuerza
a la cima le elevara.

“Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Pablo Neruda

SIBONEY PÉREZ V.

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CUANDO LOS ÍDOLOS CAEN

Apareciste en mi vida sin permiso, sin tocar mi puerta y yo, sin querer defenderme, te dejé entrar. Con tu llegada iluminaste la obscuridad de la vida que traía y pude enterrar los vestigios de un corazón, que sin querer moría.

Te regalé lo que era y lo que dejaba de ser, todo lo que anhelaba y lo que no quería tener. Días de euforia, alegrías y éxtasis a tu lado pasé; tristeza y llanto también te entregué.

No imaginas como mi alma se regocijó cuando pude ver en tus ojos el arco iris del amor que bañó de colores un espíritu brotado de dolor, que tan sólo pedía calma para apaciguar sus temores, odios y rencores.

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Me abriste tu mano para que extendiera la mía, caminaste conmigo y sentí tu compañía.

Dejé atrás la amargura y la mentira; quise ser otra para complacer tus caprichos, te llenaras de orgullo y me devolvieras cariño.

Recibí tu ternura y el calor de tu pecho, escuché tus consejos y las palabras de consuelo; quise devolvértelo todo porque sabía que cualquier cosa que te diera, sería muy poco.

Tenerte cerca me daba el más grande placer, no hacía falta que dijeras nada, porque yo igual me conformaba; sólo sentía que te quería y que me inundaba la agonía si te dejaba de tener.

Tus deseos grandes o pequeños, te los intenté conceder, hacerlos realidad. Quise darte algo de mi felicidad, llevarte a la gloria y que me dieras tu amistad.

Aciertos y errores contigo aprendí; callé mi furia y olvidé mi soledad. Oculté mi rostro bajo otro matiz, para esconder la falsedad que había dentro de mí.

Esperé que te entregaras como yo soñaba, confundí lo prohibido con lo sentido y los celos envenenaron mi piel, por guardar miedos que nunca te dejé ver.

De sombras se cubrió mi futuro al llevar a cuestas las culpas que mi razón calló, para no darte inquietudes con una historia que nunca se escribió.

Durante mucho tiempo fui hilvanando con dulzura aquel lazo de delicias y encantos que me unía a ti. Fui prisionera de mi incertidumbre y desafié senderos para caer en una hoguera sin fin.

Quise hacer de cada episodio de tu vida una sinfonía que resonara de manera invisible en las miradas de quien tanto te amaba. Me hice invencible ante tus penas y con paciencia me entregué, a la frágil cadena que no me dejaba alejarme de ti.

Más hoy, me invaden fuerzas y amenazas que no puedo descifrar porque al ponerte al descubierto, logré ver tu imagen despojada de su ideal y aunque quiero implorar, ahora sé quien eres en realidad. Amargo castigo el que tengo que padecer, por haber sido cobarde ante una ilusión que expira y que nunca llegué a conocer.

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Condena que me enfurece por haber albergado fantasías y sueños inútiles, sacrificio vano para un héroe que nunca alcanzó el triunfo. Preludio de una tragedia que va coronando su plenitud y el despertar de un resentimiento, que demanda explicación ante la flaqueza y debilidad de un silencio, que no se convirtió en murmullo o en una respuesta.

Extraña y ajena me resulta la aventura que contigo quise emprender, trampas de un espejismo que en arenas movedizas después se convirtió. Ruinas de un engaño que por mucho tiempo me cegó; más ahora, al quitarme la venda, me ofrecen un ímpetu para elegir aquella encrucijada que me llevará lejos de aquí.

Devastadora es mi rabia ante la frustración que me deja este gran dolor, atormentando mi juicio con un martirio que se envanece frente al perdón. Reflejo de un destino que en algún momento me defraudó, al traicionar con vehemencia, las pasiones que mi mente secretamente escondió.

Confusión y desolación son los restos de una fiesta que jamás se celebró, porque tinieblas y dudas ensombrecieron el brillo de un principio que se derrumbó como el ocaso de una promesa pasajera.

Tantas cosas son las que hoy tengo que abandonar si quiero encontrar las huellas que me conduzcan al reencuentro de lo que un día yo fui. Vuelvo presa de un fracaso que me dejó sin aliento y vigor, pero retorno segura de poder cruzar de nuevo el camino con las cargas aprendidas, dejando a mis pasos, los atajos de instantes breves y fugaces, que no dejan herencia, que no dejan historias ni experiencias.

Rumbo nuevo que se me presenta en el horizonte al colocar ante mí, el espejo de la vida donde se transparentan sin sus máscaras, los rostros de los dioses falsos y donde descubres, que cuando tus ídolos caen, sus pedestales no puedes volver a levantar y lo que amabas de ellos, nunca más ha de volver a resucitar.

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“Tu ídolo se ha deshecho en el polvo para mostrarte que el polvo de Dios es más grande que tu ídolo”. Rabindranath Tagore.

 

SIBONEY PÉREZ V.

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DESCUBRIENDO LA MISIÓN PERSONAL Y EL SENTIDO DE NUESTRA EXISTENCIA II

Hace dos meses comencé con esta serie acerca de descubrir la misión personal y el sentido de nuestra existencia. Hoy quiero continuar dándote varios elementos y claves que puedan orientarte para que tú consigas la tuya y puedas de esta manera, sentirte realizado.

En mi trabajo como psicólogo y como coach, me he encontrado personas que la han descubierto y muchos otros, que la siguen buscando. Tal vez te preguntes ¿qué hace que algunos logren descubrirla y otros, pueden pasar toda la vida sin encontrarla? Es una incógnita lo que hace que esto sea así. Sin embargo, quiero hablarte de los obstáculos y desafíos que se nos pueden presentar durante este proceso de descubrir cuál es nuestra misión personal.

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Hay muchas personas que no son o están conscientes que vinieron a esta vida a cumplir una misión y por lo tanto, sus días se desarrollan sin pasión, arrastrada por el peso y el paso de la rutina diaria. Se sienten satisfechos, en apariencia, con su monotonía y opacidad en ella. Sin embargo, su misión, aunque no la reconozcan, los persigue en forma de sueños, fantasías de manera insistente. Pueden incluso experimentar una cierta desazón que, algunas veces, los lleva a ataques de ansiedad y depresión. Pero ella está allí, presente de manera inconsciente y actuando desde la sombra, de hecho, se convierte en la sombra o en parte de ella.

Hay otro grupo de personas que tienen problemas para descubrirla y perseguirla, otros, se sienten cómodos y satisfechos sólo con el compromiso, cumpliéndola de manera tangencial o indirectamente a través de otros, como el cónyuge, los hijos o en tareas que los acerquen a ella. Y existen otros que habiéndola encontrado, la abandonan para posteriormente sentirse insatisfechos consigo mismos. También están aquellos que se han negado a obedecer su llamado.

Lo cierto es que así como no podemos escapar del paso del tiempo, tampoco podemos escapar a nuestra misión. O la realizamos de manera voluntaria y aquiescente o bien, nos veremos atraídos por ella de una manera irremediable y a la fuerza. Por supuesto que aquí está implicado el libre albedrío y libertad personal para decidir qué hacer o no hacer, podemos rebelarnos y rechazar cumplirla, pero el precio que se pagará será muy alto.

images¿De qué forma nos resistimos a cumplir con nuestra misión y sentido de existencia?

Hay varias formas u obstáculos que se interponen en su búsqueda y alcance que debemos tener en cuenta:

  • La realidad que nos toca vivir en un momento dado. Muchas veces los problemas reales, que pueden ser temporales o permanentes, frustran nuestra búsqueda o la retrasan, entre ellos están, las enfermedades, necesidades económicas, responsabilidades, el aislamiento, falta de preparación y de competencias y otras más. Estas limitaciones son verdaderas y existen, no obstante, también pueden servir de estímulo y acicate para las personas que a pesar de ellas, deciden llevarla a cabo sin importar lo que cueste.

  • Nuestras creencias. Ellas son la certeza absoluta que tenemos acerca de lo que significa algo para nosotros y que asumimos como una convicción y verdad irrefutables, cuando en realidad no lo son. Hay creencias que nos empoderan y creencias que nos limitan a la hora de encontrar nuestro sentido de existencia .

Tenemos que buscar y descubrir nuestra misión, ahondando en ellas y yendo más allá de un mero razonamiento y análisis intelectual. Encontrar el sentido de la propia vida está representado por encontrar esa misión personal, y cada quien debe descubrir la suya propia. Tenemos que descubrir que nos enciende, apasiona, estimula, nos entusiasma, nos hace sentir creativos e inmensamente satisfechos cuando le entregamos y damos al mundo una contribución única. Somos libres de escoger nuestro destino de acuerdo con nuestro ser auténtico y debemos ser responsables de asumir las consecuencias de esa escogencia.

Ciertamente que esta búsqueda puede generar ansiedad, temor, incertidumbre, pues nos enfrentamos a lo desconocido y no podemos predecir a dónde nos llevará una determinada elección; podemos cometer errores, sentir que fracasamos y todo esto nos lleva a exigirnos mucho de nosotros. Podemos creer que si podremos o por el contrario, darnos por vencidos ante las primeras piedras del camino.

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Sin embargo, cuando estamos verdaderamente comprometidos y enganchados con esa misión de vida, sentimos que estos temores se disipan poco a poco y le van dando lugar a la satisfacción y al sentimiento de plenitud y armonía interior. Hay una verdadera transformación de esos miedos y temores en un entusiasmo apasionado y renovado.

Aquí es importante tener en cuenta que si los temores, la ansiedad y el sufrimiento persisten, deben ser tomados como una señal que no estamos en el camino adecuado para nosotros y hay que tomar una nueva dirección. El descubrimiento y la realización de tu misión sólo pueden traer como resultado alegría, felicidad, creatividad y un deseo profundo de vivir más plenamente, es seguir el impulso de tu corazón.  

 

  • La resistencia psicológica. Aquí entran en juego factores inconscientes en nosotros mismos que manifiestan su desaprobación frente al proyecto consciente. Es importante comprender el mensaje que nuestra resistencia nos transmite a nosotros mismos, de alguna manera nos dice que el objetivo que tenemos en la mira no contempla todas las necesidades, es decir, no es del todo ecológica para con nosotros mismos o para con los demás.

 

La resistencia nos revela que debemos hacer cambios grandes, y tal vez, drásticos en nuestras vidas. La walking-alone1resistencia también nos indica que podemos estar aproximándonos a algo importante para nosotros. Debemos aceptarla, acogerla, dejar que surja, darle identidad y convertirla en una aliada para que nos ayude a discernir y a cumplir con nuestra verdadera misión de vida y sentido de existencia.

En la próxima entrega te hablaré sobre las transiciones por las que debemos pasar para poder encontrar nuestra misión.

“Las pasiones son los viajes del corazón”. Paul Morand

SIBONEY PÉREZ V.

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MIENTRAS TÚ DORMIAS

Esta tarde mi niña, te quedaste dormida sobre mi regazo cuando con una canción de cuna yo te arrullaba y, abrigándote con el calor de mi más tierno abrazo, vi que en tu rostro una débil sonrisa se dibujaba.

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Y así mientras dormías ¡tan serena!, ¡tan relajada!, te miré como nunca lo había hecho. Miré todo tu cuerpo que tan frágil y pequeño, se había entregado a la dulzura de un bello sueño; acaricié todos tus cabellos, que fueron la más fina seda que hayan tocado mis dedos; guardé tus suaves y delicadas manos dentro de las mías y sentí que tenía el mejor regalo, que nadie más podría ofrecerme.

¡Qué piel tan blanca la que mis ojos contemplaban! Que dejarían ciego al que con impureza te mirara y yo, que la tenía toda para mí apenas la rozaba, por temor a que sin querer mis manos te lastimaran.

Sí mi niña, mientras dormías yo te miraba, y tu cuerpecito sobre el mío se estiraba, ignorando que había unos ojos que sin permiso, tu dulce dormir vigilaban. Yo te abrazaba tan fuerte como podía porque confiaba, que mientras así te tuviera, nada malo te pasaría.

No me cansaba de mirarte, y mientras lo hacía, pensaba si me alcanzaría la vida para ayudarte a crecer y poder ver el día, en que ya tú no serías mi niña, sino toda una mujer. ¡Qué rápido pasará tu corta infancia!, dejando atrás la ternura que hoy trasluce tu inocencia.

Para cuando ese día llegue, ya no te podré cargar, porque tu cuerpo, será tan grande como el mío y tu cuarto, ya no estará decorado con los tantos juguetes preferidos, porque le habrán dado paso a los regalos, que te hará el ser, por ti querido.

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Ya no hablarás sola con tus pequeñas muñecas, ni preguntarás ansiosa cuántas velas te tocan de cumpleaños; tampoco vendrás a mí para que te lea el cuento de la cenicienta, porque el príncipe azul que esperabas, entonces habrá llegado.

No tejeré las largas trenzas que todas las mañanas adornaban tu cabeza; ya no llorarás con los payasos que te asustaban en tus fiestas, ni me llamarás gritando, cuando en la noche, una pesadilla te despierta.

Niña mía, ya no te veré sentada en los escalones de la escuela, ni me enseñarás tus tareas con las letras a medio trazar; pero si veré con que cuidado guardas en un libro una rosa vieja y te sonrojarás, cuando te diga, que eso significa amar.

¡Qué rápido se irán los días niña mía!, ¿dónde se quedarán grabados estos gratos recuerdos?, en tu ropita guardada?, ¿en los dibujos que me pintabas?, o ¿en el álbum de fotografías?

Mi niña, mi niña querida, no tengo tesoros que darte para igualar lo que en estos momentos tú me das, sólo tengo el gran amor que nace del mirarte y el gozo de saber que, sobre mi cuerpo, dormida te quedaste.

Sí mi niña, crecerás y yo tendré que entregarte al mundo, y lo haré, aunque con un inmenso dolor que se anidará dentro de mí en lo más profundo. Te irás de mi lado porque el destino así lo reclama, ya no buscarás el calor de mis viejos brazos, sino, el que te brinda, a quien tu corazón le hayas entregado.

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Te veré partir en busca de tu felicidad porque sé que a mi lado no la encontrarás, sólo te pediré que no llores cuando te marches, porque un dolor tuyo es lo que más me haría sufrir.

Tristes pensamientos los que me acompañan mientras duermes; no quisiera que despertaras para tenerte más tiempo cerca de mí, para que tu cabecita siga descansando sobre mi pecho y que tu lento respirar me haga volver a vivir.

¿Cuántas canciones de cuna te he cantado?, ¿cuántas veces por un llanto tuyo me he desvelado? Y, ¿cuántas veces en mis oraciones por ti he rezado?, no me importa el número, ya lo he olvidado; sólo sé que te tengo ahora como a nadie he tenido y que, hasta el día de mi muerte, serás mi don más bendito.

Decirte estas cosas cuando estás despierta no podría, porque tu niñez angelical no lo entendería; sigue durmiendo niña mía, que tu sueño es remanso de paz y de sosiego para un alma que llora mientras tu dormir, con ojos de amor contemplo.

¡Qué hermosa es esta tarde! Donde el sol arropa con su luz los mares, los jardines y las calles. ¿Hermosa?, sí, pero más hermosa es tu cara rosada que refleja más de mil paisajes y hermosa tu sonrisa, que envidian en el cielo hasta los más bellos ángeles.

Duerme mi niña, duerme, que mis brazos aún no están cansados y mis ojos no terminan de descifrar los secretos, que en los tuyos, hay guardados y mi alma, todavía se regocija e ilumina porque tu no has despertado.

Quisiera que el tiempo transcurriera lento, que cada minuto fuera eterno para tenerte por siempre así, como ahora te tengo, y poder seguir imaginando que eres mi sol, la luz de mis días y de mis horas y el motivo de todas mis alegrías.

¿Cómo hacer para aprisionar al tiempo en este momento sublime?, un efímero momento en que dos cuerpos se juntan, entregándose lo más sincero y limpio de sus sentimientos. Pero el tiempo mi niña es inexorable, y en cualquier instante tu despertarás, y tu sueño, que hoy ha sido mi más grande objeto de admiración, será un recuerdo agradable, que con nada de lo que de ahora en adelante yo viva, tendrá comparación.

Todavía no llega ese instante y te pido que me concedas unos segundos más mi pequeña niña, para seguir acariciando tus cabellos y besar tu cuerpo.

Hace horas que dejé de cantarte para que mi voz no rompiera este silencio y no perturbar tu cándido sueño; pero no he dejado de mirarte, de mirar a mi bella niña que en mis brazos se ha quedado dormida, y cuyo corazón, junto con el mío al unísono latía.

Ya vas a despertar, has empezado a moverte, tus labios rojos buscan desesperados mi pecho caliente y tus ojos, se abren frente a los míos, que lloran de emoción porque a la vida tú regresarás.

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Pero mi niña, antes que despiertes por completo, antes que tu cara se separe de la mía, antes que tus brazos dejen de abrigar mi cuerpo y antes que tu calor ya no se confunda con el mío, déjame dar gracias a Dios porque me permitió mirarte, mientras tú, en mi regazo dormías.

“Un hijo es una pregunta que le hacemos al destino”. José María Pemán

SIBONEY PÉREZ V.

 

 

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DESCUBRIENDO LA MISIÓN PERSONAL Y EL SENTIDO DE NUESTRA EXISTENCIA. I PARTE.

Con mucha frecuencia llegan a mi consultorio personas que se cuestionan el sentido de su existencia y me preguntan ¿para qué vivo?, ¿qué sentido tiene que yo viva? O me dicen, “no sé qué hacer con mi vida”, “no tengo nada que inspire mis días” o “no tengo una razón para levantarme y repito el mismo día, todos los días”.

images 2Estas preguntas o expresiones están reflejando un gran y profundo vacío existencial, que solo repite, como si se estuviera dentro de una rueda de hámster, el ciclo levantarse, comer, trabajar, dormir o nacer, crecer, reproducirse y morir. 

Además del vacío o frustración existencial, esto degenera en ansiedad, soledad, miedo, desorientación, depresión y otras dolencias, que a la postre, inhabilitan a la persona de muchas maneras. Es el dolor psicológico de aquellos que no han encontrado significados para sus vidas ni tampoco se lo han dado.

Muchas personas llegan desesperadas y con fuertes dudas sobre el sentido de sus vidas. Esto quiere decir que la persona percibe de manera dramática, y a veces catastrófica, la importancia de un sentido que justifique su existencia y ve muy negro el horizonte, cuando no está en posibilidad de percibir, la misión que se le ha confiado y a la cual desea dar una respuesta satisfactoria.

Viktor Frankl decía que “La persona tiene una fuerza primaria para buscarle sentido a su vida. Cuando no lo encuentra cae en la crisis existencial. El hombre necesita una razón, un motivo, más allá de lo estrictamente material para ser feliz”.

Para él, esta búsqueda de sentido y significado ayuda a la salud mental. En línea con Frankl, el filósofo Nietzsche expresaba “Quien tiene un por qué para vivir puede soportar cualquier cómo”. En otras palabras, quien encuentra su misión, encuentra en ella razones para vivir y para ser felices, sin importar los obstáculos que deba superar.

Como creaciones y seres inteligentes que somos, debemos darle un sentido a nuestras acciones, vivencias y experiencias que diariamente experimentamos, al hacerlo, estamos comenzando a darle un sentido a nuestra vida o estamos descubriendo nuestra misión personal.

images33Para descubrir la misión personal hay que enfocarse en encontrar las respuestas a preguntas tales como, ¿quién soy? ¿qué quiero de mí? ¿qué quiero para mi presente y mi futuro? ¿qué me hace feliz? ¿qué cosas son importantes en mi vida? Y otras tantas del mismo tenor.

Por supuesto, esta búsqueda o aventura, supone que se haga por tramos, fases o etapas, porque todas las respuestas que se consigan, están profundamente conectadas a un conocimiento de uno mismo, y eso requiere a su vez, que profundicemos en nuestro interior, en nuestra identidad. Requiere valentía, dudas, cuestionamientos, enfrentamientos y luchas con nosotros mismos.

Descubrir nuestra misión personal y el sentido de nuestra existencia, requiere que nos convirtamos en verdaderos guerreros que emprenden una aventura en donde habrá muchos desafíos y pruebas duras, que demandan estoicismo y muchos recursos internos para superarlas, pero sabiendo que al final nos espera la victoria, la gloria y una verdadera transformación interna.

El logro de esa transformación se da solo cuando hemos podido comprender lo que la vida nos está pidiendo y nosotros estamos dispuestos a entregar.

Nuestra misión personal da respuestas a esas necesidades de realización y expansión, según nuestra identidad, que todos tenemos de sentirnos útiles o sirviendo a algo o alguien. Por eso la misión es única para cada quien; no hay dos misiones iguales porque cada una responde a características propias de la persona, se origina en lo más profundo del corazón y del alma humana.

Es por ello, que puede adquirir múltiples formas y maneras de expresarse y llevarla a cabo. Puede ser, que solo cambiemos aspectos relacionados con un área en particular, por ejemplo, hacer lo que sabemos hacer en contextos diferente, desarrollar nuestras aptitudes,  estudiar otras cosas, cambiar de trabajo, emprender un negocio propio.

En otras ocasiones, puede resultar en que modifiquemos o desarrollemos nuevas actitudes o cambiar de carrera, estudios, trabajo, residencia, y en otras, consiste en elegir un nuevo estilo de vida.

Todo camino es válido porque es nuestra aventura, nuestro viaje, nuestra Odisea personal. Habrá aciertos y errores, derrotas y victorias, pero todo será transformador no solo en la esfera personal, sino en la espiritual, en la trascendental.

   ¿Cómo saber que la hemos encontrado?

 Si sientes que tienes unos talentos y una pasión por algo específico y particular, ahí hay una clave que apunta a tu misión como un destino que se debe seguir. En ocasiones, aparecen momentos fugaces, como intuiciones, donde puedes vislumbrar tu futuro y sentir casi que una experiencia mística que te empuja por ese camino.

Cuando hacemos inventario y balance de nuestra existencia, con sus logros, fracasos, lo que hemos hecho, dejado de hacer, nuestras huellas, tristezas, alegrías, sueños cumplidos y esperanzas rotas, nos llevan a una revisión exhaustiva de nuestra vida y tal vez nos sintamos impulsados a realizar cambios en ella. Sin embargo, no es lo externo lo que debe cambiarse o modificarse, sino lo interno con la búsqueda de respuestas a estas interrogantes: ¿quién soy? ¿cuáles son los sueños de mi vida? ¿cómo deseo que sea mi vida?

Hay que profundizar en el interior, explorar ese mundo de sombras y el universo de posibilidades y opciones que a diario se nos presentan. No hay un límite, edad o etapa para descubrir la misión.

Cuando la descubrimos y llevamos a cabo, le estamos encontrando sentido a la vida, porque se descubren los anhelos de nuestro corazón y la razón de la existencia, somos nosotros mismos experimentando la profunda unidad de nuestro ser, somos auténticos y una influencia nutritiva y positiva para los que nos rodean. Experimentamos un sentimiento de plenitud y gozo. 

Esos sentimientos son posibles porque cuando descubrimos nuestra misión, le damos norte y foco a todos los aspectos de nuestra vida, es un haz de luz que se convierte en sabiduría interior para guiarnos y a concentrarnos en nuestro proyecto de vida y de cómo podemos aprovechar nuestras energías y recursos para cumplirlo.

images22Una persona que vive según su misión, está enfocada y concentrada, pudiendo distinguir lo esencial de lo que no lo es, administra sus recursos y esfuerzos, se responsabiliza por sus aciertos y errores y sigue sus aspiraciones más profundas. Son personas que perseveran y se comprometen en la realización de su proyecto, porque sienten que las hace plenas, confiadas y encuentran la motivación para llevarlo hasta el final. 

Cuando asumimos y estamos dispuestos a cumplir con la misión que le da significado a la vida, estamos conspirando para atraer la gracia, dones y recursos del universo. Todo se confabula para apoyarnos, todo coopera, todo viene a nuestros encuentro. Nos conectamos con los campos de energía y vibramos al unísono. El universo se convierte en nuestro aliado y co-creador de nuestra obra, y nosotros, enriquecemos al mundo con una contribución única, personal, especial e irremplazable.

Pasamos a formar parte de una “inteligencia universal” y de una “sabiduría espiritual”.

En el próximo artículo abordaré aspectos más específicos que te ayuden a encontrar tu misión y el sentido de tu existencia.

“A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo”. La Fontaine

 

SIBONEY PÉREZ V.

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